No vemos el mundo como es, lo vemos como somos

«Cuando no puedes controlar lo que está ocurriendo, cambia en ti mismo la manera en la que reaccionas a lo que ocurre. Ahí es donde está el poder».

A la entrada de un pueblo había un viejo sentado en un banquito de piedra. Un joven que venía caminando se acercó al viejo y le preguntó: Perdone señor, vengo de muy lejos, ¿cómo es la gente de este pueblo? Estoy pensando venirme aquí a vivir una temporada.
Hola, hijo. ¿De dónde vienes?
De un lejano pueblo, no creo que lo conozca.
¿Y cómo es la gente de tu pueblo?
La gente de mi pueblo es egoísta, estafadora y muy envidiosa, son muy malos vecinos. Precisamente me voy del pueblo por eso, no quería vivir más allí.
Entiendo, joven. Lamento decírtelo pero los habitantes de este pueblo son iguales que los del tuyo.
El joven forastero le dio las gracias y prosiguió su viaje.

Al día siguiente, otro joven vino caminando y le hizo la misma pregunta.

Perdone, amable señor, vengo de muy lejos, ¿cómo es la gente de este pueblo? Me gustaría venir a vivir una temporada.
Hola, hijo, ¿de dónde vienes?
Es un pueblo muy lejano, no lo conocerá.
¿Y cómo es la gente de tu pueblo?
En mi pueblo todo el mundo es muy hospitalario, cariñoso y amable, tengo unos vecinos maravillosos. La verdad es que me dio mucha pena despedirme de ellos, tengo grandes amigos y espero volver algún día.
Entiendo, joven. Pues en este pueblo los habitantes son así también, bienvenido, te sentirás como en casa.
Muchas gracias, creo que me quedaré a vivir aquí con ustedes.


Estoy seguro que, al igual que me pasó a mí durante toda mi vida y aún me pasa cuando me descuido, muchas personas creen aún que ven el mundo realmente como es, es decir, piensan que están mirando el mundo de manera objetiva, que su manera de verlo es la manera de verlo, que sólo hay una realidad y es la que ellos (y todos) ven. En este artículo intentaré explicar de una forma que espero se entienda cómo en realidad no vemos el mundo como es, sino que vemos el mundo como somos. Esto afecta a nuestra experiencia vital como ninguna otra cosa, y comprenderlo y darnos cuenta de que tenemos unas gafas puestas que colorean nuestra realidad, es el primer paso para poder cambiar y mejorar para experimentar una vida más satisfactoria y plena, además, como efecto colateral de entendernos a nosotros mismos entenderemos a los demás y podremos hacer sus vidas también más satisfactorias y plenas.

Historia 1

Creo que tendríamos unos dieciocho años aquel día que mi amigo Salvador y yo íbamos paseando por la calle. Salva nació en Madrid aunque sus padres son de Guinea Ecuatorial, se vinieron muy jóvenes buscando una vida mejor para ellos y para sus hijos.

Mientras caminábamos vino de frente un chico negro y Salva le dedicó una mirada, un rápido gesto como si estuviera asintiendo.

—  ¿Qué ha sido eso Salva? jajaja, ¿una mirada de negro?  – Le dije a Salva -.
Emmmm…. no. Mi madre me enseñó que es de buena educación saludar a una persona que podría ser de tu mismo país.
— Sí claro, jajaja, eso ha sido una mirada de negro. ¿Qué haréis ahora, un saludo de esos con las manos como en el Bronx?
Emmm….

Más de diez años después viajé a Senegal con mi amigo Pepe. Un día que iba yo solo caminando por Dakar me crucé a un chico blanco y, cuando le tenía cerca, de forma instintiva le dediqué una mirada, un rápido gesto como si estuviera asintiendo.

En ese momento entendí por qué Salva saludó al chico negro y pensé en escribir este artículo, y es que no vemos el mundo como es, sino que vemos el mundo como somos.

Historia 2

Cuando era pequeño me horrorizaban los baños esos con un agujero en el suelo. ¿Cómo es posible que alguien sea capaz de crear semejante cosa? ¿qué clase de civilización involucionada ha inventado esto? solía pensar.

Me pasé mi infancia y juventud sintiendo repugnancia cada vez que iba a un lugar y sólo me encontraba esas letrinas.

Muchos años después me enteré y comprobé de que la posición de cuclillas es con mucha diferencia la mejor para cagar evacuar, y precisamente un baño con agujero sirve para ayudarte en tu íntima tarea. Ahora cada vez que veo uno de esos baños me alegro muchísimo porque sé que es muy bueno para mí y para mi estómago.

Los baños siguen siendo los mismos pero yo he cambiado, y es que no vemos las cosas como son, sino que las vemos como somos.

