Baila como si nadie te estuviera viendo

A lo largo de mi vida he escuchado muchos consejos de mierda, luego he escuchado algunos consejos muy de mierda, y luego he escuchado este: Baila como si nadie te estuviera viendo.

Desde que somos pequeños hemos escuchado frases que intentaban motivarnos, dichas, supuestamente, para provocar en nosotros un deseo imperioso de hacer algo.

Cuántas veces me han dicho con ojos brillantes; ¡Antonio! Baila como si fuera la última vez.

¿Y qué esperas que haga yo? ¿que me ponga a bailar? ¿realmente esperas eso? ¿realmente alguien piensa que la motivación funciona así?

La frase «Baila como si nadie te estuviera viendo», para muchas personas como lo era yo hasta hace poco, significa realmente esto:

Baila como si cuando eras pequeño tus padres pusieran música en casa y para ti fuera algo natural el bailar y el moverte, sentir y disfrutar tu cuerpo.

Baila como si no fueras un homo sapiens con millones de años de evolución a sus espaldas que teme ser excluido de su tribu.

Baila como si no tuvieras un cerebro reptiliano con una amigdala del tamaño de un balón hinchable Nivea que llena de químicos tu cuerpo a su antojo y te dice cosas al oido tales como: No hagas eso, vas a morir solo o apedreado por la tribu rival, mejor quédate quieto y así tendrás alguna posibilidad de sobrevivir. O mejor, sal corriendo, huye maldito, ¡huye y sobrevive si aún estás a tiempo!

Baila como si no tuvieras un millón de complejos y pensamientos destructivos sobre tu cuerpo de los que nadie te ha hablado.

Baila como si supieras algo de ritmo, baila como si te enteraras de algo cuando te digo «sólo sigue el ritmo, es muy fácil, un dos tres, un dos tres, un dos tres (mientras subes y bajas la mano con un chasquido de dedos que no comprendo), pum pum pum, ¿lo oyes? pum pum pum, escucha los graves), ¿ves? es muy fácil, sólo sigue el ritmo, un dos tres.

Baila como si no fueras tan absolutamente racional que cuando quieres mover un pie un poco a la derecha primero piensas durante tres segundos ¿quedará muy mal y muy estúpido si muevo el pie un poco a la derecha? ¿y si me ven? ¿qué pensará esa chica que me gusta? ¿y mi amigo? ¿y la tribu rival? Creo que mejor no lo muevo, bueno venga, lo muevo. Dios, ha quedado fatal, no vuelvo a bailar, yo me largo de aquí, mierda, me están mirando.

Nadie te dice eso.

A lo más que aspira la mayoría de la población es a decirte «Baila como si nadie te estuviera viendo, ¿qué más da lo que diga la gente?, tú ni caso».

Creo que no te das cuenta. Sí, da igual lo que diga la gente, pero el problema es lo que pienso yo de mí, el problema son mis infinitos miedos, el problema es la percepción que tengo de mi cuerpo, el problema es que tengo una desconexión tan grande entre mi cuerpo y mi mente que ni siquiera sabía que estaban conectados. El problema es que las generaciones anteriores que se supone me tendrían que haber enseñado a vivir estaban muy ocupados en sobrevivir, en aprender a vivir, o ni eso.

El problema es que nunca he tenido la suerte de que una mano y voz amiga me descubra que mi cuerpo es maravilloso, una voz que me lleve del punto A (donde no sé nada) al punto B (donde sé).

Por eso, exactamente por eso no puedo bailar como tú, por eso no puedo bailar como si nadie me estuviera viendo porque, joder, de hecho hay muchísima gente que me está viendo. Yo no he aprendido, yo no sé fluir, no me permito fluir, no me permito disfrutar de mi cuerpo, no entiendo mi cuerpo, no sé nada sobre mi cuerpo. Mi cuerpo es un extraño con el que tengo que convivir.

No puedo hacer «como si no» hubiera nadie mirando.
La vida no va de hacer «como si no».
La vida va de aprender a hacer las cosas a pesar de, o gracias a, «como si sí» y quizás algún día, si has practicado lo suficiente y lo has interiorizado, puedas actuar «como si no».

