En la ciencia sucede a menudo que los científicos dicen: «¿Sabes? es un muy buen argumento, mi posición era equivocada», y entonces ellos realmente cambian de opinión y nunca más se escucha su vieja visión. Realmente lo hacen. No sucede tan a menudo como debería porque los científicos son humanos y el cambio es a veces doloroso, pero sucede todos los días. No puedo recordar la última vez que algo así sucedió en la política o la religión.
Carl Sagan
Una vez leí que es una posición muy incómoda el decirle a alguien que, casi todo lo que creía en su vida, era mentira. Y te digo esto porque mucho de lo que voy a hablarte aquí, si lo comprendes, es precisamente eso, un cambio de paradigma sin precedentes que cuanto menos cuestionará tus creencias más arraigadas, un cambio en la forma en la que experimentas el mundo, un cambio en todo lo que crees pues todo cuanto has mirado hasta este momento, ha cambiado.
Antes de nada debemos saber que hay dos tipos de cambios de paradigma, los de expansión, o los de escasez. Hoy hablaremos de los de expansión.
El problemilla para nosotros es que los cambios de paradigma de expansión no son algo que suceda a menudo, pues es precisamente nuestro propio paradigma de escasez el que nos lo impide.
Por ejemplo, si verdaderamente comprendiste el anterior capítulo sobre mi viaje a la India necesariamente habrás experimentado el comienzo de un cambio de paradigma, pues no es sino soltando tus viejas creencias que te acompañaban toda tu vida, que has podido aceptar estas nuevas. Y sí, digo el comienzo porque un cambio real de paradigma no se produce hasta que las gafas que te hacían ver el mundo de un color se han estrellado contra el suelo y entonces has ido corriendo a la óptica con la ilusión de adquirir unas nuevas.
Ahora bien, te aviso que, si abres tu mente lo suficiente como para aceptar, no creer, aceptar, lo que hoy vamos a ver, ocurrirán cosas.
¿Me acompañas?
Te contaré algunas historias.
Negocio lineal Vs Negocio exponencial
Si recuerdas, en 2015 empecé un proyecto online de afiliación con mi antiguo socio. Lo único que teníamos que hacer para tener éxito, pensábamos, era escribir cuatro buenos artículos semanales, dos cada uno. A nosotros nos parecía eso una proeza porque terminar cada artículo nos llevaba bastantes horas y bastante estrés.
A las pocas semanas de empezar conocí a Gonzalo, un cambiador profesional de paradigmas. Cuando le explicaba mi proyecto con ilusión y le detallaba nuestro infalible plan de escribir cuatro artículos a la semana y lo poco común que aquello era, él me dijo:
Cuatro artículos está muy bien Antonio, enhorabuena. Pero ¿qué pasa si una empresa con muchos recursos imita tu modelo de negocio y empieza a publicar doscientos a la semana? ¿o al día? ¿o a la hora?
Querido lector, querida lectora, cuando escuché eso todas mis creencias sobre mi recién comenzado negocio, de repente, se tambalearon. De haber aceptado esa visión que mi amigo me proponía, de haberme identificado con ella, de haber hecho el esfuerzo por ver con esas nuevas gafas, es decir, de haber experimentado un verdadero cambio de paradigma, mi negocio habría sido muchísimo más valioso desde el principio. En lugar de eso, mi paradigma no cambió entonces y todavía tuvieron que pasar cuatro años para empezar a buscar unas lentes y unas monturas que se ajustaran más a mí nuevo y creciente yo.
¿Cómo iba a pensar, con mi plan de escribir yo mismo los temas, de buscar yo las imágenes, de hacer yo la investigación, que era posible publicar doscientos nuevos contenidos a la hora? Era imposible, era otro paradigma.
Así que queréis ganar más dinero, ¿eh?
Creo que fueron unos tres años después cuando, en una cena con Gonzalo, le pregunté: ¿Cómo podemos ganar más dinero? Apenas ganamos dos mil euros al mes y trabajamos muchísimas horas.
Es muy sencillo, chicos. Si queréis ganar más dinero, no penséis en cómo ganar un poco más de dinero.
Mirad.