Historia 3

Ya que hablamos de mierdas, recuerdo a la perfección cuando en un viaje a Malasia me encontré en los baños con una de esas mangueritas para limpiarse el culo.

¿Pero dónde está el papel por Dios? ¿Qué le pasa a esta gente? ¿Qué clase de subhumano puede no tener papel en los baños? ¿Qué pretenden que haga con esa manguerita? ¡Qué guarrería!. Solía decir. A partir de ese momento fui, durante más de quince días, con un rollo de papel higiénico en la mochila.

Años después viajé a la India y, cuando estaba alojado en un hotel, me volví a encontrar cara a cara con una de esas mangueritas. Afortunadamente también había papel, así que le dije a mi compañero que no se preocupara, que no cundiera el pánico.

Nuestros culos están a salvo, supongo le dije.

Prueba la manguera, me dijo mi compañero. Es algo así como un millón de veces más efectivo, más limpio y más ecológico. Si te caga una paloma en la mano, ¿qué prefieres, limpiarte con un papel o con agua y jabón?

Usé la manguera y desde el primer momento me di cuenta de que en occidente hemos vivido por debajo de nuestras posibilidades. Lo primero que compraré cuando tenga mi propia casa será una manguerita, antes incluso que la cama.

Si pudiera, incluso llevaría en los viajes una manguerita en la mochila.

La manguerita sigue siendo la misma, pero yo he cambiado. Y es que en realidad no vemos el mundo como es, sino que lo vemos como somos.

Historia 4

Durante parte de mi juventud tuve un fuerte resentimiento con la iglesia y con todo lo relacionado con la religión. Locos, decía. Simplemente locos.

Incluso si cuando estaba leyendo un libro aparecía la palabra «Dios», me ponía de mala leche. Ya estamos con cosas raras, decía yo.

En el 2018 viajé a la India para estudiar el curso de profesores de Yoga, además aprendí las bases del budismo y leí varios libros como el maravilloso «Autobiografía de un Yogui», que como curiosidad, era el libro favorito de Steve Jobs. El libro tuvo tanto impacto en la vida de Steve Jobs que regaló en su funeral una copia del libro a cada uno de los asistentes, entre los que se encontraban algunas de las personas más influyentes del planeta.

Al volver de la India seguí leyendo libros, practicando yoga y teniendo algunas experiencias. En una ocasión fui a un curso en Valencia que se llamaba «Elevación de la consciencia», que consistía básicamente en que comprobáramos nosotros mismos cómo el amor es una energía, una vibración más elevada a la que cualquier persona puede acceder.

A la mañana siguiente de volver a Madrid experimenté durante unos minutos algo que había leído muchas veces: de repente sentí como si todas las personas con las que me crucé, todos los perros, gatos y seres vivos, fueran mis hermanos. Fue gracioso porque mientras caminaba por La Latina me crucé a un grupo de curas que acababan de salir de una iglesia, me los quedé mirando con una cara de felicidad que no me cabía encima y ellos me miraron sonriendo.

No es fácil de explicar, eso duró sólo unos minutos y tú posiblemente en este momento estés pensando que estoy loco (recuerda que ves el mundo como eres 😀).

Ahora entro a las iglesias con curiosidad, escucho sus sermones con otros oídos, leo libros donde aparece la palabra Dios a menudo y trato de encontrarle significado más allá del condicionamiento mental que tienen unos u otros.

Todo eso sigue igual pero yo he cambiado, y es que no vemos el mundo como es, sino que lo vemos como somos.

Historia 5

Recuerdo que cuando éramos pequeños a mi prima Ingrid no le dejaban ver la tele. A mí eso me parecía una salvajada, ¿cómo es posible no dejar ver la tele a un niño? pensaba. Yo que me pasaba las horas viendo dibujos o jugando a la consola.

Muchos años después crecí y, más o menos cuando tenía veintidós años, dejé de ver la televisión para siempre. Ahora alabo el valor de mis tíos al no tener TV en casa cuando su hija era pequeña, y sí fomentar los libros, los juegos de mesa y las manualidades.

La situación es la misma pero para mí ha cambiado completamente, y es que al parecer no vemos las cosas como son en realidad, sino que las vemos como somos nosotros en función de nuestras experiencias y juicios.

Historia 6

El año pasado decidí terminar la relación laboral de cuatro años con mi amigo de la infancia y socio Mario, así que le ofrecí comprarle su parte del negocio. Aunque los dos intentamos poner lo mejor de nuestra parte, en mi cabeza aparecieron un montón de pensamientos negativos y resentimiento hacia él.

