• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal

Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

  • Manual
  • Retiro

Viaje a lo profundo

Antonio Herrero Estévez · Jun 25, 2026 ·

Hace unos días recibí un email:

(…) Quisiera aprovechar para hacerte una pregunta que me inquieta: ¿qué
paso por tu cabeza para dejar tu estudio en Madrid e irte a viajar por el mundo?  ¿Cómo dejaste tu vida “exitosa” para comenzar otra que ni siquiera en ese momento te imaginabas? 

Es algo que admiro de verdad, la valentía para dejar atrás tu antiguo yo sin tener la seguridad de que algo mejor te está esperando, ni sabes aún en quién quieres convertirte. Si te apetece y lo quieres compartir me encantará leerte.

 

Y mi respuesta fueron palabras de Joe Dispenza:

If you focus on the known, you get the known, if you focus on the unknown, you create a possibility.

Vale, entre tú y yo, la realidad, la verdad, la razón de que me fuera a viajar sin fecha de regreso, es otra.

Te contaré una historia.

Todo ser humano está destinado, ahora o en otra vida, a ir en búsqueda de lo profundo.

Llega el momento en el que nos cansamos de estar chapoteando en la superficie de las cosas y por eso buscamos la forma de bucear.

Mojarnos el cuerpo entero.

Zambullirnos.

Bajar o ascender, pero que la dirección sea ir a lo profundo.

Como una ola de mar que se cansa de ser ola y un día le da por mirar bajos sus pies y entonces ve la inmensidad del océano, y una vez que la ve no puede hacer como si no la hubiera visto.

Ahora sabe que es cuestión de tiempo el fundirse con ella.

Como quien se acuesta con todo lo que se mueve y que va de conversación vacía a conversación vacía, de búsqueda a búsqueda, de noche en noche, de cambiar sábanas a cambiar estrategias, que va de la euforia del momento a la sensación de soledad y de vacío recurrente y, un día, cansado de lo superficial, cansado de estar chapoteando en la superficie del mar, cansado de moverse mucho pero no llegar a ninguna parte, decide mirar a los ojos de alguien y pensar:

si de mí depende, aquí me quedo.

Y es que puedes ser ola toda la vida y descubrir que nunca has sido mar.

Y es que puedes acostarte con cien personas y descubrir que nunca te has acostado con ninguna.

Hay muchos ejemplos, pero lo importante es comprender que casi todas las personas nos pasamos casi toda la vida en lo pequeño porque no nos atrevemos a ir hacia lo enorme. A veces porque no sabemos ni que existe.

Y que es algo tan grande que acojona.

Algo tan grande y tan desconocido, que para ir hacia ello necesitamos coraje.

Si no ganamos el dinero que queremos es porque nos quedamos en la superficie de las cosas. No llegamos a comprender los mecanismos. Los caminos. Los por qués. El intercambio de valor. El por qué hacemos lo que hacemos. El a quién o a qué benefician nuestras acciones.

Si meditamos con meditaciones guiadas creemos que estamos meditando, y no nos damos cuenta de que estamos navegando los 2 cm de la espumilla del mar por miedo a meternos en los 11.000 m del océano.

Si tenemos amigos con los que sólo salimos de fiesta creemos que tenemos amigos, y no nos damos cuenta de que estamos más solos con ellos que estando solos con nosotros.

¿Que por qué me fui de viaje dejando algo supuestamente exitoso?

Porque había algo dentro de mí que empezó a pedirme ir a lo profundo.

No es lo mismo ir a Argentina un par de semanas, que ir a Argentina sin más.

A ver qué pasa.

A ver qué descubres.

A ver qué te ofrece el país.

A ver qué puedes ofrecer tú.

A ver qué pueblos existen.

A ver qué viajeros te encuentras. A ver en qué casas te quedas. A ver qué puedes cocinar. A ver qué puedes comprar. A ver qué cosas que ayer no sabías que existían puedes necesitar.

No es lo mismo intentar descubrir Perú con billete de vuelta, que intentar no tener prisa en ninguna de las personas, en ninguno de los autobuses en ninguno de los hostales, en ninguna de las ruinas, en ninguno de los restaurantes, en ninguna de las comidas, en ninguna de las experiencias.

No me creas, pero creo que la inmensa mayoría de las personas que dice viajar, no ha viajado.

Nunca ha estado donde ha estado.

