Mi primera orgía

Lo mejor y lo más bonito de esta vida no puede verse ni tocarse,
debe sentirse con el corazón. Helen Keller

Nunca te he contado cómo llegué al yoga. Hace años salí con Bárbara, una chica mitad malaya mitad alemana que tiene la sonrisa más bonita de España y la energía y bondad de media Europa.

Bárbara, además de ser una de esas ejecutivas que trabaja en edificios altos, también siempre saca tiempo para cumplir todos sus sueños. Uno de sus sueños fue hacer el curso de profesores de yoga, el cuál por fin consiguió un poco antes de conocerme a mí.

Nuestra relación fue bastante desastre y casi desde el principio parecía que se iba a acabar, pero como todas las parejas que no funcionan, entre discusiones y discusiones sacábamos tiempo para amarnos y aprender el uno del otro, que era lo que verdaderamente ansiábamos pero no sabíamos cómo pues nadie nos lo había enseñado.

Por eso me gusta pensar que Bárbara intentó por todos los medios, antes de dejarlo, plantar la semilla del yoga en mí. Gracias Bárbara.

Era una semilla un poco difícil de plantar porque yo aún no era terreno completamente abonado. ¿Yoga? ¿Y eso para qué sirve? —supongo diría yo—. Por eso Bárbara se tuvo que emplear a fondo. Muchas mañanas ella se despertaba muy temprano y se ponía a hacer saludos al sol sobre su esterilla, y así, día tras día viéndola hacer lo mismo y ella animándome a probarlo, acepté con bastante poca curiosidad y ella me dio una clase en su salón.

Otro día me llevó a un parque a hacer acro yoga, otro a una clase de kundalini, otro me guió en algunas posturas más complejas, otro fue uno especial enfocado en la respiración, ¿pranayama? qué nombre más raro.

Y así fueron pasando los meses hasta que, un día, vino con un gran paquete envuelto en papel de regalo bajo el brazo y me dijo: Antonio, queda mucho aún para tu cumpleaños pero necesito regalarte esto. Bárbara sabía que no íbamos a aguantar hasta el 31 de agosto y quería acelerar el proceso de germinado, era vital para mi vida y ella era plenamente consciente.

El regalo era una esterilla de yoga muy, muy buena.

No sabía muy bien qué hacer con mi esterilla y todavía no estaba para nada convencido de que eso tuviera sentido para mí, pero aún así la empecé a usar de vez en cuando. Una mañana que estábamos en el campo me fui a un lugar retirado, extendí mi regalo sobre la hierba y empecé a hacer algunos saludos al sol. Trataba de seguir la respiración como ella me había enseñado e intentaba seguir un pie, luego otro, las palmas así, la columna asá, pon los codos aquí, tu mirada hacia allí, ya sabes. O no.

Inhala el presente. Exhala el pasado.

Mi primera vez

Iban pasando los minutos de práctica y yo no daba avisos de terminar, y mientras el sol calentaba mi piel y los pájaros cantaban elaboradas óperas en las copas de los árboles zarandeadas por un viento juguetón, las gotas de sudor manaban como manantiales por cada poro de mi cuerpo dificultando más y más mi visión, así que no tuve más remedio que cerrar los ojos. Seguí haciendo saludos al sol por inercia, uno tras otro acompañando a mi respiración que empezaba a sincronizarse casi milagrosamente con los movimientos de todo mi cuerpo. Acompañé tanto a mi respiración que no sabría decir si era ella la que me acompañaba a mí, y de tanto que nos acompañamos y de tan cerquita que estábamos la una del otro, nos fundimos.

Cuando abrí los ojos salí de una especie de trance. Sentí mi cuerpo húmedo, avivado por la brisa, mis músculos ardiendo, los colores más intensos, mis ojos ya no escocían, todo lo que estaba vivo hervía de vida, y lo que no, lo hacía de formas, colores y realidad. Ahí me di cuenta de que la definición del tiempo había dejado de existir hacía un tiempo indefinido. Entonces, me acerqué a Bárbara desconcertado, le pregunté qué había sido eso y ella sonrió. Ahora creo que Bárbara supo que podía irse, la semilla había germinado.

Ahí descubrí el yoga.

Mi primer Om

Años más tarde y algunas horas de práctica después, llegó el 2018 y fui a uno de los famosos retiros en la sierra que organiza Nico, un yogui italiano que pasa largas temporadas de autodescubrimiento en La India y que además está al frente del centro Yogaconmigo, en el barrio madrileño de Lavapiés. La verdad es que en ese retiro probé sólo una pequeña cucharada del manjar que iba a descubrir en La India meses después, pero esa cucharada fue suficiente para hacerme comprender uno de los secretos mejor guardados de la humanidad y que hoy comparto contigo.

La tarde noche del primer día estábamos todos reunidos en un gran círculo de más de cincuenta personas y, guiados por un armonio y algunos tambores que a muchas personas no versadas en el tema (como a mí unos meses antes) les desprendería un agradable olorcillo a secta, empezamos cantando Oms y luego seguimos con shiva shiva shambo. Aunque estaba arropado por decenas de personas y tapado por la oscuridad, yo tardé varios minutos en atreverme a soltar mi primera sílaba, una sílaba que en algunos lugares de este mundo que hoy pisas, llaman sagrada.