Por eso no puedo bailar como si no hubiera nadie que me estuviera viendo y por eso tu mensaje que intenta ser motivador me desmotiva tanto y me hace sentir como un bicho raro.

¿Quieres que baile? ¿realmente quieres que baile?, ¿que disfrute del que posiblemente es el mayor placer que puede experimentar un ser humano? ¿quieres verdaderamente compartir tu alegría conmigo? Entonces ponte en mi lugar, mírame a los ojos, mira mi miedo, mira mi pasado y llévame hasta donde estás tú donde la vida es maravillosa, las personas fluyen, y donde yo bailo.

«Si quieres llevarme a algún lado, primero ven a buscarme donde estoy».
Proverbio chino

Mensajes vacíos

Desde que nacimos, nuestra vida ha estado plagada de mensajes que supuestamente intentan motivarnos pero que realmente son vacíos, mensajes sin contenido, sin conexión real con el proceso de la vida. Hemos estado sumergidos en una educación que no produce efecto alguno en las personas más allá que confusión.

En la parte de atrás de las bolsas de patatas lees «Se recomienda hacer ejercicio y llevar una dieta equilibrada» y después te cascan una pirámide alimenticia donde prevalece la verdura.

Si a una empresa la obligan a dar un mensaje potente pero que va en contra de sus propios intereses, no se tomará mucha molestia en hacértelo llegar. ¿Quieres que coma más verdura y haga ejercicio? Házmelo saber de verdad, pon verdadera intención en que me entere y lo comprenda, mírame a los ojos, dime que tus patatas están matándome poco a poco y enséñame a comer más sano.

Cuando era pequeño mis padres no me enseñaron ni a estudiar ni a enfrentarme a exámenes y retos, y lo más que escuché en clase fue algo así como «estudiad todos los días». La gran semilla de «estudiad todos los días» no germinó en mi mente infantil porque no se regó con nada. ¿Quieres que aprenda a estudiar todos los días? háblame de concentración, háblame de las infinitas distracciones que me acecharán cuando esté delante de un libro y de cómo enfrentarme a ellas, enséñame el proceso de aprendizaje de mi fértil cabecita.

Hay miles de ejemplos pero no son el objeto de este artículo y lo importante es que todos vienen a decir lo mismo: estamos rodeados de personas que no comprenden cuál es el proceso de aprendizaje, que no saben nada de ellas mismas y que por lo tanto no pueden darte mensajes que realmente te ayuden.

Vamos a empezar de nuevo, vamos a aprender a bailar. ¿Quieres saber por qué? porque bailar es una de las maneras más rápidas de activar el botón de la felicidad en tu cerebro. Porque bailar es acojonante, porque bailar es una belleza, bailar es una manera como pocas de honrar tu cuerpo y tu mente, bailar es una manera fabulosamente eficaz de sentir la vida, la belleza de la vida, la vida en todo su esplendor. Bailar te llena de energía, bailar cambia tu estado de ánimo, bailar reduce el estrés de tu cuerpo en cuestión de segundos, bailar unos segundos por la mañana predispone tu día a ser maravilloso.

Me da igual que te apellides Herrero o que te apellides Borbón y que pienses que tú no bailas.

Léeme con atención: Tú sí bailas, lo que pasa es que aún no lo sabes.

Me encantaría que aprendieras, que descubrieras, lo que el más sencillo de los bailes puede hacer por ti.

Voy a enseñarte a bailar porque es bueno para ti, voy a enseñarte a bailar porque, a veces, cuando bailas sientes que ya podrías morir en paz. ¿Me acompañas?

Aprender a bailar es muy sencillo pero todo tiene un cómo: descubre tu miedo.

Trata de elegir un momento que no haya nadie en casa. Sólo cinco minutos serán suficientes. Si no hay nadie en casa ponte en medio del salón, y si hay alguien vete al baño y ciérrate con llave.

Ahora ponte música, una música que te guste, esta por ejemplo:

Ahora muévete, da igual cómo. En serio, da exactamente igual cómo. Sé que no tienes ritmo, sé que no tienes coordinación, sé que no fluyes, sé que no entiendes el «un dos tres, un dos tres». Nada de eso importa.

Si no has bailado nunca y ves que te resulta incómodo, lo más probable es que tengas miedo de ti mismo, que tengas vergüenza.

