Cómo adelgazar, estar fuerte, flexible, sano, orgulloso y feliz. Sí, en serio.

Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. Confucio

Desde que nací hasta el 1 de agosto de 2018, treinta y cuatro años después, me miraba en el espejo y me veía gordo. A veces pesaba noventa y tres kilos, otras ochenta y cinco, casi siempre noventa. En un día cualquiera me miraba con seguridad más de doscientas veces en el espejo y casi nunca me gustaba lo que veía. A veces, dependiendo de algunos espejos, de la luz, y de lo que hubiera comido el día anterior, conseguía engañarme el tiempo suficiente como para que lo que veía reflejado, me gustara.

Me tocaba los muslos. Me tocaba las tetas. Me tocaba el vientre. Me tocaba el pelo cientos de veces al día. Cuando llevaba pantalones ajustados me daba la vuelta para mirarme el culo cincuenta veces sólo antes de salir de fiesta, y quinientas mientras salía y encontraba un espejo. No me gustaba cómo me quedaban las camisetas. No me gustaba cómo me quedaban las camisas. No me gustaba cómo me quedaban los pantalones. No me gustaba cómo era mi sombra porque la veía gorda. No me gustaba cuando alguien me decía que estaba fuerte. No me gustaba cuando alguien me decía que estaba más delgado.

En el primer colegio de monjas no había educación física o yo era demasiado pequeño como para hoy recordarlo. En mi segundo colegio, ese en el que nos pegaban de vez en cuando, esta vez de curas, nos enseñaban a jugar al fútbol sin saber de enseñar ni saber de fútbol. En mi tercer colegio, público, el profesor era un violento que estampó contra la pared a más de uno. La mayoría le teníamos miedo, con él hacíamos cosas en espalderas, saltos de potros y carreras. En el instituto había un tío muy majo calvo que nos hacía hacer carreras donde creías que ibas a morir, levantar balones medicinales y rugby.

Yo pensaba que mi cuerpo era feo, débil, gordo, frágil, rígido y asíncrono. Y no, no sabía jugar al fútbol, saltar al potro, hacer espalderas y hacer carreras.

A los catorce años empecé a beber y no lo dejé hasta los veintiséis. Mucho. Todos los fines de semana durante doce años. A menudo tres días por semana. En verano a veces veinte días al mes. A los dieciséis, en casa de Jorge, estuve a punto de morir. Me cagué, meé y vomité encima.

A los diecisiete en Malasaña con una botella de vodka también estuve a punto de morir.

Otras muchas estuve cerca.

En esos años bebí más de cinco mil litros de cocacola. Más de cinco mil litros de vino. Muchos cientos de litros de cerveza. Muchos de ron, vodka y Martini.

Durante más de doce años esperé que llegara el fin de semana y, cuando por fin llegaba, cada sábado y cada domingo despertaba sin falta con un fuerte dolor de cabeza, nauseas, desubicación y una profunda insatisfacción.

A los dieciséis empecé a correr varios días por semana, y con sus más y sus menos lo mantuve hasta los treinta años. Yo también decía que me gustaba mucho correr aunque siempre me dolían todas las extremidades y las rodillas. Yo también me preguntaba que si cuando fuera más mayor podría seguir corriendo. Yo también me compré zapatillas buenas. Yo también me apunté a carreras. Yo también me sentía mal si algún día no corría. Yo también pensaba que tenía que correr más para ser mejor y para respetarme a mí mismo. Yo también decía No Pain No Gain. Yo también decía que cuando llevabas veinte minutos corriendo podías encontrar un buen estado de paz y de satisfacción y que por esos minutos todo lo demás valía la pena.

Yo también pensaba que no me estaba engañando a mí mismo.

 

Durante años fui al gimnasio y hubo algunas veces, pocas, que no me tenía que obligar para ir. Durante seis meses hice kick boxing. He nadado cientos de kilómetros en piscinas. He expuesto mi cuerpo a temperaturas de 90 grados en saunas hasta que me mareaba. He hecho entrenamientos de alta intensidad durante meses yo solo. T25, Insanity. He hecho Crossfit. He hecho miles de tábatas, pesas, abdominales. He caminado a paso rápido.

No importa qué hiciera que siempre pesaba más de lo que quería. Siempre más.

Siempre alguien me decía «has engordado». Otros «has adelgazado». Casi todos «yo te veo igual». Siempre mi madre me decía pues yo te veo bien. Siempre el espejo me devolvía un Antonio que no me gustaba.

