El maravilloso mundo del sí puedes

 No deje que otras personas decidan lo que usted será.
Sea lo que usted siente que quiere ser
.
Wallace D. Wattle

Hace unos días fui al parque con mis sobrinas a pasear a Lula, una perra preciosa mitad chucha, mitad chucho. Mi sobrina más chiquitina tiene dos años y se llama Julieta aunque últimamente la llamamos Julietina. Julieta se empeñó en que quería subir a una de esas estructuras para niños, pero como ella lo veía tan alto y pensaba que no podría por ella misma, empezó a decir una y otra vez «titotón quiero subir», «titotón quiero subir».

Yo soy titotón.

Molan mucho los niños porque, para ella, «el tío Antonio» es titotón. Es decir, a ella le da exactamente igual cómo me llamen otros, o cómo crea yo que me llamo, ella lo que hace es llamarme como ella puede, lo que ella es capaz de pronunciar. En dos palabras: se atreve.

Julieta se atreve con lo que es capaz.

Lo que te estoy diciendo es que molan mucho los niños porque no tienen miedo.

Fíjate, cuando son recién nacidos analizan el mundo desde sus dos ojillos en la cuna o en los brazos de mamá, porque es lo único que saben hacer, mirar. Se atreven a mirar. Miran todo, analizan cada hueco de la habitación, cada forma de las nubes, cada puntito del gotelé. Hasta se quedan mirando fijamente a los adultos y ahí no hay quién les gane en mantener la mirada.

Meses después, los bebés ya pueden rodar. Ahora pueden mirar y rodar, y como pueden, lo hacen, y si les dejas encima de la cama ruedan como una croquetilla hasta que se caen o hasta que se topan con algo.

Después empiezan a poder gatear, y como saben que pueden gatear, pues gatean mopeando todo el suelo. Después se ponen de pie. Se ponen de pie y se caen, se ponen de pie y se caen hasta que sólo se ponen de pie, se agarran a algo, y caminan.

Molan los bebés porque cuando se caen ellos no piensan que son el peor bebé del barrio porque se han caído, ellos no se cuestionan esas cosas de mayores, lo que sí hacen es volver a ponerse de pie y volver a intentar caminar hasta que lo consiguen.

Hacen todo eso porque todavía no han aprendido lo que es el miedo.

A no ser que los padres no hayan comprendido mucho de la vida, no le dirán al bebé que es el peor bebé del mundo porque no sabe ponerse de pie, sino que le mirarán, le ayudarán, y finalmente le alabarán cuando lo consigue.

Creo que eso también es parte del problema, alabar a una persona que hace algo sin esperar alabanzas, aunque eso lo dejamos para otro capítulo.

El caso es que Julieta me dijo «titotón quiero subir», y yo le dije, pues sube.

Y Julieta me dijo que no podía. Julieta ya estaba aprendiendo lo que era el miedo.

Yo le dije que sí podía.

Ella me dijo que no.

Yo le repetí que sí, y le dije, «si quieres, puedes, Julieta, inténtalo».

Pero como Julieta no se había leído ningún libro de desarrollo personal porque no le gusta que nadie le diga lo que tiene que hacer, ni ha hecho ningún seminario de Tony Robbins, ni ve vídeos de motivación porque dice que no los necesita, ni va a cursos de gestión del miedo porque le da miedo, Julieta se tiró al suelo y empezó a patalear y llorar desconsoladamente como hacemos los mayores.

«No pueoooooouuuu». «Túuuuu». —Lloraba Julieta—.

Mierda, necesito un plan B. No contaba con su astucia y menos con sus argucias de niña de dos años. —Pensé—.

Sí tú te ayudas, yo te ayudo

Entonces me acordé de las palabras de mi amigo Juan. Mi amigo Juan es una de esas personas que desde que es pequeño sabe hacer de todo, es bueno en todo y siempre tiene tiempo para todo.

En una ocasión, hace no mucho, le pregunté a Juan, ¿cuál es tu secreto? ¿cómo te educaron tus padres?

Y Juan me contó su secreto.

— Mi madre desde pequeño siempre me dijo que mientras no me matara o hiciera daño a otros, me dejaba hacer cualquier cosa. Los niños no son de nuestra propiedad Toño, a un niño no puedes quitarle su curiosidad, o impedir que intente algo. A un niño sólo tienes que guiarle para que no se haga daño, ese es tu papel como padre, hacer que no se haga daño. Él se atreve con todo si le dejas, se abre a todo, se cría solo, se desarrolla solo.

— Hay algo más, Toño. Mi madre siempre me decía, «si tú te ayudas, yo te ayudo». Si tú ahorras cinco, yo te doy diez.

Imagínate.

