Haz esto cada mañana al despertar por el resto de tu vida

Observa tu propio cuerpo. Respira. Respira cuando estás dormido, cuando ya no eres consciente de tus ideas sobre tu propia identidad.

¿Quién, entonces, está respirando? Todo ese montón de información que erróneamente piensas que eres tú, no es el protagonista principal de ese drama llamado «respiración». De hecho, tú no estás respirando; la respiración te está sucediendo, naturalmente. Puedes acabar con tu propia vida a propósito, pero no puedes mantener tu propia vida en marcha a propósito.

La expresión «mi vida» es en realidad un oxímoron, un resultado de la ignorancia y de una errónea suposición. Tú no posees la vida; la vida se expresa a través de ti. Tu cuerpo es una flor que la vida dejó florecer, un fenómeno creado por la vida.
Ilchi Lee

Me encontraba en un bonito restaurante de Risikesh apunto de pedir el mejor desayuno de la carta. Acababa de terminar el curso para profesores de yoga de doscientas horas donde, entre otras cosas, obtuve un valioso aprendizaje sobre mi cuerpo, mi mente y el universo.

Después de un duro mes, ahora disponía de varios días en los que podía sólo preocuparme por descansar, hacer yoga, pasear por la ciudad con mirada curiosa y disfrutar de la variedad de la comida India.

Por la puerta apareció Dai, un japonés que aún no conocía pero que me había encontrado en repetidas ocasiones caminando por las calles del pueblo y siempre, siempre, siempre, me llamaba muchísimo la atención, pues su andar era lento, su mirada muy despierta y parecía como si estuviera observando la totalidad del mundo a cada paso.

— Hey, ¿quieres desayunar conmigo? yo te invito, siempre te he querido conocer.

— Muchas gracias, me siento contigo aunque no tienes que invitarme, I appreciate. My name is Dai.

— Me llamo Antonio, es un placer conocerte.

Mientras comíamos, Dai me contó que acababa de terminar un curso de doscientas horas de meditación.

Yo había terminado un curso de yoga donde di algunas pinceladas de meditación. Él había terminado un curso de meditación donde había esbozado algunos trazos sobre el yoga.

Aquel japonés tan despierto me contó que había más de cien técnicas conocidas de meditación y que cada una de ellas era un universo de conocimiento. Me habló de prácticas para entrar en los sueños en diferentes estados de conciencia. Me relató algunas maneras de llevar tus niveles de concentración a lugares inimaginados. Aunque Dai hablaba muy poco, lo que me contó era mucho.

Cada vez me intrigaba más saber lo que había aprendido, así que le hice una pregunta.

Dai, si pudieras darme un consejo, un único consejo, si pudieras contarme lo más valioso que has aprendido, lo que crees que más me aportaría, ¿qué sería?

Lo que Dai me enseñó

Antonio, cada mañana cuando te despiertes quédate ahí sobre la cama unos minutos, en silencio, sólo sintiendo cómo entra el aire por tu nariz y cómo sale. Haz una respiración profunda, lenta, muy lenta, luego respira normal. Es tu momento, sin tiempo, sin tú. En ese instante nada más existe, no tienes que hacer nada más, ni ir a ningún sitio, no existe trabajo, ni preocupaciones, ni pensamientos, sólo tienes que sentir cómo entra el aire y cómo sale, rozando las aletas de tu nariz, sólo tienes que sentir que estás ahí, vivo, respirando.

Querido lector, querida lectora, tengo que confesarte que cuando Dai me dijo esas palabras me quedé un poco desilusionado. ¿Eso es lo mejor que puedes decirme? ¿Ese es tu gran consejo? ¿Lo mejor que has aprendido en un curso de doscientas horas de meditación?

Tardé muchos meses, y muchas horas de meditación, en comprender la importancia de lo que Dai quería transmitirme, en entender la increíble complejidad y al mismo tiempo la tremenda sencillez de sus palabras.

A menudo sentía, (y aún hoy me pasa, aunque menos) que la vida me lleva, que voy montado en un barquito de madera sin remos en un río que no sé a dónde va. Que todo pasa muy rápido, que todo tiene una cierta urgencia, que donde estoy nunca es el lugar donde tengo que estar. Que siempre hay un reloj sonando, algo apremiando, algo más importante que va a ocurrir. Un whatsapp apunto de sonar, un email apunto de entrar, un nuevo libro que leer, un plan al que ir, vídeo que ver, lugar que caminar, ciudad que visitar, persona que conocer.

Me pasaba eso porque ignoraba que todo el aprendizaje de una vida se podía resumir en las palabras que aquel japonés me contó durante un desayuno.

Por eso hoy me gustaría que esta fuera mi pequeña aportación a tu día: Mañana y el resto de tu vida, cuando despiertes, quédate ahí donde estás, simplemente respirando. No tiene que ser mucho tiempo ni tiene que ser tumbado sobre la cama (mi despertador suele sonar a varios metros de distancia para tener que levantarme a apagarlo), no importa dónde estés, pues lo único que importa es que invites a tu respiración y que te quedes ahí, unos segundos o minutos, sintiéndola, sintiéndote.

Y para que no te quedes con la misma sensación con la que me quedé yo aquel día, te diré algo más que he descubierto: Después de esas respiraciones, emplea al menos un minuto en imaginar cómo te gustaría que fuera tu día, tu día perfecto.

Eso es todo, nada más, nada menos.

Gracias por leerme.

Hoy sé que conviene dejar de tener experiencias, sean del género que sean, y limitarse a vivir: dejar que la vida se exprese tal cual es, y no llenarla con los artificios de nuestros viajes o lecturas, relaciones o pasiones, espectáculos, entretenimientos, búsquedas… Todas nuestras experiencias suelen competir con la vida y logran, casi siempre, desplazarla e incluso anularla. La verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. No viajar, no leer, no hablar… todo eso es mejor que su contrario para el descubrimiento de la luz y de la paz… Pero a los seres humanos no suele bastarnos con los peces, y mucho menos simplemente con el agua; preferimos las olas: nos dan la impresión de vida, cuando lo cierto es que no son vida, sino solo vivacidad. Pablo d´Ors

Comments

  1. Isabel - 13 enero, 2020 @ 9:34 am

    Me encanta la reflexión Antonio
    Estoy en ese camino de dejar simplemente que las cosas sean.

    • Antonio Herrero Estévez - 13 enero, 2020 @ 11:08 am

      ¡¡Gracias Isa!! pues es un gran camino ese 🙂

  2. Patricia - 13 enero, 2020 @ 5:13 pm

    Cada mañana simplemente respiraré y decidire mi día…!!!☮
    Gracias antonio por cada reflexión, los lunes ahora son mas luminosos.besoss y buena semana para vos!!

    • Antonio Herrero Estévez - 20 enero, 2020 @ 9:15 am

      Gracias gracias gracias Patricia 🙂

  3. Nelly - 26 enero, 2020 @ 11:32 am

    Gracias Antonio, me encantó, como dices, es corto el escrito pero con que profundidad llega al alma y junto al ejercicio de observar simplemente como somos vida, antes que nada, es grandioso. Sin duda, lo practicaré…

    • Antonio Herrero Estévez - 26 enero, 2020 @ 3:21 pm

      Qué bonito comentario Nelly, muchas gracias, si con mi escrito he conseguido que lo practiques, ha conseguido el propósito 🙂

      Un abrazo

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