Siempre que llegaban estaban yéndose.

Siempre que se iban estaban llegando.

Y que no te digo que esté mal, lo que te estoy diciendo es que hay algo más.

Algo más que tarde o temprano hemos de buscar.

Estuve en América dieciséis meses y en Asia otros dos, y en esos dieciocho meses intenté no tener nada que se le pareciera a un plan.

Mi único plan era ir a lo profundo.

Estar donde estaba.

No tener destino sino camino.

Por eso me fui de viaje, porque quería, al menos por una vez en mi vida, dejar lo pequeño y ver lo enorme.

Si estaba con una mujer, no ansiar la siguiente.

Si estaba en un país, no planificar las ciudades.

Si estaba en un pueblo, no pensar en cuándo me iba a marchar.

Si estaba en una casa, cuánto me podía quedar.

¿Que si lo conseguí? —Me preguntas.—

No, claro que no. Pero lo intenté.  —Te respondo—. Y ese intento fue quizás el mejor de mi vida hasta ese momento.

Y desde entonces lo he estado intentando cada vez más.

Cada vez más.

Cada vez más.

Desde entonces he descubierto formas de ir a lo profundo en casi todo lo que hago.

Por eso viajé, porque sentí una llamada.

La llamada de empezar a buscar.

Viajé porque me acojonaba la prisa.

Viajé porque pensaba que me perdía la vida en tonterías.

Y es que tiene que llegar un momento en que para ir a lo profundo abandones los horarios.

Tiene que llegar un momento en que seas como ese pintor que se mete en su estudio y no sabe si es de noche o es de día.

Si tiene hambre o tiene sed.

Si está muerto o si está soñando en vida.

Sólo él, sus cuadros, su pintura, su imaginación y nada más.

Y que de ahí no salga nadie hasta que pinte lo que haya que pintar.

Por eso viajé.

Para no tener que leer en las novelas de otros qué es eso de vivir. Qué es eso de sentir. Qué es eso de experimentar.

Un viaje del que no volví hasta que no lo necesité.

Un viaje que no terminó hasta que no estaba cansado de viajar.

Por cierto, he escrito algo.

Algo que te enseña caminos para dejar de ser ola de mar y empezar a ser océano.

Y tú puedes creerme o puedes no creerme, pero mi misión es contártelo.

Mi misión es decirte que existe algo más allá.

 

Un Manual hacia la grandeza.

100 €

 

Opiniones del Manual no solicitadas, posiblemente inventadas:

Esa noche (y no estoy de broma) después de leer unas pocas páginas, me costó la vida dormir. Como si tuviera electricidad dentro.

Lola

 

Hace unos días compré el Manual de la Grandeza, que voy estudiando. Es muy interesante lo que me está sucediendo, leo un capítulo y debo parar por unos días. Cada capítulo es una limpia de caché en mi cerebro. 

Gracias por este regalo de vida.

María M

 

Buenas tardes Antonio,
Gracias por el Manual de la Grandeza. Ya está conmigo. La información que compartes es sumamente valiosa, y la manera en que está escrito hace fácil su comprensión y puesta en prá
ctica.  Me encantó el capítulo de la meditación. Sumamente interesante cómo es vernos y sentirnos por dentro.

María M, otra vez.

 

(…) Por otro lado , Gracias, Gracias de corazón por ese Manual y por todo lo que compartes cada día. Simplemente Brutal. Gracias.

Jaime P.

 

 

Buenas tardes,

Aquí me tienes, leyendo el manual como cada día, mis 8 hojas diarias (casi siempre más).

Y es que te escribo para darte las gracias. Porque llevo meses en un proceso de desarrollo personal y creo que apareciste en el momento preciso. Justo cuando llevo 3/4 meses iniciado en el yoga, aunque solo una vez a la semana, pero mi objetivo es poder tener más libertad y dedicarme a las cosas que me gusta hacer.

Y es que lo que sientes lo proyectas y pasan cosas.

Que bien asentar esa idea de que tú eres dueño de tu futuro y que si trabajas duro, pero con serenidad, constancia y paso a paso fijando objetivos, las cosas llegan.

Por fin tengo claro lo que quiero y estoy trabajando en ello.

Ojalá lo leas y seas consciente del bien que has hecho con este manual hacia la grandeza.

Ale C.

Copyright © 2026 | BLOG | Legal | Condiciones de Contratación