Si ganáis dos mil euros al mes y os empezáis a plantear cómo ganar tres mil o cuatro mil, vuestro cerebro sólo pensará en hacer lo mismo que ya está haciendo, pero un poco más.
Si trabajáis ocho horas al día, pensará en cómo trabajar nueve. Si sois productivos cuatro horas, se las ingeniará para intentar ser productivo cinco. Si escribís seis artículos a la semana, pensará en cómo escribir diez. Si invertís mil euros al mes, pensará en cómo invertir mil quinientos.
Es decir, vuestro cerebro querrá hacer lo mismo que hacía antes pero un poco mejor y con un poco más de esfuerzo.
Chicos, si ganáis dos mil euros al mes y de verdad queréis ganar más, no penséis en cómo ganar tres mil o cuatro mil, sino en cómo ganar treinta mil, o cincuenta mil.
Para crecer de verdad hay que cambiar el paradigma, cambiar el método, cambiar la forma en la que veis vuestro negocio, cambiar radicalmente la forma en la que hacéis las cosas.
Querido lector, querida lectora, ¿te das cuenta del valor de estas palabras?
Imagínate a Amancio Ortega trabajando como dependiente en una pequeña tienda de La Coruña doblando camisas. ¿Podría, con su nueva forma de ver la realidad, después de haber dirigido a miles de personas, después de haber viajado a casi todos los países del planeta, después de haber conocido a tantas y tantas mentes poderosas, después de tantas decisiones, después de haber llevado esas gafas, volver a su ciudad a hacer algo rutinario?
Establece el objetivo de convertirte en millonario por lo que representará para ti lograrlo. Una vez que te hayas convertido en millonario, el dinero no será importante. Podrías regalarlo si quieres. Lo importante no es el dinero, sino en lo que te has tenido que convertir para poder ganar un millón de dólares. Las habilidades que habrás aprendido, lo que sabrás sobre el mercado, sobre las personas, sobre la toma de decisiones, sobre la economía, sobre la personalidad, sobre los movimientos. Lo que sabrás es lo que tendrá valor. La persona en la que te hayas convertido es lo que sera valioso.
Jim Rohn
Y tú, ¿crees en los extraterrestres?
Cuando estuve en la India leí, o más bien, picoteé, decenas de libros. Era tal la información valiosa que encontraba que no podía parar de ir de una librería a otra, de comprar libros o de pedírselos prestados a otros viajeros.
Y en uno de ellos, leí un capítulo en el que allá por 1974, en Australia, hacían una entrevista a un monje tibetano. Una de las preguntas era más o menos así;
Lama Yeshe, ¿es el planeta tierra el único donde se puede alcanzar la iluminación?
Y el monje respondió: No. El planeta tierra no es el único planeta donde se puede alcanzar la iluminación.
¿Sabes? si algo he aprendido de los monjes budistas es que no hablan por hablar, que no dicen cinco palabras cuando podrían decir cuatro, y que lo que dicen lo hacen basándose en su propia experiencia, no en sus creencias.
De comprenderla, la escueta respuesta del Lama representa un gran cambio de paradigma para la mayoría de las personas, ya que lo que conlleva el aceptar como válida esa afirmación (es decir, que existen otros planetas donde existen otros seres que también desarrollan su conciencia para conseguir llegar a la iluminación) es diferente a todo lo que hemos escuchado durante nuestra vida.
Los meditadores avanzados no están en el paradigma donde se necesita tener un telescopio gigante, o un cohete espacial, ver vídeos sobre la teoría de la conspiración o pensar si los gobiernos nos ocultaban desde hace años la existencia de extraterrestres al mismo tiempo que nos daban millones de pistas en las películas de Hollywood.
No.
A ellos les da igual, pues en su paradigma, ellos usan el poder de su mente para acceder a la consciencia para llegar allá donde el cuerpo todavía no llega.
Haz de tu mente un océano.
Lama Yeshe
¿Y cómo va a llegar a comprender eso alguien que no sabe usar su mente, que no sabe que hay algo infinito, un océano, más allá de la mente, que no sabe si quiera lo que es la meditación? Es imposible, es otro paradigma, no está entre sus posibilidades, ¡no está en su cosmovisión! nunca mejor dicho.