La madre de Juan le estaba diciendo, «si tú primero eres capaz de cuidar de ti mismo con tus recursos, si aprendes a valerte por ti mismo, si te desarrollas y creces, yo, que tengo más recursos que tú porque soy más mayor, te daré más. Si tú te ayudas, yo te ayudo».

La madre de Juan le había dado el mayor regalo que se le puede dar a un ser humano, le había dado el poder del esfuerzo, el poder de la confianza, el poder de la autoconfianza y, lo que es más importante, le había dado el poder del tú sí puedes.

Esas palabras de Juan me hicieron entender lo que era una familia. Guía, amor y apoyo, nada más.

* Puedes conocer a Juan en su blog retirarse joven.

Volvamos una vez más a la historia de Julieta.

Julieta, si tú te ayudas yo te ayudo. —Le dije. Tenía que darme prisa, Julieta ya había aprendido que no podía. Ahora alguien tenía que hacerle ver que sí, que sí podía.—

Julieta no me entendía. Julieta sólo lloraba desconsoladamente y pataleaba y decía, «túuuuuu», «quiero subiiiiiiir».

Entonces cogí a Julieta, la llevé a la estructura y le puse sus manitas en el borde.

Sube Julieta.

Nooooooo. No pueeeeoooouuu.

Cogi su piececillo y lo apoyé en la primera barra. Sube.

Nooooooo.

Estoy aquí, sube. — Y puse un dedo en su espalda— . Si tú te ayudas, yo te ayudo.

Julieta hizo fuerza en el pie que aún estaba en el suelo con un poco de ayuda, se elevó un poco, puso los dos pies en la barra, la guié otro poco y subió a la estructura. Ella se había ayudado, y yo la había ayudado a ella.

Luego le volví a bajar para empezar de nuevo. Sube Julieta.

Nooooooo. No pueeeeoooouuu.

Sí puedes, inténtalo.

Esta vez tuve que hacer menos esfuerzo.

La tercera vez menos.

La cuarta vez menos.

La quinta subió ella sola.

La sexta Julieta subió muy rápido, tendrías que haber visto su cara de satisfacción.

Querido lector, querida lectora, quizás te estás preguntando por qué te estoy contando todo esto.

Te lo cuento porque hace unas semanas estaba en Berlín con mi hermano mayor y me preguntó si me leía mucha gente en el blog, y yo le dije que no, que aún me leían pocas personas pero que estaba creciendo con rapidez.

Entonces él me dijo: bueno, pero es que para tener un blog hay que tener algo que decir, ¿no?

Imagínate.

Mi hermano mayor pensaba que yo no tenía nada que decir, nada que contar.

Mi hermano mayor me estaba diciendo «tú no puedes».

Lo que no sabe mi hermano es que todos y cada uno de los seres humanos de esta tierra, todos y cada uno de los seres vivos, tenemos algo que contar, incluido yo.

Querido lector, querida lectora, te cuento esto porque quiero que sepas que en el mundo existen dos clases de personas, las personas sí puedes y las personas no puedes.

Las personas sí puedes son aquellas que te hablan con confianza, con crecimiento y con amor. Las personas no puedes son aquellas que te hablan con inseguridad, cerramiento y miedo.

Las personas no puedes son aquellas que te dicen que algo no es posible. Las personas sí puedes te animan a que te preguntes, ¿cómo lo vas a hacer posible?

Y el que tú hayas tenido unas u otras personas en tu vida, es lo que ha marcado toda tu diferencia.

Nada más. Nada menos.

Sí puedes

Te cuento esto porque quizás, tus padres, como el mío, sean personas «no puedes».

Quizás tus profesores, como casi todos los que yo tuve cuando era pequeño, eran personas «no puedes».

Y hay algo que tienes que comprender.

Las personas «no puedes» no son así porque quieran. No son así contigo porque crean que tú no puedes. No son personas «no puedes» por elección sino por falta de ella. Ellos sólo te ven a ti como ellos se ven a sí mismos, como ellos ven el mundo. A ellos a su vez les hicieron ver desde pequeños que no podían, y no supieron, o no pudieron, escapar de esa visión, ver más allá, ver que sí podían.

Y algo más que tienes que comprender, todos somos en ocasiones personas no puedes, lo verdaderamente importante es ir, paso a paso, convirtiéndonos en ejemplos de apertura, de crecimiento, de amor, de apoyo, ejemplos de grandes tú sí puedes.

Te cuento esto porque cuando era pequeño, entre otras muchas cosas mi padre me dijo que era tonto porque no entendía algo de matemáticas.

Me plantó la semilla del tú eres tonto y la semilla se desarrolló y creció en mí.

Te cuento esto porque cuando era pequeño, entre otras muchas cosas una profesora me dijo con ira en su mirada que era un vago y que no llegaría a nada.

Me plantó la semilla del tú eres vago y no vas a llegar a nada y la semilla se desarrolló y creció en mí.

