Siempre que estoy unos días sin escribir, alguien me escribe:
¿Estás bien? No recibo tus correos.
¿Qué haces?
Como diciendo: ¿Te has muerto? ¿Por qué ya no me das dopamina?
Es lógico.
Mucha gente hoy en día está acostumbrada a que le digan algo todos los días, sea esto importante o no.
No está acostumbrada al silencio.
Al recogimiento.
Al decir cosas sólo y exclusivamente cuando/si tienes algo importante que decir.
Y es que mucha gente no se da cuenta de que este universo tiene dos estados: vibración, no vibración. Masculino, femenino. Acción, reposo.
Y que la combinación de ambos es lo ideal. Lo suyo. Lo perfecto. Lo universo.
No uno. No otro. Los dos.
A veces uno. A veces otro. Comprendiéndolos.
Por eso ante la pregunta: ¿Qué haces? La respuesta es: Malabares.
Hago malabares entre el hacer y el no hacer.
Entre el construir y el admirar.
Entre el recibir y el dar.
Entre el aprender y el enseñar.
¿Quieres saber qué estoy haciendo?
Mira, hace unos días hice un reto conmigo mismo: meditar 6 horas en un día.
No lo conseguí, pero sí llegué a 5.
Y al día siguiente, 4. Y al siguiente, 3. Y luego 2.
El experimento del Dhamma, lo llamé.
Y si algún día consigo lo que tengo en mente, te lo contaré.
¿Que qué hago? —Me preguntas—.
Leer como un cabronazo.
¿Que qué hago?
Mira, hace unos días rompí otro miedo interno y empecé a hacer la reforma del baño.
¿Que cómo se hace una reforma en un baño cuando no sabes hacerla?
Rompiendo el miedo interno que tenemos a no ser perfectos.
Rompiendo la idea que tienes del mundo.
Rompiendo la idea que tienes de ti.
Y después, haciendo, haciendo y haciendo.
¿Que qué hago?
Hago malabares.
Malabares entre tratar de hacerme rico y tratar de hacer otras cosas valiosas ahora que puedo y es el momento.
Ese es mi plan de vida.
Quizás no es perfecto pero es el mío.
Esa es mi forma de entender Carpe Diem.
Otros a los 30 años no se habrían ido de viaje por el mundo con una mochila porque estarían demasiado ocupados ganando dinero, pero ya sabes lo que dijo Warren Buffet:
It’s nice to have a lot of money, but you know, you don’t want to keep it around forever. I prefer buying things. Otherwise, it’s a little like saving sex for your old age.
No hombre.
Que no vas a tener toda la vida 30 años.
Que no siempre es el momento de irse a viajar por el mundo.
¿Que qué hago? —Me preguntas—.
Tratar de no caer en la misma trampa en la que han caído la inmensa mayoría de seres humanos.
La trampa de pensar que algún día serán felices.
La trampa de pensar que algún día, si se dan las circunstancias apropiadas, si «lo logran», podrán por fin descansar.
La trampa de los que están demasiado ocupados creando su jardín como para pararse a oler las rosas de su jardín.
La trampa de los que tienen hijos y piensan que van a darles todo lo necesario pero no ahora sino en el futuro.
La trampa de los que tienen vidas y piensan que en el futuro se ocuparán de vivirlas.
¡No hombre no! Vete de mochilero con tu hijo ahora que puedes. Ve a hacer con él el Camino de Santiago. Vete a enseñarle a pescar a un remoto pueblo del algún país remoto.
Mira, el otro día leía el libro de Will Smith.
El asquerosamente millonario y exitoso Will Smith.
Y ese Will Smith, decía:
Vislumbré por primera vez el secreto de «la sonrisa».
Había entendido mal la física de la felicidad definitiva. Pensaba que podía llegar al amor y a la felicidad a base de ganar, vencer, lograr, conquistar y adquirir. Ocho películas de éxito consecutivas, treinta millones de discos vendidos, cuatro Grammys y cientos de millones de dólares te hacen feliz, ¿verdad?
Hacen que la gente te quiera, ¿verdad?
El error fundamental de esta teoría es creer que «la sonrisa» viene del exterior, que se adquiere o se consigue a través de fuentes o de condiciones externas. Que alguien te querrá tanto y te adorará tan profunda y completamente que te llenará con la felicidad de «la sonrisa».
Aviso para navegantes: no hay relaciones, carreras profesionales ni casas con nombre que puedan llenar ese vacío. Nada de lo que puedas recibir del mundo material puede generar paz interior o plenitud. Lo cierto es que «la sonrisa» se genera hacia fuera. No es algo que consigues, es algo que cultivas cuando das. Al final no importará lo más mínimo cuánto te hayan querido.
Sólo alcanzarás «la sonrisa» en función de lo bien que hayas querido tú.
Y por eso, EXACTAMENTE POR ESO, no escribo todos los días ni me esfuerzo todos los días y a todas horas por ser rico, sino sólo, y exclusivamente, cuando creo que es el tiempo adecuado para hacerlo.
Cuando ya he disfrutado de tomar el sol.
Cuando ya he disfrutado de caminar por el bosque.
Cuando ya he disfrutado de estar con mi familia.
Cuando ya he disfrutado de atender a mis amigos cuando vienen a visitarme a casa.
Cuando ya he visitado a mis amigos en sus casas.
¿Que por qué?
Porque Rico y Libre es algo que SE ES AHORA, en el presente.
Ya te lo dije una vez, pero Gary Halbert dijo:
A unas personas les gusta construir imperios.
A mí me gusta tener tiempo libre.
Cada vez que gano dinero me pregunto, ¿cuánto tiempo he comprado hasta que tenga que volver a trabajar?
Ese, exactamente ese, es mi plan de vida.
Construir, vivir, construir, vivir, construir.
¿Si no, para qué construyo?
Quizás no construya un imperio tan grande como el tuyo, es cierto, ¿pero y si resulta que yo fui capaz de disfrutar el pequeño imperio que construí?
Construir algo y disfrutar lo construido y después seguir construyendo.
Ese es mi plan de vida.
Ser Rico y Libre ahora.
Oler las flores ahora.
Sentarme a admirar el jardín ahora.
Jugar con los niños ahora.
Usar mi juventud, mi vitalidad, mi energía, mi vida, AHORA.
Ese es mi plan de vida.
No es perfecto, pero es el mío.
¿Que cómo se hace eso?
PD:
El retiro de agosto Ricos y Libres agotó plazas con 3 meses de antelación.
El retiro de noviembre se ha agotado con 4 meses de antelación.