Hoy voy a contarte algo tan valioso que, como diría Isra Bravo, debería cobrarte por ello.
Bien, ayer recibí un email de Marta.
Un email que conlleva una respuesta a modo de enseñanza.
Una enseñanza tan bestia que podría salvarnos la vida y como mínimo mejorarla.
Una enseñanza que nos hará ganar más dinero del que podamos soñar.
Nos hará morir sin arrepentimientos.
Y nos hará comprender el juego de vivir.
¿Preparado?
Vamos allá.
Buenas Antonio, soy Marta, acabo de comprar tu manual, me ha costado, te soy sincera, me han estafado y tratado de engañar tantas veces que no me ha quedado más remedio que desconfiar a priori.
Pero hoy algo ha cambiado en mí, tras leer otro de tus muchos correos y coincidir con que (…).
Un abrazo. Marta.
Vale Marta, te contaré una historia.
El año pasado estaba con Pablo (¿qué Pablo? Este Pablo) en una ciudad perdida de la mano de Dios en India.
Íbamos a coger un taxi.
Se nos acercan dos tipos diciendo taxi taxi.
Pablo pregunta cuánto.
Los tipos dicen que 200 rupias (unos dos euros).
Pablo dice que vale.
Cuando llegamos al taxi los tipos cogen nuestras maletas y las meten en el maletero y, antes de arrancar, nos dicen: Son 300 rupias. Trayecto + maletas.
¿300 rupias? ¿Cómo que 300? Habéis dicho 200. —Respondo yo—.
A lo que Pablo con calma les dice Ok trato hecho y les da al instante los billetes.
¡Pero qué haces tío! Que esto es una estafa, es cuestión de principios.
Y entonces…
Entonces Pablo me respondió algunas de las palabras más valiosas que he escuchado en toda mi vida.
Unas palabras que podrían, literalmente, salvar millones de vidas al año.
Es una estafa barata, Antonio.
Unos tipos que ganan unos pocos dólares al mes nos han engañado un euro y pico. ¿Qué más da? ¿Vamos a discutir por un euro y pico? Les damos el dinero que piden y seguimos con nuestra vida y ellos con la suya.
Si estos tipos nos robaran 50 ó 500 €, la estafa habría costado 50 ó 500 €.Pero la estafa ha costado un euro y pico.
Es una estafa barata, Antonio.
Míralo como parte del coste operativo de viajar…
Al escuchar las palabras de Pablo me di cuenta del tremendo error de cálculo que llevaba interiorizado.
Hasta hacía un minuto habría sido capaz de discutir (lo que siempre te lleva a perder el tiempo, y a veces la vida) por 100 rupias.
En lugar de eso, Pablo sopesaba instantáneamente los riesgos y beneficios y seguía adelante.
Y es que así pierden los ricos.
Los ricos aceptan la pérdida como parte necesaria de la vida.
Los pobres ven cada pérdida como si la vida se fuera a acabar.
Míralo así:
Cuando un rico planta 10 semillas es plenamente consciente de que muchas de ellas van a morir y simplemente se ocupa de plantar más al año siguiente.
Cuando un pobre planta 10 semillas algo en él espera que salgan todas y si no salen se deprime y abandona la partida.
Es un principio de la vida.
Cuando el hombre miedoso ve a la mujer que le gusta, piensa en las veces que le han dicho que no y se paraliza.
Cuando el hombre sensato ve a la mujer que le gusta, le pide salir.
Unas semillas salen adelante. Otras no.
Así ha sido siempre y siempre será.
Mira, cuando tenía 25 años me estafaron 400 € unos tíos con una publicidad.
Lo pensé durante años.
Hace un par de años un tío me estafó 4.500 €.
Lo pensé durante meses.
Marta, confío en que llegue pronto el día que me estafen cientos de miles de euros y el soponcio me dure un pestañeo.
Eso es la abundancia.
Eso es ser Rico y Libre.
Eso es tener una mente ecuánime.
Eso es tener claras las prioridades.
Eso es confianza. Del latín Con-fides. Total fe-lealtad.
Eso es comprender el juego de la vida.
No sé si el Manual va a ser una estafa para ti o si va a ser como para las casi 600 personas que lo han comprado antes que tú, pero la próxima vez que compres algo asume desde el inicio que puede ser una gran estafa.
Y, aún así…
Cómpralo, arriésgate a perder y arriésgate a ganar pues, de eso, exactamente de eso, trata el juego de vivir y morir.
Nada más.
100 €.
Una posible estafa excepcionalmente barata.
—¿Qué ocurre?
—Ese tío, Louie Dumps, me debe veinte dólares desde hace más de dos semanas y siempre que me ve se escaquea.
—¿Yyy…?
—Está empezando a hartarme, ¿Qué hago le rompo la cabeza o qué?
—¿Qué te pasa? Ya te he dicho que la violencia no siempre es la mejor solución. Dime ¿Es buen amigo tuyo?
—Ni siquiera me cae bien.
—No te cae bien, pues es sencillo, solo te costará veinte dólares librarte de él. Y no volverá a molestarte ni a pedirte dinero prestado, y sólo por veinte dólares, es barato, olvídale.
Una historia del Bronx.