Intenté dietas. Intenté no comer pan. Intenté contar calorías. Intenté reducir la carne. Me sentí tentado por los batidos detox. Me pregunté si yo necesitaría esos botes de proteína de colores intensos.

Durante años había un pensamiento que martilleaba mi cabeza sin parar. El pensamiento de que si la vida entera iba a ser una lucha constante para tener el cuerpo que quería, y aún así no lo conseguía. Si siempre iba a tener que mantener la guardia alta para no pesar doscientos kilos. Si siempre iba a tener que odiarme después de comer. Y antes. Y durante. Si siempre iba a tener que hacer cardio porque «es muy bueno para adelgazar», corriendo en la cinta mirando un espejo, haciendo bicicleta sesenta minutos al día o matándome en spinning admirando la fortaleza de tantas mujeres.

Durante años miraba el cuerpo fuerte de algunas personas y no podía entender cómo lo hacían, cuánto se sacrificarían, cuánto correrían, cuánto no comerían.

Durante años pensaba que el año que viene conseguiría estar delgado. O el que viene. O el que viene.

Lector, lectora, quiero que sepas que en realidad el problema no era estar gordo o delgado, fuerte o enclenque, flexible o rígido. El problema estaba en el hecho de no comprender mi cuerpo, de no respetarlo, de odiarlo y, por lo tanto, de castigarlo.

Por eso es importante que comprendas que…

¿Y ahora, tú, vienes y le preguntas a Google que cómo adelgazar?

¿De verdad? ¿Esa es la mejor pregunta que eres capaz de hacer? ¿Cómo perder 10 kg? ¿Cómo perder peso rápido? ¿cómo bajar de peso en 3 días?

¿De verdad lees la información que dicen las páginas y lo das por válido, por bueno, por valioso para ti?

¿De verdad encuentras sentido a consejos como «usa platos pequeños porque lo dice un estudio científico», modera tu alcohol, evita fumar, consume más verduras y sólo un poco de carne? ¿De verdad das por válido «bebe más agua en el trabajo»? ¿De verdad te conformas con «dietas saludables»? ¿De verdad buscas algo que por fin no te de el efecto rebote?

Casi toda la población desprecia su cuerpo, yo he estado a punto de matarlo, he hecho miles de horas de ejercicio sin resultado… y la mejor pregunta que se nos ocurre es, ¿cómo adelgazar?

Creo que no te estás dando cuenta de la gravedad de la situación.

Pero voy a contarte un secreto.

Tu cuerpo es un prodigio de la naturaleza y la mayoría de las personas que conoces en esta zona del mundo no lo saben.

Y pon atención aquí: Es importante que no me creas nada y que te mantengas escéptico/a en cada palabra que leas, pero también es muy importante que primero me leas hasta el final y luego lo juzgues, no antes, o durante. Cierra los ojos durante unos segundos, activa tu respiración consciente y piensa para tus adentros: Voy a leer todo con la mente abierta, no voy a juzgar el texto en función de mis experiencias pasadas o de mi conocimiento actual.

Hazlo venga.

Bienvenido/a.

Empezamos. Desde que nací hasta el 1 de agosto de 2018 me miraba en el espejo y me veía gordo.

El 1 de agosto de 2018 empecé el curso de profesores de yoga de doscientas horas en La India. En un mes descubrí la conciencia corporal y empecé a escuchar a mi cuerpo los mensajes que nos envía constantemente, dejé de comer carne de manera natural tras años intentándolo sin éxito, me enseñaron cuándo comer, cómo comer, qué comer, por qué comer, aprendí cómo ayunar y por qué, cómo fortalecer los músculos del estómago, cómo favorecer la digestión, cómo limpiar los órganos internos, cómo y cuándo dormir para maximizar la regeneración celular, cuándo despertarme para aprovechar los ciclos de sueño. Me enseñaron técnicas de respiración para aumentar mis niveles de energía, mejorar el riego del cerebro, equilibrar los hemisferios, eliminar el estrés del cuerpo y la ansiedad.

En el mes de agosto de 2018 adelgacé doce kilos.

Antes pensaba que estar en forma era muy complejo e increíblemente sacrificado.
Hoy sé que tener el cuerpo con el que sueñas es muy fácil.

Un año después de volver de La India estoy más fuerte que nunca, mi flexiblilidad cada día me sorprende más y los masajistas me dicen que nunca han visto músculos tan relajados. He tenido experiencias de meditación donde he sentido la electricidad circulando por mi cuerpo, la sangre corriendo por mis venas, o la atmósfera tocando mi piel.

