Voy a decirte una frase bastante chunga a continuación, te pido paciencia.
Dime, Antonio, ¿quieres cambiarme la vida?
Ese fue el final de un email, medio en broma medio en serio, de una gran persona que me pidió una mentoría.
Mi respuesta fue sencilla.
No puedo cambiar la vida a nadie. Como dice Isra Bravo, eso me queda grande. Lo único que puedo aspirar es a intentar cambiar la mía y es un trabajo que alucinas. Lo que puede ocurrir al verme es que tú tengas algunas piezas más para cambiar la tuya, del mismo modo que yo voy adquiriendo piezas de otras personas para aprender a cambiar la mía. La vida (en mi sesgada opinión) va de hacernos con piezas. Una tras otra. Y así paso a paso ir montando el puzzle.
Bueno pues la cosa es así más o menos: una vez que ya sabemos que la vida es un juego, como ya vimos anteriormente, ahora se trata de saber que el juego es un puzzle desordenado y que tenemos que encajar las piezas.
Visualiza todo aquello que quieras conseguir en tu vida como un puzzle.
Hay puzzles más fáciles y otros más complicados pero todos son en esencia eso; un montón de piezas a unir.
El tú del futuro, ese que por ejemplo es millonario y feliz, o ese que tiene tiempo para gestiona mejor el tiempo para hacer lo que quiere, o ese que toca tus canciones favoritas al piano, o ese que tiene un cuerpo esbelto y armonioso, o ese que tiene unas relaciones satisfactorias… es la imagen de un puzzle terminado.
Por ejemplo, cada intento por tu parte de hacerte rico, es una pieza que estás intentando colocar en su lugar. Cada libro que lees sobre finanzas (te sugiero el libro 10x de Grant Cardone), es una pieza que tratas de encajar. Cada nuevo proyecto que emprendes, es otra pieza.
Con paciencia y mucha observación irás consiguiendo encajar algunas piezas intuyendo así la imagen del puzzle completo que cada vez será más clara.
Si persistes completarás el puzzle, serás aquello que deseas y no desearás aquello que no seas.
¿Sabes el problema?
Que la mayoría de las personas nos ponemos a tratar de encajar piezas golpeándolas como trogloditas sin pararnos un segundo a pensar que, en la imagen de la caja, esa caja que contenía las piezas, se ve el puzzle terminado y que, eso, nos facilitaría enormemente la tarea.
Nuestra tarea es buscar esa imagen, pues hay personas que la han visto, o que han visto una parte.
Sin imagen, sin visión del cómo sería, cada intento de colocar cada pieza supone un gran desgaste energético.
¿Será esta? ¿Y esta? ¿Y por qué mi jefe no me hace caso? ¿Y por qué no consigo adelgazar? ¿Y por qué gano poco? O aún peor, ¿y por qué gano lo que quería y no soy feliz? ¿Y por qué mi relación está un pelín tocada? ¿Y por qué me siento un PELÍN mal y no sé exactamente qué me pasa? ¿Y por qué la mayoría de profesionales que me pueden ayudar, en realidad no me ayudan?
No te lo creerás, pero CASI NADIE (minuto 14 exacto, monigote de la derecha) de la sociedad ha visto nunca la imagen de la caja. Ni la caja. Ni las piezas. Ni sabe que la vida es un puzzle.
¿Que por qué lo sé? Te lo he dicho mil veces: porque gran parte de mi vida he ido también por el camino de la izquierda.
Y no nos flipemos, que no te estoy diciendo que yo he montado el puzzle entero ni que he visto toda la imagen. Lo que estoy diciendo es que he descubierto que hay un puzzle. Que estoy empezando a ver la imagen de la caja y que he empezado, tímidamente, a colocar las piezas con una visión un poco más elevada de las circunstancias.
Más elevada que antes, ya me entiendes.
De eso va mi historia actualmente, de contar lo que descubro, de decirte que hay un puzzle y una imagen, de decirte que, quizás, puedo aportarte algunas piezas para que tú completes el tuyo.
Y hablando de aportar piezas, en el último retiro que organicé, una alumna justo antes de despedirnos dijo: Es que tío, tienes un puzzle muy completo.
Pues no sé sé si es muy completo, pero sí sé que son son algunas piezas.