Ok, para la música.

Es posible que si eres como yo era hasta hace poco ni siquiera te guste mirarte frente al espejo mientras te mueves.

Piénsalo, es curioso. Nadie te está mirando salvo tú, pero tienes tanto miedo, tanto miedo que hasta tienes miedo de ti mismo. Tienes miedo de ponerte frente a un espejo, tienes miedo de mirarte bailando, tienes miedo de hacer el ridículo. ¿Hacer el ridículo frente a quién si nadie te está mirando?.

Sólo tú te miras, ese extraño que te mira al otro lado del espejo eres tú y tienes miedo de él.

Te entiendo perfectamente y es perfectamente normal, si por normal entendemos que hay un montón de personas que les pasa lo mismo.

También es hasta cierto punto normal que si nadie te ha enseñado a entender tu cuerpo tú no lo entiendas, no lo sientas y, mucho peor, no lo quieras.

No pasa absolutamente nada, comprender dónde estás es imprescindible para empezar a caminar hacia donde quieres llegar.

¿Dónde estás? en el lugar donde te avergüenzas de bailar. Es perfecto, ese es tu lugar hoy y es perfecto.
¿Dónde quieres llegar? en el lugar donde quieres bailar, donde quieres sentir tu cuerpo, donde quieres disfrutar como esas personas que has visto que durante unos instantes han sido tan felices.

Muy bien, para llegar a ese lugar entonces te invito a que sigas leyendo.

Dale al play de nuevo o cambiemos de canción:

Cierra los ojos, no te mires. Ni siquiera te mires a ti mismo si aún no te sientes preparado. Ahora sí que nadie te está mirando, ni siquiera tú y es perfecto así.

Imagínate que no tienes un cuerpo sino que eres un cuerpo. Eres un precioso cuerpo. No importan tus años. No importa tu pasado. No importan tus cicatrices. Lo único que importa es que existe una música, que estás tú, que eres un cuerpo que se puede mover y que estás vivo.

Mientras la música empieza a sonar toma algunas respiraciones muy profundas. Siente tu verticalidad, siente tus rodillas, siente tus pies parados, siente tu estómago, siente tu espalda, tus manos colgando.

Deja que la música siga sonando y trata de prestarla atención, cada vez más atención.

Ahora empieza a moverte, poco a poco. Da exactamente igual cómo, lo único que importa es que te familiarices un poquito con la música, con tu cuerpo y con el movimiento.

Cada movimiento es perfecto, no existe movimiento errado, todos son perfectos, estás aprendiendo.

Sigue moviéndote pero ahora trata de no pensar.

¿Cómo mierdas se hace eso de no pensar? Aunque tu mente quiera adueñarse del movimiento, trata de dejar a tu cuerpo que se mueva solo. ¿Cómo? Sólo tienes que permitirlo, tienes que tratar de no bloquear el movimiento que tu cuerpo está pidiéndote. Poco a poco irá saliendo más natural, menos forzado.

Estás aprendiendo, no existe movimiento errado, todos son perfectos.

Practica todos los días al despertar. Incluso si practicas un minuto estarás dando pasos de gigante. Poco a poco abre los ojos, mírate, sonríete. Sigue practicando y verás cómo un día podrás bailar delante de cientos de personas como si nadie te estuviera mirando porque, de hecho, nadie lo hace.

Gracias por leerme.

 

Comments

  1. María - 7 octubre, 2019 @ 6:31 pm

    Me encanta Antonio, tu estilo y tu verdad me resuenan mucho. No sé si será un consejo de mierda o no pero, nunca dejes de escribir! Saludos de aquella que un día tuvo el placer de conocerte en un rincón de Cambodia.

    • Antevez - 8 octubre, 2019 @ 1:19 pm

      ¡Qué precioso tu consejo de mierda María! jajaja, enserio, muchísimas gracias, qué ánimos tan gratificantes me dan tus palabras.

      Un abrazo enorme

  2. Caro Chan - 9 octubre, 2019 @ 4:48 pm

    Creo que si aún no has probado el ecstatic dance te va a mega flipar.

    Busca que seguro que en Madrid lo hacen y después me lo cuentas. 😉

    De nada. Jajaja

    Chuuu!!!

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