No te cuento esto para impresionarte, lo que hago es narrarte los descubrimientos que hago en mi propio cuerpo para que sepas que tú si quieres puedes hacer lo mismo, y para que te des cuenta de que durante muchísimos años estuve castigando mi cuerpo porque ni siquiera era capaz de imaginar lo que podía hacer con él.


Imagínate a una persona que va conduciendo su coche cuando este se le estropea. Golpea las ruedas, abre el capó del coche, el maletero, baja las ventanillas, las sube, toca el claxon, cambia el aceite. Mira el motor y se pone a tocar todo. Cinco horas después el coche sigue igual.

Ahora imagínate que esa misma persona ha estudiado y practicado ocho horas al día durante un mes en la fábrica que creó su coche. Se baja del coche, se acerca al problema, lo soluciona, se sube y sigue conduciendo.


Y después de leer esto, te sigues preguntando, ¿cómo adelgazar?

Creo que estás errando la pregunta y por eso no puedes obtener buenas respuestas.

Pregunta de nuevo, te espero, no me voy a ningún sitio.

¿Te ayudo?

Pregúntante cómo entender tu cuerpo.

Cuando empieces el camino de comprender tu cuerpo, todas tus preguntas empezarán a ser respondidas una por una.

El problema es que tú quieres respuestas fáciles y rápidas a preguntas mal formuladas.

Quieres que venga alguien y te diga cómo adelgazar, cómo tener el cuerpo que quieres. Quieres un entrenador personal a tu lado que te haga sudar. Quieres gastarte dinero. Quieres un nuevo equipo de entrenamiento para casa. Quieres un curso. Quieres libros. Quieres dietas. Quieres encontrar un deporte que te haga moverte. Quieres que alguien te diga que el que descubrió la autofagia ha ganado nosecuántos nóveles. Quieres enterarte de que el ayuno intermitente es la solución que llevabas esperando toda tu vida. Quieres que alguien te diga si es mejor ayunar doce horas cada dos días que veinticuatro cada siete. Quieres estudios científicos que respalden lo que quieres creer. Quieres leer a Fitness Revolucionario para confirmar que comer carne es bueno para ti y por otro lado quieres seguir a Carlos Ríos porque es un verdadero real fooder.

Sé que quieres todo eso porque yo también lo quería, pero es necesario que sepas que todo eso no te va a servir de nada porque en el mejor de los casos son sólo parches que apenas pueden tapar las fugas de tus preguntas mal formuladas, o peor, de preguntas nunca hechas.

«Cómo puedo entender mi cuerpo» es la pregunta que necesitas hacerte.

Y un cuerpo no se puede aprender en internet, o en una universidad, o en un gimnasio, o en un libro, o en un blog. Un cuerpo sólo puede entenderse con práctica, mirando tu cuerpo desde dentro y siendo guiado por las personas que más saben del cuerpo en el planeta tierra. ¿Y quienes son esas personas? Las personas que estudian su cuerpo desde dentro y desde fuera desde hace miles de años y que atraen a la comunidad científica desde hace décadas.

Quiero que sepas que ni siquiera estas palabras que estás leyendo apenas te servirán de nada porque mi experiencia no te la puedo transmitir por esta vía, sólo tú puedes adquirir esta experiencia por medio de una práctica. Sólo tú puedes adquirir la comprensión de tu propio cuerpo. Aún así, para agradecerte haber leído hasta aquí y para intentar que se produzca una transmisión de conocimiento, voy a dejar por escrito lo que he aprendido. Si puede servirte algo de lo que yo aprendí con la práctica, aunque sea un 1 %, ya sería mucho.

Estos son mis consejos, basados en mi corta experiencia, sobre…

Cómo adelgazar, estar fuerte, flexible, sano, orgulloso y feliz.

1) Empieza a practicar yoga

Voy a definirte lo que es el yoga en cinco palabras: Aprender a usar tu cuerpo.

En yoga aprenderás los fundamentos del funcionamiento de tu cuerpo y de tu mente (entre otras muchísimas cosas). Energía, respiración, control del dolor, flexibilidad, tono muscular, core, descanso, equilibrio, recuperación muscular y concentración.

Si esto no te es suficiente o no te resulta interesante, no puedo darte más argumentos.

