Inés Díaz, la copywriter, una de las mujeres más extraordinarias que he tenido la suerte de conocer, me ha hecho una entrevista para su podcast Copywriting Ventas y Nada que Perder.
El tío que vendió MIL libros a 100€ cada uno
Transcripción de la entrevista:
Esto es copywriting, ventas y “Nada que perder”.
Bienvenido. Este es un episodio muy especial porque no estamos en casa, estamos en Madrid para poder encontrarnos.
Tengo muchas ganas de que la gente que nos sigue conozca tu trabajo, en especial porque hay una confusión general acerca de que, si uno quiere vender, tiene que sonar de determinada manera y seguir unas pautas: hacer grandes promesas, fingir cosas que muchas veces la gente no quiere fingir.
Nos conocimos un poco porque yo, a mi lista, en la newsletter, les dije: “Id a leer a Antonio y ved cómo se vende algo que no es ventas ni copy, pero con sangre, huesos y piel, con una personalidad muy marcada”.
Por eso quería que vinieras a hablar de cómo es para ti vender, cómo has mezclado tu propósito con la venta. No sé si fue un aprendizaje o te salió natural.
—Es una mezcla de muchas cosas. Me he formado en ventas, he leído a muchos de los mejores vendedores de la historia. Llevo cuatro años leyendo sin parar. Llevo quince años escribiendo sin parar. Y, muy importante, llevo cinco años meditando y haciendo yoga sin parar.
¿Por qué uno todo? Porque esa es literalmente la razón de que cada vez sea más espontáneo y cada vez sepa vender mejor. Como decía Picasso: “Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista”.
La gente que más ha vendido en la historia, usando sus herramientas y su forma de entender las cosas, yo lo he ido aplicando a mi terreno.
Para mí, si tuviera que decirlo en una palabra, sería: valor.
Mi palabra favorita es valor.
Cuando tú descubres tu propio valor, cuando descubres el valor que hay dentro de ti, cuando entiendes que eso que tú sabes o eso que tú tienes es verdaderamente valioso —es decir, que cuando alguien lo compre su vida va a mejorar en algún aspecto—, cuando eso lo entiendes a nivel celular, todo se produce solo.
El secreto de mi crecimiento es que cada vez soy más yo.
—Entonces por lo que acabas de decir me surge otra pregunta: ¿es posible reconocer nuestro propio valor si no nos vendemos primero?
Sí, meditando, conociéndote, haciendo ejercicios de introspección, escribiendo. Pero también hay un proceso de certificación cuando otro te dice: “Esto me ha servido”.
Hasta ese momento… ¿cómo lo sabes? Es un salto de fe, ¿no?
—Si meditas mucho, escribes mucho, te conoces…
Cuando entiendes que antes no sabías algo y ahora sí lo sabes, entiendes que eso ha sido valioso para ti. Independientemente de si alguien te lo valida o no.
Todo tiene que ver con el autoconocimiento.
Una persona que se conoce entiende lo que es valioso en sí misma. Una persona que no se conoce, no sabe el valor que tiene.
Luego, sí, si otras personas te lo validan, perfecto. Pero no es imprescindible.
Mi propia experiencia es mi certificación. Mi propio progreso es mi certificación.
¿Tú necesitas que alguien te valide cómo has sido madre? ¿A que no?
Tu progreso desde el día uno hasta 22 años después es brutal. Podrías escribir ocho libros sin leer a ninguna otra madre.
Has vivido un proceso, te has conocido, has visto qué funciona en la felicidad de tu hijo, qué te hace ajustar el timón.
Cuando algo no funciona, ajustas. Cuando algo funciona, dices: “Aquí hay valor”.
Ese valor se lo puedes vender a otras personas.
—Hay mucha gente que no se atreve. Que cree que su habilidad o talento o descubrimiento no es valioso. Yo pienso: ¿qué tal si lo pones a prueba? Y mira la sorpresa: seguramente alguien lo valora.
—¿Sabes cuál es mi frase favorita de Gary Halbert?
“No tienes un negocio de marketing. Tienes un negocio de aritmética.”
Cuando entendí esa frase, supe que me podía hacer rico.
Lo único que necesitas es exponerte al suficiente número de personas. Todo son porcentajes.
Si antes te compraban un 2%, el 2% de 100 son 2.
El 2% de 1000 son 20.
El 2% de 10.000 son 200.
Entonces necesitas dos cosas:
Exponerte al mayor número de personas para que ocurra esa transferencia de valor.
Mejorar el valor para que del 2% pases al 3%, 4% o 5%.
Las personas que no saben su valor simplemente no están interactuando con el mundo.
Necesitas entregar 1000 currículums, hacer 1000 entrevistas, escribir 1000 posts.
Tu primer post será malo; tu post número 1000 será brillante.
Yo, a los 16 años, no sabía ligar. A los 20 tampoco. A los 25 tampoco.
Y un día un chico me dijo: “Entra a todas. Habla con 20. Alguna dirá que sí”.
Era una lección de ventas.
Necesitas exponerte al mundo.
La persona apática, en su caparazón, no hace cosas porque está en niveles de consciencia de miedo.
Cuando creé un producto cuyo capítulo dice: “Dibújame una mierda”, significa:
Hazlo mal adrede.
Si eres el de 16 años que no liga, vete y di la mayor tontería del mundo. Que te tiran una copa: perfecto.
Ya estás un paso más cerca.
Uno de mis saltos cuánticos en ventas fue rechazar a un cliente por diversión, solo para ver si podía hacerlo.
Fue como activar un superpoder.
Ahora rechaza a 20.
Te conviertes en artista del rechazo.
Y luego puedes escribir un libro sobre eso.
—Luego está el ego: a veces no hacemos cosas y decimos: “No quiero molestar”. Pero eso es orgullo. Es creer que eres tan importante que vas a afectar la vida del otro solo por decirle algo.
—Exacto. Son trampas que usamos para impedir nuestro éxito, amor, amistades, dinero, cuerpo…
Todo está reflejado en los niveles de conciencia.
Hay personas que han estudiado eso: el miedo, el orgullo, el amor, la paz.
Cuando entiendes que todo es un espectro —desde la apatía hasta la paz—, comprendes que existen niveles por encima.
Mi proyecto Ricos y Libres es decirle a las personas: “Oye, ¿sabes ya que eres maravilloso? Si te esfuerzas y te enfocas, hay niveles por encima”.
El problema del ser humano es no entender el libre albedrío, no entender la vida.
No entender que todo es una escalera de frecuencias.
La gente está en el escalón donde nació y no sabe que puede subir.
Ahora mismo me escucha alguien que gana 1000 euros al mes, jodido, trabajando 12 horas al día.
Cree que no puede mejorar.
Piensa que si mejora será de 1000 a 1100.
Pero no entiende que puede escalar mucho más.
Todo ser humano está haciendo un trabajo, quiera o no. Está en la escalera de consciencia.
Una persona es consciente de menos cosas, otra de más.
Y conforme aumenta la consciencia, aumenta tu capacidad de mejorar la vida.
Descubre el resto