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Ricos y Libres

El blog de Antonio Herrero Estévez

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La derecha del piano

Antonio Herrero Estévez · May 14, 2026 ·

Ponte el cinturón que vienen curvas.

Hace unas semanas ocurrió algo gracioso.

Estaba con una chica jovencita que venía de copilota en un viaje de blablacar.

Cuando me preguntó a qué me dedicaba, se lo conté.

Y cuando por error mencioné los conceptos «energía» y «los seres humanos son», ella me dijo que eso de las «energías» era sólo mi opinión.

Y cuando le dije que eso de las energías claro que era mi opinión pero una opinión basada en mi experiencia directa, experiencia directa que ella misma podía comprobar de una manera sencilla que no fácil si se parara durante un ratito de unos cientos de horas a escuchar y sentir, ella me miró.

Me miró altiva.

Me miró confusa.

Me miró como el producto de una sociedad perdida.

Me miró como quien mira tras haber recibido una educación sin educación.

Me miró como quien mira a un vendehúmos.

A un truhan.

A un indocumentado.

Y el caso es que cuando le dije que en breve le iba a demostrar que no era mi opinión, ella se puso aún más a la defensiva.

Tensa como un gato tenso y encorvado.

Tensa como la energía en su faceta más baja. Más grave. Más materia.

Y cuando creyéndome Sócrates y haciendo un rudimentario uso de la mayéutica le pregunté que si el sol y sus rayos tenían/energía y ella me dijo que eso era evidente y que era física básica y que lo sabía todo el mundo, sonreí por dentro.

Sonreí pues aquella jovencita casi había picado.

Y entonces cuando le pregunté con curiosidad que si yo abrazaba a mi pareja le transmitiría calor y ella me dijo que sí y yo le pregunté con curiosidad que si eso podría ser porque yo también tenía/era energía, ella me dijo que eso era evidente y que era física básica y que lo sabía todo el mundo.

Y entonces cuando le dije que entonces genial pues ambos estábamos de acuerdo y yo sonreí aún más por dentro, ella se tensó aún más y, luego, por alguna razón, quizás por algún pequeño clic en su cabeza…

se relajó.

Se relajó como la energía cuando cambia de estado.

Se relajó como un gato tumbado al sol ronroneando.

Ronroneando, mira qué curioso, en una determinada frecuencia.

¿Vale?

Vale, ahora que casi has picado mi anzuelo y ahora que sacas el tema de frecuencias, voy a contarte algo.

Algo que posiblemente sea sólo mi opinión y además una opinión no basada en la experiencia directa.

¿Vamos allá?

Pues vamos.

Ya te he contado alguna vez que esta realidad funciona por frecuencias.

Funciona con Do, re, mí, fa, sol, la, sís en diferentes octavas.

Lo ves si sabes mirar en los rayos solares.

Lo ves en el agua en un estanque al tirar una piedra.

Lo ves en las ONDAS del mar. (Oh, alguna vez te has preguntado por qué «ola» (del mar) en inglés se dice wave, en portugués onda, en francés vague, en italiano onda, en alemán welle, en… oh, oh, sorpresa. ¿Será que el mar no es lo que parece? ¿Será que el mar es una energía con frecuencias?).

Lo ves en la radio.

Lo ves en el wifi.

Lo ves en las waves de cerebro.

Lo ves en las personas si sabes mirar pues como dicen que dijo Buda sólo los que tienen visión… VEN.

Shhhh no se lo cuentes a nadie, lo ves cuando practicas meditación intensa.

El caso, amigo frecuencial, es que esta realidad funciona por frecuencias en Do, re, mí, fa, sol, la, sí.

Octavas más arriba. Octavas más abajo.

Más a la izquierda del piano.

Más a la derecha del piano.

Más grave.

Más agudo.

Y que esto, al parecer, se manifiesta en todo.

¿Que ves que te enfadas mucho y tu cara se tensa y tu pecho se contrae?

En ese campo en concreto (el campo de las emociones) estás a la izquierda del piano. Estás en la zona grave. Estás en la zona densa. Estás en la energía más materia. Estás en la frecuencia más baja.

¿Que ves que ganas poco dinero y trabajas mucho?

En ese campo en concreto (el campo de las inversiones (inversión, del latín «inversio», dar la vuelta hacia adentro, mirar hacia dentro, comprender las cosas desde el interior, shhhh de nuevo: sólo con el corazón se puede ver bien pues lo esencial es invisible a los ojos»)) estás a la izquierda del piano.

Y así con todo.

Entonces,—y ahora como sugerencia no solicitada lea usted esto como si la calidad de su vida le fuera en ello—, entonces, amigo virtual, si así es con todo y resulta que así es, nuestra tarea como buscadores de la verdad, la salud, la abundancia, la armonía, el crecimiento, la expansión y la vida, es encontrar a las personas, a las empresas, a las cosas, a las emociones, que están más a la derecha del piano.

Nuestra tarea es encontrar a los médicos, a los abogados, a los arquitectos, a los masajistas, a los osteópatas, a los vendedores, a los maestros, a las herramientas, a los alimentos, a los libros, a las experiencias, que están más a la derecha del piano, los que son más agudos, los que tienen una octava más elevada,

los que…

 han hecho el camino de ascensión en la consciencia.

Entonces, cuando este fin de semana pasado en el retiro SIENTE les dije a los atentos y dubitativos alumnos que por eso, justamente por eso debíamos encontrar las películas más a la derecha del piano, ellos asintieron.

Y quizás, sólo quizás, por eso ellos sonrieron por dentro y a veces hasta por fuera.

Y quizás, sólo quizás, por eso su clic interior se escuchó a km de distancia.

Y espérate que ahora viene la parte sesgada e interesada porque quizás, sólo quizás, por eso, cuando hace unos días me recomendaron una extraordinaria película y la vi y pensé que tenía un altísimo nivel, pensé…

que debería,

verla,

cada poco tiempo,

para recordarla,

y aplicarla,

y elevar…

mi propia,

FRECUENCIA,

mi propia…

CONSCIENCIA.

En resumen: he descubierto una película muy bestia, y como me gusta mucho cuidar a quien me cuida te voy a decir el título para que juzgues tú si es bestia o no lo es.

¿Y cómo te voy a decir el título?

Es muy sencillo.

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David Deida, The way of the superior man.

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