Lo primero que tienes que saber sobre el yoga si habitualmente no lo practicas y si te defines a ti mismo/a como una persona escéptica, es que cualquier cosa que creas saber sobre el yoga no es cierta. Olvida todo lo que creas saber. El yoga es un universo de conocimiento y tú piensas que es un grano de arena.

Yo llevo practicadas unas cuantas cientos de horas y, créeme, no sé absolutamente nada sobre el yoga aún.

Cada vez son más mis amigos que han empezado (amigos que jamás pensaron que iban a hacer yoga, al igual que yo hasta hace poco), y cada vez recibo más mensajes de agradecimiento por haberles invitado a probarlo. Mi sugerencia es que busques el mejor centro de yoga de tu ciudad y que pruebes y pruebes clases y centros diferentes hasta que encuentres un profesor o profesora con el que sientas que mejoras y disfrutas.

Te aviso: a muchas personas les resulta aburridas las primeras clases de Hatha yoga porque dicen que son muy lentas. Eso depende 100 % del profesor que tengas y sobretodo del estilo de yoga que elijas, por eso te invito a que pruebes y pruebes clases hasta que des con tu maestro.

Lo único que puedo hacer por ti desde aquí es invitarte a que tengas una actitud curiosa hacia el yoga. ¿Cómo es una actitud curiosa? Queriendo tocar, preguntar, probar, conocer, investigar.

Más o menos pasados dos o tres meses de práctica regular de dos o tres veces por semana, tu cuerpo y tu mente empezarán a despertar. En poco tiempo empezarás a desarrollar la conciencia corporal, empezarás a saber con más certeza cuándo tienes hambre real o mental, empezarás a dormir mejor, empezarás a tener menos ansiedad, empezarás a regular más tu alimentación de forma natural, empezarás a amar tu cuerpo y empezarás a dejar de castigarlo con alcohol, tabaco, comidas súper pesadas, ejercicios extremos causa de tu no aceptación, etc.

Pasados unos meses de práctica, si quieres y puedes permitírtelo, te sugiero que te vayas directamente a La India a hacerte un curso para profesores de yoga de 200 horas. Existen cursos en las grandes ciudades en tu país, pero mi sugerencia es que vayas directo/a a la fuente. Si quieres saber qué es «la fuente», lee la ley 4 del capítulo de cómo tener una vida mejor.

Importante: Si crees que el yoga no es para ti, déjame decirte algo: Si tienes un cuerpo, el yoga es para ti.

El proceso para tener el cuerpo «perfecto» que siempre has soñado es el siguiente: Primero aprendes a usar tu cuerpo desde dentro, lo entiendes, lo comprendes y, sobretodo, lo respetas.  Una vez que lo has comprendido y que tu cuerpo ya está empezando a estar equilibrado, si quieres puedes pedir ayuda a alguien para obtener un conocimiento específico sobre un campo. Si por ejemplo lo que quieres es tener un cuerpo musculoso y definido, entonces ahora es cuando pides ayuda a una persona que sepa cómo crear músculo.

No es lo mismo ir al gimnasio porque «quieres adelgazar», que ir al gimnasio porque quieres usar una determinada máquina como ayuda externa para trabajar un determinado músculo.

Aprende las reglas como un profesional, para entonces poder romperlas como artista. Pablo Picasso

2) Empieza a practicar meditación

Voy a definirte lo que es la meditación en cinco palabras: Aprender a usar tu mente.

Si esto no te es suficiente o no te resulta interesante, no puedo darte más argumentos.

Somos 99 % decisión y sólo 1 % acción, pero la mayoría de las personas se empeñan en tratar de mejorar su acción. Mejora tu mente, mejora tu decisión, y mejorarás en todo lo que te propongas.

¿Cómo empezar a meditar? Dentro de poco publicaré un artículo explicándote los conceptos básicos, pero por ahora te sugiero que descargues la aplicación gratuita Insight Timer y te hagas varias veces seguidas el curso de siete días de aprender a meditar. Después de un mes practicando, nuevas preguntas aparecerán en tu camino y paso a paso encontrarás las respuestas que buscas.

Importante: Las meditaciones guiadas han de servirte como guía inicial para acompañarte en el camino así como los ruedines de una bicicleta impiden que te caigas cuando estás aprendiendo. Pasados unos meses, tienes que quitarte los ruedines y ser capaz de mantener el equilibrio, es decir, las meditaciones guiadas son sólo el inicio, luego tienes que ser tú tu propia guía. Recuérdalo.