El poder de tu cuerpo
Ya te he contado muchas veces que tu cuerpo, una vez entrenado, tiene unas capacidades excepcionales. El problemoncio es que desde tu paradigma actual, es decir, desde lo que hemos escuchado en occidente desde pequeños, eso no tiene ni pies ni cabeza.
¿Cómo va a tener nuestro cuerpo unas habilidades excepcionales, y resulta que no lo dicen en la tele, ni lo saben los médicos, ni conozco a nadie que los conozca? ¡Eso no tiene sentido! —dices—.
Es normal.
Cuando iba a mis primeras clase de Yoga y nos decían que sintiéramos nuestro cuerpo, yo pensaba: ¿Pero qué mierdas significa eso de sentir el cuerpo? ¡Yo no siento nada!
Y eso ocurría porque en mi antiguo paradigma mi mente estaba dentro de mi cabeza y servía sólo para pensar, para decirme ideas locas bastante a menudo y para tratar de concentrarme lo suficiente para sacar adelante un trabajo.
No sabía que la mente estaba en todo el cuerpo. No sabía que cada una de las células del cuerpo son una mente. No sabía que el cuerpo era energía.
Cuando alguien me hablaba de reiki, yo me reía.
Cuando alguien me hablaba de telepatía, yo me reía.
Cuando alguien me hablaba de chamanes, yo me reía.
Cuando vi aquel grupo de facebook llamado; «Soy psicógolo, no leo la mente y tú eres gilipollas». Yo asentía.
¿Por qué?
Porque desde mi paradigma no tenía siquiera acceso a todo el vasto conocimiento de nuestro cuerpo, no había un nexo, un puente, un cómo.
No sabía que había estudios donde explicaban cómo las células cancerígenas morían en tan sólo veinte minutos aplicando la energía Qi de manos de un maestro de Chikung experimentado.
No sabía que en Rusia y en Estados Unidos había cientos de centros que estudiaban los viajes astrales, no sabía que esos países estudiaban a los yoguis de la India o a los maestros de China.
Nunca debemos esperar a que la ciencia nos dé permiso para hacer lo poco común; si lo hacemos, entonces estamos convirtiendo la ciencia en otra religión. Deberíamos ser lo suficientemente valientes para contemplar nuestras vidas, hacer lo que pensábamos que era «fuera de la caja», y hacerlo repetidamente. Cuando hacemos eso, estamos en camino a un mayor nivel de poder personal.
Joe Dispenza
Querido lector, querida lectora, podría contarte cientos de historias, grandes cambios de paradigma que he ido experimentando a lo largo de mi vida en multitud de aspectos, como cuando vi a los padres de mi amigo Pepe adoptar a una niña senegalesa con parálisis cerebral y comprendí que iban a estar cuidándola hasta el último día de su vida y a mí me costaba hacerme cargo de un hamster, o como cuando al volver de Inglaterra supe que podía vivir en cualquier país del mundo, o cuando entendí que la muerte no existía, o como cuando experimenté que el amor no se trataba de recibir ni de pedir.
Los primeros cambios de paradigma me hicieron resquebrajar toda mi estructura mental, incluso si estos no eran grandes cambios, como aquella vez que, con quince años, un hombre me dijo que no había nacido para hacer un único trabajo, o aquella vez que, con veinte, mi amigo Juan me dijo: Antonio sólo te voy a dar un consejo: No te gastes todo el dinero que ganes.
Pero a medida que he ido creciendo y viviendo y acercándome a cambios por así decirlo más atrevidos, me he dado cuenta de que el hecho de estar dispuesto a abandonar mi creencia, toda mi creencia, y aceptar una nueva como posible, como viable, como mía, ha sido lo que más me ha hecho acercarme a aquello que, quizás sin saberlo, me hace más grande.
Por eso, querido lector, querida lectora, te deseo tantos cambios de paradigma como puedas soportar.
Gracias por leerme.


Debes desaprender lo que has sido programado para creer desde el nacimiento. Ese software ya no te sirve si quieres vivir en un mundo donde todas las cosas son posibles.
Jacqueline E. Purcell