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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

  • Manual
  • Retiro

Vivir sin vivir: estar en los sitios sin estar de verdad

Antonio Herrero Estévez · Jun 5, 2026 ·

Cuando éramos jovenzuelos y sabíamos aún menos de la vida que ahora, mi amigo Mario y yo decíamos de broma que si estábamos en la cama desnudos con una mujer, y la mujer nos trataba de besar, nosotros pensábamos:

¡¡Eh eh eh!! ¡Espera! ¿Qué está insinuando?
¿Le gusto?
¿Querrá algo? ¿Qué pretende?

No sé si me creerás.

Él no tanto porque era bastante más espabilao que yo, pero en mi caso era bastante literal.

Y es que voy a contarte algo:

Durante muchísimos años estuve sin estar en los sitios.

Cuando iba a las fiestas era el tío que se emborrachaba como un mandril sediento porque era lo único fácil para hacer, lo único que no necesitaba valor, lo único que no necesitaba esfuerzo, inteligencia, juego, amor propio.

Veía como los demás bailaban, pero yo no lo hacía.

Veía como los demás se acercaban a otras personas que no conocían para entablar una nueva conversación y una posible nueva amistad, pero yo no lo hacía.

Aunque me moría de ganas por acostarme con casi todo lo que se moviese, la realidad era que si alguna vez ligaba era porque la mujer se acercaba a mí a ligarme.

Espera aquí.

Piensa esto.

¿PERO TÚ SABES las probabilidades de que ocurra eso en España cuando no eres un tío absurdamente fuera de lo común y cuando lo único que haces es competir contigo mismo a ver quién bebe más alcohol?

Es casi como que te toque el euromillón sin jugar y por eso casi nunca me tocaba.

Era raro.

Salía para ligar pero no intentaba ligar.

Salía para divertirme pero no intentaba divertirme.

Salía para experimentar pero no intentaba experimentar.

Durante años nunca supe qué se sentía al warf warf con una desconocida en algún lugar escondido en una fiesta.

Durante años nunca supe qué se sentía al bailar sin importarte absolutamente nada qué ocurriera más allá de las fronteras de mi cuerpo.

Aún recuerdo aquella chica de no sé qué país nórdico con la que siempre había soñado en aquella fiesta de Cambridge que, subiendo unas escaleras camino al baño me paró y me dijo:

Are you in a hurry?

Y yo, en lugar de you know what I mean, lo único que se me ocurrió contestarla riéndome es:

Are you in a hurry, potter?

Y luego claro, seguí mi camino, solo, al baño, acojonado.

Solo.

Acojonado.

y borracho.

Estaba en los sitios pero en realidad no estaba.

Iba a los lugares pero allí no había nada de mí.

Vivía sin vivir.

Era raro.

Y como ya sabes, como haces algo lo haces todo y todo lo que hacía lo hacía de forma similar.

Los primeros trabajos que tuve hasta que emprendí, no estaba en ellos.

Trabajaba pero no trabajaba.

Iba pero no iba y si iba no iba en serio.

No proponía cosas.

No ayudaba a la empresa a ganar más. Dar más. Ser más.

No quería aumentos (o si los quería los quería igual que cuando quería ligar, que no hacía nada por conseguirlo).

Me sentaba a la hora que me decían, hacía lo que me pedían, me frustraba y, cuando tocaba, cuando me dejaban, con una sensación de estar robando por irme, me iba a casa.

Otro día más.

Otra fiesta más.

Los días pasaban pero yo no pasaba por ellos.

Yo no cambiaba.

Yo seguía siendo el mismo.

Y por si nadie te lo ha dicho ya, no hay peor insulto a una persona que le digan:

¡No has cambiado nada!

Qué alegría verte Antonio, ¡no has cambiado nada! Tienes 40 años y estás igual que a los 20. Te emborrachas igual. Tienes los mismos miedos. Tienes el mismo cuerpo (pero un poco peor). Tienes el mismo trabajo. Tienes los mismos amigos. Tienes las mismas adicciones. Tienes los mismos complejos. ¡No has cambiado nada!

Joder. Me acojono sólo con leerlo.

Vivía sin vivir.

Estaba sin estar.

Era sin ser.

Y oye.

Ahora voy a contarte algo.

Algo interesado.

Algo sesgado.

Algo que posiblemente sea exagerado.

Algo que cuando lo leas quizás digas qué cabrón pues ahora me desuscribo y yo te diré joder creía que nunca me lo ibas a pedir.

Mira, hay dos maneras de estar en Ricos y Libres.

Puedes bailar sin mirar, y puedes acercarte a lo desconocido, y puedes parar a quien más te gusta en la fiesta camino al baño y después entrar en él acompañado, y puedes esforzarte, y puedes vencer tu miedo a ver qué pasa si te atreves a vivir, y puedes ser una de las 230 personas que han venido a un retiro, y puedes ser una de las 590 personas que han comprado Un Manual hacia la grandeza y han visto qué ocurre en los camerinos…

O puedes estar sin estar.

Un Manual hacia la grandeza.

100 €

228 páginas para aprender a estar en tu propia vida y hacer que las cosas sucedan. Que las cosas sucedan como no creías si quiera posible que pudieran suceder.

PD: Este viernes 14 de junio a las 12, todos los compradores del Manual que pinchen aquí recibirán un regalo.

¿Oh sí? ¿Qué regalo?

—Algo que me dijo mi amigo Pablo Vázquez. Algo muy valioso. Algo muy curioso. Algo que no lo olvidas cuando te expones a la realidad.

Si no lo has comprado, cómpralo antes del viernes a las 12, pincha allí, y lo recibirás como regalo.

¿Si lo hago después y te envío un email también lo recibiré?

—No. Antes, tiene que ser antes.

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