3) Alimentación

Últimamente sólo hay una pregunta que me hago sobre la alimentación. ¿Esto que voy a comer, me acerca al camino de la salud, o me aleja del camino de la salud?

¿Cómo sé si algo me acerca o aleja al camino de la salud? A grandes rasgos sé (porque lo experimento) que si lo ha creado la naturaleza y aún está vivo, me acerca a la salud. Y si lo ha creado la naturaleza pero está muerto, me aleja de la salud. ¿Cómo sé si algo está vivo? Algo está vivo si puede crear más vida con ello.

Estoy intentando tener mucho tacto con este tema, porque mi querido primo Toni, amante de hacer sus propios fermentados, siempre me recuerda con cariño que todo es matizable.

Tienes que saber que mi conocimiento sobre la alimentación aún es muy muy muy escaso, por eso por ahora me centro en lo que sé que mayormente es bueno para mí, y después me centro en el detalle.

Situación típica absurda: Una persona dice que va a empezar a ser vegetariana, y otra, que toma alcohol frecuentemente, fuma y come ultraprocesados como si fueran tomates de la huerta, le dice: Qué barbaridad, ¿Sabes lo que estás haciendo? ¿Pero y qué vas a hacer con la vitamina B12?

Por eso mi consejo es que empieces ahora y optimices después.

Esto no significa que no puedes volver a comer chocolate, o galletas ultra procesadas con pepitas de cacahuetes y seis toneladas de azúcar por centímetro cuadrado, o doritos, o risquetos a dos manos, o una cocacola con hielos y una rodajita de limón, o una cerveza deliciosa y fresquita, o un buen vino, o un buen trozo de pan.

Pero cuando lo hagas, lo harás sabiendo que te has detenido un momentito en el camino de la salud a descansar unos minutos. Todos los caminos tienen paradas y se disfrutan mucho, lo verdaderamente importante es saber que la dirección que llevas te acerca al lugar que quieres. Y ese lugar que quieres es la salud.

Pregunta: ¿Y la carne? ¿Es que no puedo volver a comer carne?.
Respuesta: Esto no se trata de qué puedes hacer o qué no puedes hacer, porque como ya te dije una vez al ser humano no le gusta que le quiten nada. A nosotros nos gusta que nos den, siempre, porque si nos quieren quitar algo nos ponemos a la defensiva. En este artículo no estoy intentando que creas nada ni darte ninguna regla general (porque además no la tengo), sino que sólo intento transmitirte mi experiencia personal. Lo que puedo decirte respecto a la carne porque así lo he experimentado es que cuando empiezas a recorrer el camino de la salud, hay un momento donde, de manera natural, empiezas a comer menos y menos carne.

Importante: Prácticamente no sé nada sobre el ayurveda, pero lo poco que aprendí en La India me hizo comprender que es uno de los grandes universos de conocimiento. Cuanto más ayurveda sepas, más estarás avanzando en el camino de la salud.

¿Y el agua? Bebe un vaso de agua del tiempo nada más despertar. Trata el agua como tratarías a un alimento, bébela lentamente y en buena cantidad tres o cuatro veces al día.

4) Haz un esfuerzo consciente por no pensar en términos de «tiempo» o «adelgazar»

  1. El camino a la salud no entiende de días, meses o años. Si realmente quieres adelgazar no tienes por qué limitar tu actuación a una fecha concreta, sino más bien centrarte en mejorar tu estilo de vida a la larga. Sólo camina hacia delante y llegarás. ¿Por qué? porque si quieres adelgazar en diez días, o un mes, o para el verano, estarás centrándote en acciones cortoplacistas, en atajos. Tú no quieres atajos, tú quieres hacer el camino completo, ver las vistas y disfrutar cada paso. Así no te perderás 😌.
  2. El camino a la salud no entiende de «adelgazar». Si piensas en términos como «adelgazar» pensarás que lo que tienes que hacer es quitarte kilos, cuando en realidad lo que tienes que hacer es ponerte salud, hábitos, y dirección. Eres perfecto/a tal como eres, con kilos de más o sin ellos. Tu sobrepeso (si es tu caso) es simplemente el mecanismo de defensa que usa tu cuerpo para adaptarse a la situación anómala. Tu cuerpo es muy sabio y no da puntada sin hilo. Cuando dejes de atacar a tu cuerpo, este de manera natural volverá a su peso ideal. No estarás adelgazando, estarás encontrando tu equilibrio.