«Es que no hiciste esto, es que me hiciste aquello, es que tú dijiste esto, es que no dijiste aquello, es que yo te di tanto, es que tú no me diste tanto, es que, es que, es que».

Justo el día después de tener una de nuestras peores conversaciones en el bar más bonito de Madrid (la parte de abajo del «El Parnaso», en la Plaza de Cascorro), mis pensamientos compulsivos estaban pudiendo conmigo y básicamente me estaba autodestruyendo.

Como era martes, era mi clase de canto (lo digo para que me admires y parecer guay por ir a canto pero en realidad sólo fui a dos clases y no volví jamás) y aunque no sé muy bien cómo, saqué fuerzas y fui a la clase.

Mientras todos estaban ahí con caras felices dispuestos a dar la mejor voz, yo era una mezcla entre pitufo gruñón y el enanito aún más gruñón.

Nuestras (dos) clases de canto empezaban con unos curiosos ejercicios de taichí en las que movías las energías del cuerpo de arriba a abajo y, ¿sabes qué? en menos de cinco minutos todos mis pensamientos compulsivos desaparecieron y mi mente era de absoluta paz.

La situación era la misma pero yo había cambiado, al menos durante unos minutos. Y es que no vemos al mundo como es, sino que lo vemos dependiendo de cómo es nuestro estado de ánimo en ese momento.

Meses después mi querida Gemma me enseñó la valiosísima técnica de los agradecimientos y comencé la rutina de dar las gracias cada día al despertar. A los pocos días empecé a dar las gracias a Mario por miles de situaciones. Gracias Mario por tus grandes abrazos, gracias Mario por tus muchísimas explicaciones y por tu gran paciencia, gracias Mario por los cientos de artículos sobre S.E.O que te leíste y que me compartías, gracias Mario por el año que vivimos juntos en un precioso piso en La Latina, gracias por las miles de microacciones que hiciste durante años sin que yo me diera cuenta y beneficiaron nuestro negocio, gracias por tu sentido del humor y por las miles de veces que me has hecho reír hasta acabar aplaudiendo como una foca, gracias por aquella vez que fuiste a trabajar para una agencia y luego me compartiste tu conocimiento, gracias por…

Y un buen día me di cuenta de que no tenía más resentimientos hacia él, que lo positivo que veía en él era infinitamente superior a lo negativo y, de hecho, lo negativo ahora no lo era porque lo veía como parte del proceso del aprendizaje de mi vida para llegar a donde estaba justo ahora mismo.

Las situaciones eran las mismas, Mario era el mismo, pero yo le veía completamente diferente. Y es que parece que no vemos la realidad como es, sino que la vemos como somos nosotros.

Historia 7

Creo que tendría unos quince años la primera vez que fui a comer a un restaurante vegetariano. Desde esa vez hasta los siete u ocho años siguientes, pensaba que cómo era posible que alguien eligiese esos restaurantes, que cómo era posible que alguien fuera vegetariano.

jajaja, con lo rica que está la carne. (Supongo que diría).

Años después empecé a practicar el yoga, los ayunos, el ayurveda, el budismo, la meditación. Me convertí en científico de mi propio cuerpo (también he dicho esta frase para impresionarte, pero bueno en realidad sí que es así un poquito) y un buen día decidí por fin y de una vez por todas que no iba a volver a comer carne. ¿Y sabes? Ahora veo a los carnívoros como unos cabrones desalmados que…

¡Que es broma hombre!

Ahora veo la realidad de una manera diferente a cómo la veía antes, muy diferente. Simplemente mis experiencias y mis vivencias han ido cambiando con el paso del tiempo en función de los conocimientos y las reflexiones que he ido adquiriendo.

Ahora siguen habiendo restaurantes vegetarianos y siguen habiendo restaurantes donde puedes comer también carne, todo sigue igual pero yo lo veo diferente, y es que al parecer no vemos el mundo como es, sino que lo vemos como somos nosotros.

¿Cómo ver el mundo como es en realidad y no como somos nosotros?

Hace unas semanas escribí un artículo sobre mi experiencia en el retiro de diez días de la Meditación Vipassana que no te leíste porque era muy largo, ¿y sabes qué significa Vipassana? Significa literalmente «Ver las cosas como son en realidad». Esa meditación te ayuda a eliminar el condicionamiento mental que arrastramos desde que nacimos (incluso desde antes de nacer), quita la cortina, la venda que tapa nuestros ojos y nuestros sentidos, para que poco a poco veamos la realidad sin juicios, sin gafas coloreadas.

¿Que para qué sirve eso?

Eso lo tendrás que descubrir tú pues lo que yo te diga estará basado en mi forma de ver el mundo, pero lo que sí puedo garantizarte (de hecho no puedo) es que entre otras cosas sirve para ver la belleza de la vida en todo su esplendor.

