Hace varios años hice mi primera entrevista a Abel Molina, un chico brillante al que conocí en Cambridge. De todas las personas que había conocido, él era el que más había leído con diferencia. Superó los 2.000 libros a sus 18 años, —me dijo—. Aquí el amigo los empezó a contar cuando era pequeño.
Saltó varios años de colegio y sacó casi todas las asignaturas de la carrera (matemática computacional o computación cuántica o algo así, nunca llegué a aprenderlo y aún sigo preguntándome qué es) con matrícula de honor. Rechazó a Facebook y a Google en muchas ocasiones. Entró en una start-up. Ganaba cientos de miles de euros al año con veintipocos.
Era (y supongo lo sigue siendo) un tío increíblemente humilde.
Y, lo mejor de todo, es que es mi amigo.
El caso es que era un sueño muy bonito y muy simple el mío: entrevistar a personas a las que admiraba.
Conversar con ellas.
Preguntarles cómo lo hacían.
Escuchar de sus propias palabras cómo era posible que, eso tan extraordinario que veían mis ojos, para ellos era tan normal.
Lo que pasa es que, por entonces, no me permitía apenas el lujo de concederme la oportunidad a mí mismo de cumplirlos, —los sueños, digo—, de manera sostenida en el tiempo.
Ya sabes, me daba por vencido pronto. Abandonaba. No confiaba en mí. No me creía merecedor de las cosas bonitas que traen consigo el esfuerzo y la dedicación.
Y por eso, sólo por eso, sólo hice una entrevista.
Aquella de Abel fue la primera y… ¿la última?
Bueno, pues te estoy contando todo esto porque hoy, años después, sigo teniendo ese sueño.
¿Y sabes?
Últimamente me pasa que tengo la manía de verdaderamente intentar cumplirlos.
Pruébalo. Verás qué ocurre.
—Los sueños, digo—.
Uno por uno.
Con esfuerzo.
Con toda la humildad que mi entrenamiento me permite.
Con propósito.
Con dedicación.
Como dije hace no mucho, con la mirada siempre apuntando al horizonte, ese que está lejos, y con los pies en el suelo, ese que está debajo.
En fin… que me pongo sensible.
Hoy doy inicio a las entrevistas de Ricos y Libres, en las que traeré a las personas que más admiro de todos los campos imaginados.
La única condición es que su conocimiento, y sus acciones, hagan más libres a las personas.
Hoy, entrevisto a Juan Atienza
¿Quién es Juan?
Si te digo que Juan es mi amigo de la infancia y alguien a quien admiro profundamente, no te dice mucho.
Si te digo que de él he aprendido algunas de las cosas más valiosas para progresar en mi vida, quizás te dice algo.
Pero si te digo que la madre de Juan estudió con Obama, o que iba a trabajar en helicóptero a plataformas petrolíferas en alta mar, que tuvo un cargo gordo como ingeniero de Repsol, que educa a sus hijos de una manera que sólo un pequeño porcentaje de la población conoce, o que dejó su trabajo para montar una empresa con el plan de jubilarse al tercer año, quizás te diga algo más.
Como diría el propio Juan de su propia madre, Juan, es Sui géneris.
Y, lo mejor de todo, es que es mi amigo.
No puedo contarte mucho más, lo siento. No es mi estilo venderme y sólo hago estas entrevistas para cumplir un viejo sueño que, casi con seguridad, no es el tuyo.
Lo que puedo decirte es que si pinchas el play y escuchas cinco segundos, es posible que te guste, y es posible que sigas.
Pero también es posible que no, y tan amigos.