El hecho de adelgazar y estar sano/a y en forma será un resultado de la salud de tu nuevo yo. ¿Qué nuevo yo? El yo que camina hacia la salud.

No tengas prisa por llegar. Cuando hice el Camino de Santiago sabía que mi primer pasito tenía como destino la catedral de Santiago, a trescientos veintinco kilómetros de distancia. No podía evitar tener un poco de prisa, pero precisamente el camino me enseñó a no añorar llegar rápido sino a disfrutar el camino. Disfruta el camino hacia la salud y no pienses en llegar, pues acabarás llegando si sigues caminando.

5) Cómo dormir

Aunque está en el punto cinco, es uno de los puntos más importantes para adelgazar y para tener buena salud. ¿Sabes por qué?

Porque cuando tu cuerpo está durmiendo, lo que está haciendo es regenerarse y curarse. Toda la sabiduría de tu cuerpo, que créeme es mucha, se pone en funcionamiento a un ritmo frenético durante las horas de sueño porque es cuando tú no estás impidiéndole actuar.

  1. Según los yoguis es muy, muy, muy, muy importante estar en la cama entre las 10 y las 11 de la noche para que se produzcan los máximos beneficios de la homeostasis. ¿Por qué? bueno, aún no lo comprendo muy bien a nivel teórico y esto no es fácil de contar rápidamente, pero haré mi mejor intento (con ayuda de mis compañeros de clase): Se dice que dormir entre las 22 y 24 h (dos horas) equivalen a cuatro horas de sueño, mientras que las horas de la mañana, de 4 a 8, equivalen a media hora. Es decir, que dormir antes hace que tu cuerpo se regenere el doble de rápido y dormir después, se regenere la mitad. Tiene que ver principalmente con el sol, con las energías de la tierra y con las horas específicas de regeneración de los órganos. Al parecer cada órgano del cuerpo tiene unas horas específicas donde funcionan mejor y otras donde descansan y se regeneran. A nivel personal puedo decirte que una de las experiencias más potentes que he experimentado en mi vida es el acogerme a esos horarios durante un mes y medio.
  2. Según los yoguis, es muy, muy, muy, muy importante que no te acuestes con el estómago lleno (cena tres o cuatro horas antes de acostarte como hacen en casi toda Europa) porque si tienes comida en tu estómago, tu cuerpo estará concentrado en digerirla y no se podrá centrar plenamente en su tarea más importante durante la noche que es la regeneración eficiente. Sé que ahora piensas que si haces eso te vas a acostar con hambre y que te será imposible hacerlo, pero precisamente cuando empiezas a hacer yoga y meditación, te resultará cada vez más fácil. Además, así empezarán tus mañanas milagrosas, de las que hablaremos en los próximos capítulos.
  3. Cuando estés en la cama trata de relajar conscientemente cada músculo del cuerpo, así por un lado dormirás más rápido, y por el otro no llevarás tensiones musculares a tus sueños. ¿Cómo se hace esto? te recomiendo empezar buscando en youtube vídeos de «Yoga Nidra».

Piénsalo, ¿qué requiere más esfuerzo, ir al gimnasio cuatro veces por semana a hacer sesenta minutos de cardio, o acostarte con el estómago vacío cinco o seis veces por semana?

Si haces esto, estarás caminando a toda prisa hacia la salud y hacia tu cuerpo ideal.

6) Fortalecer los músculos del estómago para mejorar la digestión

Tienes que fortalecer tus órganos internos, así trabajarán mejor, tus digestiones serán más eficientes y más rápidas. Para ello hay una técnica que es MUY fácil de aprender cuando llevas unas cuántas semanas practicando yoga y adquiriendo conciencia corporal.

Se llama, entre otros ejercicios, Uddiyana Bandha, aunque quizás te suene más el nombre que le han dado en occidente en los últimos años: hipopresivos. Nada en contra de los hipopresivos, pero acuérdate de lo que te comenté en la ley 4 de cómo vivir mejor sobre ir a la fuente para no pagar peaje.

En este vídeo aprenderás qué, cómo y por qué, y si le pones intención verás que es muy fácil y que además te hará sentir MUY bien.

Te recomiendo hacerlo nada más despertar durante dos o tres minutos.

7) Ayunar

Cuando sabes usar tu mente y tu cuerpo, ayunar es muy fácil. Cuando no sabes nada de tu cuerpo y tu mente, piensas que es imposible. Por eso el primer y el segundo punto sobre «cómo adelgazar» es: Aprende a usar tu cuerpo haciendo yoga y aprende a usar tu mente haciendo meditación. Cuando lo haces, estarás preparándote para seguir subiendo a los siguientes niveles más importantes para tu salud, como el ayuno.

