El café. ¿Lo quieres, o lo necesitas?

“A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo”.
Oscar Wilde

Una vez alguien me dijo que parece que tengo una teoría para todo, y creo que para eso de beber café también tengo una.

Hasta hace poco más de un año sólo había probado el café en un par de ocasiones, en primer lugar creía que no me gustaba y, en segundo lugar, no quería convertirme en una de esas personas que dicen que necesitan un café para ser personas.

Me aterra la idea de no ser persona.

Recuerdo un día que estaba hablando con mi sabia tía Araceli, y me contó que una de las cosas que más le había costado en su vida fue precisamente el dejar el café, y me contó que experimentó unos fortísimos dolores de cabeza durante varias semanas. Debe ser que su cerebro ya se había acostumbrado a vivir con la cafeína y no quería dejarla ir tan fácilmente.

Aún así, mi opinión del café empezó a cambiar poco a poco a medida que iba leyendo artículos que hablaban de las bondades del café, y pronto me convencí de que el café es simplemente una de las muchas cosas que hay en la vida que requiere de tu plena consciencia para disfrutarla al máximo. Me dije a mí mismo que si lo hacía con cabeza y si le ponía plena consciencia, podría beneficiarme de una de las grandes maravillas de la naturaleza.

Yo quiero siempre disfrutar, nunca necesitar.

Cuanto más leía más me convencía de que tenía que empezar a probarlo y, un buen día, se presentó el momento perfecto: Me encontraba en una cabaña en un bosque de Vilcabamba, en Ecuador, y frente a mi puerta se estaban secando varios kilogramos de café en grano. Después de hablar un buen rato con la dueña de todo aquello, me invitó a un café. Y así es como me tomé el que fue mi primer café cultivado, seleccionado, recogido, secado, tostado, molido y preparado en la mismísima finca donde yo me hospedaba a orillas de un bonito río y sentado en el banco de madera frente a mi cabaña de adobe.

Ese encuentro con el café fue como auténtico amor a primera vista, estaba delicioso. Un café ecuatoriano suave con un poco de leche de unas vacas que según me contó la mujer eran también de una granja cercana.

Si quiero beber y disfrutar el café, necesito un plan

Lo primero que pensé que necesitaba para disfrutar del café era un buen plan, y mi plan, el cuál mantengo hoy en día, es muy muy sencillo y no es negociable: Sólo tomo el mejor café posible y sólo puedo tomar como máximo uno al día.

Tomar el mejor café posible significa que sólo puedo comprar para mi casa el mejor café de la ciudad, y que si no hay uno bueno en la ciudad en la que estoy, no tomo ninguno. Significa que sólo si voy a un buen lugar especializado en café, puedo pedir uno, esa clase de sitios donde aprecian el café y donde le hacen culto, uno de esos sitios donde te miran mal si le echas azúcar. No importa que le eche azúcar o no al café, lo que importa es el hecho de que alguien te dice que lo estás a punto de probar tiene un cómo, y el cómo siempre debería venir después del por qué. Uno de esos sitios donde te dicen que su café viene de Etiopía o de Colombia, no porque el de Etiopía o Colombia sea mejor sino porque, al menos, alguien se ha preocupado por saber de dónde viene, y el dónde debería ir siempre después del por qué y el cómo.

Fíjate por ejemplo en el Sr. Lobo.

el cafe del señor lobo

El señor Lobo aprecia la diferencia entre un café y un verdadero café. Él no lo necesita, él lo quiere, y como lo quiere, lo disfruta de verdad. El Señor Lobo está en una situación delicada, a punto de aconsejar a Vincent y a Jules qué hacer con un cadaver y un coche lleno de sangre, pero aún en un momento difícil encuentra un segundo para detenerse, cerrar los ojos, y disfrutar de un sorbito de ese maravillosa delicia en taza que le ha preparado Jimmie.

A eso me refiero. Mi regla de tomar el mejor café posible significa que sólo voy a tomar un café si me encuentro en un lugar donde podrían haber otras personas que valoran el mejor café posible, de esas personas que parece estuvieran practicando un ritual. Cierran los ojos, abrazan la taza con las manos y sienten cómo sus manos aumentan de temperatura, acercan los labios al borde, lo prueban, perciben cómo el corazón palpita más rápido y mirándote a los ojos te mandan una señal de aprobación. Sólo una señal, aunque sea pequeña. Esa señal que te hace ver con claridad que se está disfrutando de los placeres de la vida. Por pequeños que sean, como la señal de aprobación.

Tomar sólo un café al día

Tomar sólo un café al día significa que, como máximo, sólo voy a tomar un café al día. Aunque esté muy rico, aunque vaya a dos lugares únicos en un mismo día, aunque tenga el mejor café italiano en la nevera de mi casa y me apetezca a rabiar, aunque haya preparado tres tazas porque mi cafetera es muy grande y estoy solo en casa, aunque me lo pida desesperadamente el cuerpo, aunque me inviten al mejor café del mundo pero yo ese día ya he tomado otro antes.

Lo hago así porque me gustaría disfrutar del café siempre como si mi café fuera el primero que haya tomado nunca. Y eso lo hago así porque si no pones consciencia, después del primero siempre viene el segundo, y después del segundo llega el tercero, y después vienen todos los demás. Y a una de las mayores drogas del mundo hay que ponerle límites y consciencia, porque si no le pones límites y consciencia un día no lo disfrutarás, y un día te despertarás y dirás algo así como que sin tu tacita de café no eres persona o, peor aún, bajarás al bar cualquiera de abajo de tu casa y sin hacer un mísero rito, sin pensar siquiera si lo quieres o si lo necesitas, levantarás la mano y dirás en alto: un café, por favor. Cualquiera.

Yo quiero todo, pero no quiero necesitar nada, yo quiero ser siempre dueño, nunca esclavo, por eso le pongo consciencia al café.

“La única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero.”
Oscar Wilde

Mi facebook.
Mi twitter.

Comments

  1. arash - 23 enero, 2018 @ 9:25 am

    muy buen artículo!!! ahora me apetece tomarme un buen cafe

    • Antevez - 24 enero, 2018 @ 11:24 am

      Gracias Arash 😀 😀 me encanta que me leas, te mando un abrazo gigante.

  2. Zulma - 23 enero, 2018 @ 4:52 pm

    He leído tu artículo disfrutando de una deliciosa taza de café. Café de Chiapas, México. Saludos.

    • Antevez - 24 enero, 2018 @ 11:26 am

      ¡¡Cómo me alegro Zulma!! El café que disfruté en casa durante todo el mes pasado era precisamente de México, me lo trajo mi hermano que estuvo por allí. DELICIOSO vuestro café.

      Un abrazo y gracias por leerme,

  3. Lourdes - 26 enero, 2018 @ 8:29 am

    Que sigas disfrutando de la vida, se te da muy bien, y el café en dosis pequeñas es más placentero y acompañado de un ritual, puede hacer maravillas

    • Antevez - 26 enero, 2018 @ 7:57 pm

      ¡¡¡Gracias mamuchi!!! Me encanta que me leas y que me comentes.

Deja un comentario

Your email address will not be published / Required fields are marked *