«Cada uno de nosotros tenemos una manera particular de mirar al mundo, de interpretar los eventos y las acciones de las personas que nos rodean. Esa es nuestra actitud, y nuestra actitud determina qué es lo que nos ocurre en la vida. Si nuestra actitud es esencialmente miedosa, veremos cosas negativas en cada circunstancia. Nos quitamos a nosotros mismos la posibilidad de tener oportunidades.

Culpamos a otros por los errores y además no nos permitimos aprender de ellos. Si somos hostiles y tenemos pensamientos de sospecha, hacemos que otros desarrollen ese comportamiento en nuestra presencia. Saboteamos nuestra vida y nuestras relaciones creando inconscientemente las situaciones que más tememos.

La buena noticia es que la actitud humana es maleable. Haciendo nuestra actitud más positiva, abierta y tolerante hacia otras personas, podemos crear una dinámica diferente, podemos aprender de la adversidad, crear oportunidades de la nada y atraer buenas personas hacia nosotros.

Debemos explorar los límites de nuestra fuerza de voluntad y cómo de lejos puede esta llevarnos».
Robert Greene, en el libro «The Laws of Human Nature».

Estas han sido sólo algunas de las cientos de historias que tengo en mente. Cuanto más consciente soy de que tengo unas gafas puestas que distorsionan la realidad, más me pregunto si la decisión que estoy tomando en ese momento es racional (poco probable) o emocional y basada en mis juicios (muy probable), si estoy actuando desde un pensamiento de miedo y cerramiento mental (muy probable) o desde el amor y apertura mental (poco probable por ahora).

Gracias por leerme.

Fotografía de portada Andre Mouton.

Comments

  1. Caro Chan - 23 septiembre, 2019 @ 12:18 pm

    Yo me leo todo lo tuyo. Lo del Vipassana fue todo un ebook ,pero de la hostia.
    Me encanta cómo escribes, me gusta lo que piensas y ademas me siento súper alineada contigo. Se puede pedir más?

    He leído esto y he resonado con cada historia. He tenido momentos místicos, como el tuyo con los curas, o el día que me encontré un guiri por el metro de Tokyo hace 18 años. Esa camaderia, ese somos todos los mismo y os amo… Lo que me da coraje es que es efímero, quisiera poder tener esos sentimientos a conciencia, porque hoy por hoy los necesito.

    Nuestro sistema de creencias configura nuestra realidad, aquello que no conoces no lo puedes percibir. A modo de aquellos nativos americanos que no vieron las carabelas de Colón acercarse a sus costas. Lo que no está en ti, no lo puedes ver. Lo bueno y lo malo, todo está en nosotros. Y sin lo bueno, no existe lo malo pero este mundo es dual y tenemos que tener de los dos.

    Está genial poder cambiar creencias para no » sentirnos mal», pero ese sentirse mal forma parte de la experiencia. Siento decirte esto pero tienes que sentirte mal, y está genial que tengas la capacidad de trasmutarlo todo. Pero aprender a vivir con esa parte que no mola una mierda es » masterizar» la vida. Y eso te enseñó el Vipassana.

    Disfruta de tus logros y nirvanas y aprende de tus mierdas «sin manguera».

    Te quiero Antuan y nos tenemos que ver YA

    XD

    Chuuu!

    • Antevez - 23 septiembre, 2019 @ 12:52 pm

      ¡Carooo! gracias por tu comentario y aún más gracias por compartir tus experiencias.

      El momento «efímero» de os amo se alarga con la práctica de la metidación y supongo que con otras técnicas. Jesucristo y otros grandes éxitos vivían en ese estado permanente.
      Mi intención es trabajar para llevar ese estado a la normalidad.

      Yo no intento cambiar creencias para no sentirme mal Caro, yo intento ver la realidad como es, y la realidad no es ni buena ni mala, la realidad es, y eres tú quien le da la connotación de positiva o negativa.

      Eso es lo que aprendí en el Vipassana 🙂

      Un abrazo grande,

  2. Roberto - 17 noviembre, 2019 @ 5:52 pm

    Gracias, Gracias, Gracias, otra vez más un gran mensage, quien tenga oídos que escuche….Esta muy claro que segun tus creencias así lo percibes,ya que cada uno analice, haga una larga meditación sobre si mismo observarse en lo más profundo de uno mismo,incluso cambiaría mi pasado para un aquí y ahora, mejor y un futuro soñado y vivido ,una forma de visualizar de cambiar creencias y actuar,a se me olvidaba compre el libro gracias(Autobiografia de un Yogui)
    Un Saludo

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