Ayunar es posiblemente una de las herramientas más poderosas de sanación del cuerpo, porque es el momento en el que tu cuerpo deja de recibir información del exterior, para concentrarse en sí mismo y encontrar su equilibrio. ¿Sabes la herramienta de encontrar errores de Windows? Pues el ayuno es lo mismo para el cuerpo, con la diferencia de que el ayuno sí funciona y funciona muy bien.

Pocas sensaciones conozco tan placenteras y energizantes como el despertarme una mañana después de llevar cuarenta y ocho horas sin comer.

Importante: Quizás pienses que ayunar es muy difícil porque tú siempre tienes hambre cada tres o cuatro horas. ¡¿Cómo voy a aguantar veinticuatro horas sin comer si me muero de hambre a media mañana!?  ¡Eso es imposible! — Dirás—.

Verás.

Tienes que comprender que no tiene absolutamente nada que ver el día de ayuno con el día normal, son dos procesos mentales (y físicos) completamente diferentes. El día que ayunas te preparas mentalmente para el ayuno. Te dices a ti mismo que ese día vas a ayunar y que lo haces porque es bueno para ti. ¿Y sabes qué hace tu cuerpo y tu mente? Que se preparan y te acompañan en el proceso como aliados, no como enemigos.

Perdona que insista: sé que ahora te parece imposible, pero yo confío en ti y sé que puedes 🙂.

¿Cuándo ayunar? Simple: Cuando tu cuerpo te lo pide, y sólo sabrás cuándo te lo pide cuando tengas conciencia corporal, la cuál desarrollas con el yoga y la meditación.

8) Cómo respirar antes, durante y después de la comida

Antes de comer:

Cuando te sientes frente al plato, tienes que hacer un esfuerzo consciente por respirar al menos seis veces de manera profunda y lenta. Los yoguis te dirían que es para estimular el sistema nervioso parasimpático, para tomar consciencia de la comida, para mandar señales al cerebro de que vas a comer, etc.

Por ejemplo, inhalas en cinco segundos y exhalas en diez.

Mientras comes:

Cuando estás masticando una porción, respiras tres veces de manera profunda y lenta. Así no sólo estarás masticando cada alimento mucho más y por lo tanto descomponiéndolo de manera fácilmente digerible, sino que además estarás comiendo conscientemente y mandando las señales apropiadas al cerebro.

No te preocupes tanto por masticar 32,6 veces como dicen por ahí como de centrarte en respirar conscientemente y estando presente.

Después de comer:

Cuando terminas de comer, toma seis respiraciones abdominales profundas y lentas. Trata de hinchar tu estómago a su máxima capacidad con cuidado de no hacerte daño.

9) Ejercicio

Antes pensaba en hacer ejercicio como compensación por haber comido mucho y para adelgazar, ahora sé que el ejercicio es la manera de darle las gracias a mi cuerpo por existir.

Tienes que comprender esto: El ejercicio no está pensado para adelgazar, sino para mover las energías de tu cuerpo y para hacerte feliz.

Bailar, yoga, pilates, subir por las escaleras no mecánicas en el metro, animal flow, correr en cualquiera de sus facetas (sprints, carrera de fondo, etc), caminar por el bosque, largos paseos por tu ciudad escuchando un audiolibro o simplemente mirando alrededor, gimnasio, entrenamientos de alta intensidad, fútbol, natación, rubgy, padel, tenis, esgrima, remo, baloncesto, pin pon, voleibol. Todo es válido para mover tu cuerpo y para hacerte feliz.

No importa qué hagas, lo importante es cómo lo hagas. Y el cómo, necesariamente tiene que ser por el placer de hacerlo.

10) Fuerza

Pocas cosas hacen sentir mejor al cuerpo que levantar peso, sabiendo cuánto, por qué y cuándo levantarlo.

Cuando empecé a tomar mayor conciencia corporal, de manera natural mi cuerpo me pedía levantar peso. El simple hecho de coger unas mancuernas, unas pesas rusas, o colgarme de una barra, es un disfrute mayúsculo.

La energía llama a energía.

