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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

Hablemos de impuestos

Antonio Herrero Estévez · Oct 5, 2026 ·

Hay tres formas de mirar los impuestos:

1) Puedes mirarlos como los miran los pobres, es decir, sin mirarlos.

El pobre mira los impuestos como su propio nombre indica: como algo impuesto. Como algo que no tienes elección. Como algo que está ahí de lo que no puedes opinar.

El pobre ha sido manipulado desde pequeño para darlos como normal y como parte de una realidad incuestionable.

Del mismo modo que un elefante desde niño encadenado da por normal llevar collar y grilletes y cadenas, el hombre pobre manipulado de hoy en día da por normal pagar gran parte de lo que gana en impuestos.

El pobre ignora que este planeta está diseñado como un juego de lucha de poder energético, y como lo ignora, no puede jugar.

Odia los impuestos pero no los entiende y por lo tanto no sabe qué odia.

Piensa en una mano negra que quiere hacerle la vida imposible.

Vive en una constante frustración pero se equivoca dónde dirigirla.

Está cabreado con la vida pero no hace nada por cambiarla.

2) Puedes mirarlos como los miran los pobres de izquierdas, es decir, quieres que cualquier otra persona que no seas tú pague más impuestos que tú.

Tú no vas a pagar más impuestos puesto que eso requiere crecer y requiere esfuerzo y requiere vencer miedos, y por eso quieres que sean otras las personas que los paguen por ti.

Delegas el esfuerzo y delegas el dolor que el esfuerzo conlleva y delegas también el premio.

Quieres que los ricos, que pagan a menudo cientos de miles de veces más impuestos que tú, paguen más impuestos para que tu vida sea más fácil, pero no piensas tú en hacerte rico para mejorar tu vida y la vida de los demás porque no quieres pagar el precio que ello conlleva.

Esa es la trampa y la gracia de este juego de Monopoly al que llamamos sociedad: cuando criticas algo no quieres convertirte en ello.

Cuando rechazas los estados superiores al que estás, no te dirigirás hacia ellos.

Piensas en los ricos como algo ajeno, como algo externo, como algo que tú nunca serás ni podrás ser: y por eso te permites el tener pensamientos estúpidos sobre cómo ellos deberían emplear el resultado de sus esfuerzos (su capital), algo que, obviamente, ni le afectará a él ni mejora tu realidad.

El pobre de izquierdas es un tipo curioso.

Si le preguntas sobre impuestos te hablará de carreteras y de sanidad y enseñanza pública.

Te habla sobre lo que más miedo le da y sobre lo que menos conocimiento tiene: su poca salud, su ignorancia y su acotada movilidad.

Es curioso porque al pensar por ejemplo en esa enseñanza o en esa sanidad no cuestiona si son correctas o incorrectas, y simplemente, como las tiene, las quiere tal como están.

¿No es gracioso? Es el mismo sistema el que te dice cuánto te va a robar y cómo te vas a enfermar y cómo te vas a curar y cómo te vas a educar, y tú, en lugar de cuestionarlo como algo cuanto menos extraño, lo defiendes con tu vida.

Como diría Escotado en Los enemigos del comercio, el pobre piensa inconscientemente que si no hubiera impuestos no existirían esos servicios, en lugar de plantearse que serían otras personas las que se ocuparían de ellos y que sería la oferta y la demanda la que decidiría qué es bueno y qué no lo es.

Pero no.

Como el pobre de izquierdas inconscientemente teme la libertad, teme también la responsabilidad.

El pobre de izquierdas prefiere que alguien le diga exactamente lo que tiene que hacer y cómo tiene que hacerlo, así él no pagará el precio de las dudas y de la valentía y del esfuerzo.

3) Finalmente puedes mirar los impuestos como un rico, el cuál pasará por dos fases.

Fase 1) El rico no se cuestiona si son correctos o incorrectos, simplemente se ocupa de comprenderlos y de cómo jugar con ellos.

El rico una vez que crea empresas y las pone a funcionar recibe toneladas de energía de la sociedad, y él en esta primera fase pensará que lo consigue todo gracias a que él es más inteligente de lo normal.

En esta primera fase también le molestará pagar tal cantidad de impuestos y hará lo posible por minimizarlos, a menudo haciendo cosas que van en contra de su propio beneficio.

La materia le ha vencido.

El rico no ha comprendido el juego.

El rico en esta primera fase hará cosas como irse a vivir a Dubai o a Andorra para pagar menos impuestos, aunque donde él es realmente feliz es en Carabanchel con sus padres o en La Coruña con sus suegros.

Non bene pro toto libertas venditur auro.

Fase 2) El rico usa parte de su tiempo para realizar prácticas espirituales que le hagan aumentar su consciencia, con lo que progresivamente va saliendo de su ego.

Al ir saliendo de su ego va comprendiendo la realidad.

Comprende las energías comprende los graves los agudos y todo lo demás.

Gradualmente va comprendiendo que él es simplemente una fuerza de la naturaleza en movimiento donde no hay posesión.

Comprende que no hay él, no hay mío, no hay suyo, no hay otros.

Sólo siente agradecimiento por poder moverse un día más y agradece que con alguna gota de sus esfuerzos puede hacer algo por la humanidad.

El rico en esta segunda fase sólo acepta la responsabilidad de jugar con ilusión la partida que le ha tocado jugar: sin buenos, sin malos, sin mucho, sin poco. Sólo inhalar, exhalar, dar.

P.d.: Te recomiendo un libro.

Es bueno.

Te hará pasar por todas las fases que puede experimentar un ser humano.

Un Manual hacia la grandeza https://www.ricosylibres.com/un-manual-hacia-la-grandeza-b/

Ricos y Libres S.L.

 

 

 

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