Mi primer Om, que siempre había estado ahí, aún tímido envalentonó al segundo, este ayudó a descubrir al tercero y, después, siguieron brotando más y más que se unían como afluentes al gran río de todos los demás Oms que se derramaban a mi alrededor, proyectados desde el interior de los cuerpos vibrantes de tantas personas.

Al terminar los cantos del Om volví a tener la sensación de aquella vez en el campo practicando yoga. Algo había ocurrido, no sólo el tiempo había desaparecido sino que yo, con él, desaparecí también. Aunque aún no sabía bien qué había pasado sí empezaba a intuirlo, pero desde luego sabía que me sentía muy bien y que había abierto un camino de nuevo aprendizaje.

¿Qué es todo esto? ¿Qué pasa si sigo buscando, avanzando, regando la plantita?

Om es la verdad de todas las verdades, la luz de todas las luces y el destructor de todas las ilusiones. Amit Ray

Mi primera orgía

En los cantos de Shiva shiva shambo seguimos profundizando en el mantra y en nuestros niveles de conciencia, y cuando Nico vio que el ambiente estaba lo suficientemente preparado se levantó y comenzó a bailar. Inmediatamente se le sumaron varios yoguis y yoguinis, al principio como por goteos, y después, instantes después, la masa crítica alentó a todos los demás y ahora todos saltábamos, bailábamos y reíamos.

Justo en uno de los momentos más enérgicos, un potente grito de Nico se elevó por encima de todo aquello:

¡Bailad hasta que se os caiga el ego!

Yo tampoco sabía apenas qué quería decir eso, pero lo que experimenté es que el ego se cayó, se estampó contra el suelo y se hizo pedazos. Seguimos bailando y bailando un tiempo indeterminado al ritmo frenético de los tambores hasta que de repente la música cesó y todos nos dejamos caer, exhaustos y ajenos a nosotros mismos.

Aquel suelo de madera estaba inundado por un mar de cuerpos que no conocían fronteras, pues había manos en cabezas, cabezas en barrigas, barrigas en espaldas, piernas en hombros, tetas en manos y mentes ausentes.

Te describo esto en un intento de dibujar en tu cabeza una escena que puedas comprender, pero la realidad es que no había nada de eso pues ya no había nombres, ni hombres, ni mujeres, ni partes del cuerpo, no quedaba nada de eso, todo se había caído y hecho añicos.

En esa sala sólo había energía latente respirando, en completa, absoluta y atenta paz. Esa noche había comprendido y experimentado el secreto, la ilusión de separación entre nosotros. Nuestro miedo es lo que nos aparta de sentir el contacto con los demás seres vivos pues los consideramos extraños, pero cuando el miedo se disuelve, aparece, como por arte de magia, todo lo demás.

El amor es un puente entre tú y todo lo demás. Rumi

Y a ti, lector o lectora, tu deber es no creerme y pensar que exagero, pero si me lees habitualmente deberías ya saber que mi intención con estas palabras no es que me creas nada sino darte las herramientas para que, si estás preparado/a, lo descubras por ti mismo/a.

¿Te animas?

  • Vete a una habitación en silencio, a ser posible cuando no haya nadie en casa.
  • Pon quince o treinta minutos de alarma.
  • Siéntate y ponte en una posición muy cómoda, la espalda lo más recta posible, la cabeza tratando de tocar el techo.
  • Toma aire y empieza a repetir el mantra Om.
  • Lleva tu atención a la vibración que se produce en tu interior., sigue su rastro en tu estómago, en tu garganta, en tu cráneo.
  • Cuando te des cuenta de que te has despistado, vuelve una vez más a la vibración.
  • No tienes que saber cómo hacerlo pues ya lo sabes, sólo tienes que recordarlo. Practica hasta que lo recuerdes.
  • En cuanto abras el grifo, el Om empezará a manar por sí solo.

Al terminar no habrás tenido una orgía como la que yo viví, pero es muy posible que hayas empezado a regar una semilla.

Gracias por leerme.

El lugar que estás buscando, está en el lugar desde el que estás buscando.
Mooji

La palabra sánscrita man-tra significa «instrumento de la mente».

Comments

  1. Yolandiña - 18 diciembre, 2019 @ 7:08 pm

    Mmmmmmmm this lady is incredible, I have never seen such super yoga. You have an incredible experience. Rather, it was like ecstasy.

    Hm interesting practice how to dump Ego. I do it a little differently. I’m just going through awareness. Every living entity has the right to freedom of choice, this is one of the cosmic laws.

    I always tell myself this law when it comes to the desire and choice of another person. In such moments, my Ego dies. It is a painful feeling, but then comes peace and acceptance. For the last 5 years I have been working a lot on a better version of myself, it is very easy to work with yourself, but difficult to work when you are a couple.

    It’s easy to have responsibility for yourself, but it’s difficult to have responsibility for others. I think when we sing OM, we tune into a certain frequency of the wave. You know, of course, that our bodies emit electromagnetic waves, and singing OM, the body resonates with sound vibrations.

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