Me pasé veinte años probando todo e intentando tener el cuerpo definido y musculoso con el que soñaba sin llegar a conseguirlo. Después, aprendí sobre mi cuerpo, encontré mi equilibrio y, acto seguido, sólo tuve que hacer un poquito de levantamiento de fuerza de vez en cuando. Sin agobios, sin exigencias, sin sentirme mal.

Sólo por el placer de hacerlo.

¿Sabes? Te cuesta tanto tener el cuerpo que quieres porque llevas toda la vida trabajando en su contra. Cuando trabajas en contra de tu cuerpo es muy difícil adelgazar, estar en forma y estar sano, y cuando trabajas a su favor es muy difícil engordar, no estar en forma y no estar sano. Por eso tienes que, primero, entender tu cuerpo y, segundo, empezar a trabajar con él a su favor.

No pain, more gain.

Gracias por leerme.

 

 

Comments

  1. Jesús Navarro - 26 noviembre, 2019 @ 8:51 am

    Gracias por compartir esta experiencia, me ha parecido muy bonita, me veo reflejado en algunos puntos pero sobre todo gracias por todas las respuestas que aportas

    • Antonio Herrero Estévez - 26 noviembre, 2019 @ 10:14 am

      Muchísimas gracias por tu comentario Jesús, y por leerme, y por hacerme saber que te gusta lo que escribo 🙂

      Estoy intentando que lo que comparto aquí realmente sirva para algo a alguien, aún me falta muchísimo trabajo pero espero estar al menos en el camino.

  2. roberto muñoz - 26 noviembre, 2019 @ 5:11 pm

    PUHHH!!!!!Cuanta información de golpe,y en el momento justo,lo digo por los cambios que están surgiendo en mi,hace un año que no soy fumador,mi cosumo de bebidas alcoholicas a bajado a mas de la mitad,cuido mis comidas ,total un cambio de habitos poco a poco a mejor ,como que hago me pide hacerlo,y toda la información que necesito como tu blog viene a mi…lo del yoga llevo tiempo meditandilo es el momento,y se que hay un centro con muy buenas referencias aquí donde yo vivo,una vez mas gracias ,gracias ,gracias,lo vuelvo a releer una y otra vez y voy con ello!

    Estamos en contacto.

    UN SALUDO

  3. Usoa - 26 noviembre, 2019 @ 10:26 pm

    Hola a todos!
    Antonio, escribo para decirte que me encantan tus artículos. Son momentos de desconexión para mi, y siempre aprendo algo.

    Muchas gracias y un saludo!

    • Antonio Herrero Estévez - 27 noviembre, 2019 @ 12:48 pm

      ¡Muchas gracias Usoa!

  4. José Carlos C - 29 noviembre, 2019 @ 12:21 am

    Me encanta lo que leo aquí en tu blog ,Antonio. Y cada vez más.
    No comento en ningún otro sitio, pero después de leer aquí, me sale sin más.
    He aprendido mucho con los vídeos, las reflexiones, etc. Me resuenan muchas cosas. Varios procesos que comentas ya he podido experimentarlos de manera natural yo mismo. Empecé a hacer yoga casi a diario hace más de un año y me planteo lo de ir a la fuente como aconsejas. Hago ayuno cuando mi cuerpo me lo pide, y otros temas que también has comentado, y sí, es prácticamente milagroso el cambio que uno hace.
    En fin, es un placer leer y ver reflejadas varias experiencias propias… y descubrir tantas otras (más!)
    Sigo por aquí, muchas gracias y saludos a todos!

    • Antonio Herrero Estévez - 29 noviembre, 2019 @ 11:18 am

      Pedazo de comentario José Carlos!! gracias, y gracias por compartir un poco de tu experiencia.

      Si vas a La India, mira Rishikesh para hacer el curso de yoga. Como sugerencia, échale un vistazo al curso que yo fui, Nada Yoga School, o la escuela que iré en breve: Swasti yoga shala rishikesh.

      No dejes pasar esa idea y verás lo que sucede.

      Un abrazo grande,

  5. Eva - 29 noviembre, 2019 @ 6:21 pm

    Que bueno el articulo, da gusto leerte! He llegado a tu blog buscado info sobre el metodo de respiracion wih hof. Tu que has practicado hipopresivos y winhof, dirias que son ejercicios similares?

    • Antonio Herrero Estévez - 29 noviembre, 2019 @ 9:13 pm

      Gracias por tu mensaje Eva,

      Pues no tienen nada que ver, uno es una técnica de respiración con baño en agua fría, y otro es un ejercicio del vientre para fortalecer músculos y masajear órganos internos.

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