Te cuento esto porque cuando era pequeño escuché tantos no puedes que yo no confiaba en mí, ni en mis capacidades, ni en las infinitas posibilidades que ofrecía la vida.

Imagínate.

El ser humano es un prodigio de la evolución, de la naturaleza, pero estamos tan rodeados de personas no puedes, tan asediados por noticias y sociedades no puedes, que hasta llegamos a vivir pensando verdaderamente que no podemos, hasta llegamos a morir pensando que no podíamos.

Imagínate estar en el momento antes de tu muerte y pensar con ojos llorosos. ¿Y si… hubiera podido?

Querido lector, querida lectora, te cuento esto porque yo tuve suerte. No fue rápido ni fue sencillo, pero alguien creyó en mí alguna vez (mi madre es una gran «sí puedes»), leí muchos libros «sí puedes», conocí a algunas personas «sí puedes», desaprendí muchos «no puedes» y entonces empecé a creérmelo, y de tanto que me lo creí empecé a hacerlo posible, y hoy sé que todo, absolutamente todo, es posible.

Te cuento esto porque no sé si tú tuviste la misma suerte que tuve yo y quizás piensas que no, que tú no puedes.

Pero quiero que sepas que sí, que tú sí puedes. Que eres muy grande, que eres inmenso/a, que eres un prodigio de la evolución, que no importa cómo seas, dónde hayas nacido, quienes sean tus padres o profesores o vecinos, que puedes con más de lo que imaginas, que puedes tener lo que quieras, que puedes hacer lo que quieras, que puedes ser lo que tú desees.

Si ahora mismo, mientras lees esto, estás pensando que estoy diciendo tonterías, conceptos new age sin sentido pragmático y realista, siento decirte que estás impregnado con el «no puedes», que has caído en la trampa.

Pero no te preocupes, en el momento en que tú lo decidas, entonces ahí sabrás que sí, que tú puedes.

Gracias por leerme.

Toda bellota tiene el potencial de convertirse en encina.
Mario Alonso Puig

El propósito de la vida para el hombre es el crecimiento, así como el propósito de la vida para los árboles y las plantas es el crecimiento. Si quieres ayudar a los pobres, demuéstrales que pueden hacerse ricos; demuéstralo haciéndote rico tú mismo.
Wallace D. Wattle, La ciencia de hacerse rico

Comments

  1. Lourdes Estévez - 20 enero, 2020 @ 8:25 pm

    He disfrutado mucho con la lectura, me encanta tu forma de relacionarte con los niños y cada día estás demostrando que eres un gran SI PUEDO, me siento muy orgullosa de ti y de tus capacidades

    • Antonio Herrero Estévez - 22 enero, 2020 @ 10:14 am

      Muchísimas gracias por su comentario señora, precioso como siempre

  2. Cristina - 20 enero, 2020 @ 9:40 pm

    Enhorabuena por haber llegado hasta aquí, luchando contra el viento y la marea de los no puedes y de todos los especialistas en poner etiquetas negativas y siempre erróneas. No sé si llegarás muy lejos, pero estoy segura de que disfrutarás del camino

    • Antonio Herrero Estévez - 22 enero, 2020 @ 10:15 am

      Muchas gracias hermana de la señora

  3. María - 21 enero, 2020 @ 7:39 am

    Gracias por tus artículos.

    • Antonio Herrero Estévez - 22 enero, 2020 @ 10:17 am

      ¡Muchas gracias por tu comentario María !

  4. María José - 21 enero, 2020 @ 5:00 pm

    Antonio, tienes mucho que decir aunque no escribas, simplemente con tu actitud. Pero por favor, no dejes de ofrecernos estos buenos ratos que pasamos leyendote. Un beso y gracias.

    • Antonio Herrero Estévez - 22 enero, 2020 @ 10:16 am

      Muchas muchas muchas gracias otra hermana de la señora

  5. Pierre - 21 enero, 2020 @ 6:27 pm

    Antonio un muy buen artículo sobre el poder y no poder que es muy instructivo. Espero que lo lean muchas personas y que algunos aprendan de esta forma tan positivo de como ves el mundo.

    • Antonio Herrero Estévez - 22 enero, 2020 @ 10:16 am

      Muchas muchísimas gracias marido de la hermana de la señora

  6. Eva - 14 febrero, 2020 @ 10:00 pm

    Gracias por seguir escribiendo y no creerte las palabras de tu hermano.

    • Antonio Herrero Estévez - 15 febrero, 2020 @ 5:03 pm

      Muchas gracias Eva por tu bonito comentario :p

      En realidad mi hermano, aunque a veces me diga cosas así de hermano mayor cabroncete, luego es una de las mejores personas que existen en este planeta.

      Un abrazo grande!

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