Durante el último retiro Vipassana hubo algo que me repetí en todas y cada una de las sesiones de meditación.
Algo que con mayor o menor acierto he conseguido implementar en mi día a día tras el retiro y que tiene el poder de mejorar todos los aspectos de mi vida (mejorar de verdad, quiero decir).
Y aquello que me repetía una y otra vez, era esto:
¿Estás incómodo?
Sí.
Perfecto, entonces continúa.
Una vez más aquí, aviso que esto que acabas de leer esconde uno de los mensajes más poderosos para un ser humano, y aviso también que ahí, justamente ahí, reside el secreto de una vida acojonantemente acojonante o una vida un poco chunga.
Me explico.
Cuando cierras los ojos e intentas concentrarte en tu interior, lo primero que hace un meditador no experimentado es moverse.
Rascarse.
Cambiar de posición cien veces.
¿Por qué?
Porque siente sensaciones desagradables en el cuerpo y, como no está entrenado para sentirlas y observarlas, trata de huir de ellas.
¿Y qué pasa?
¿Y por qué es tan importante este hecho tan aparentemente insignificante?
Buena pregunta.
Pasa que cuando una persona está en «la vida real» fuera de un centro de meditación, de repente dice: Me apetece fumar.
Y entonces fuma.
Dice: Me apetece un vasito de vino/cerveza/wisky.
Y entonces se lo bebe.
Me apetece un poquito de nopor.
Y entonces lo ve.
Me apetece un poquito de Nutflix.
Y entonces se cuela durante 6 horas en un agujero que lleva al país de nunca jamás.
Pasa que cuando la persona está en la «vida real» y está haciendo un poquito de ejercicio, de repente y ante el mínimo cambio, dice: Ya estoy cansado.
Y entonces para de hacer ejercicio aunque no haya llegado a su objetivo.
Pasa que cuando la persona se intenta duchar con agua fría porque ha escuchado que es muy bueno, ante el primer chorro helado dice: Ya no quiero más.
Y entonces sale del agua fría y no experimenta sus beneficios.
Pasa que cuando se propone ayunar y siente una ligera sensación extraña al ver un donut, se lo come.
Pasa que cuando piensa en perseguir su sueño (su sueño de verdad, su sueño más íntimo, su sueño sin límites, su sueño no enjaulado) y así abandonar por fin ese trabajo en el que lleva 15 años y lo odia con toda su alma y que le está haciendo perder el sentido y sobre todo el sentido de la vida, ante la primera sensación grave e incómoda en la zona del pecho la garganta o la zona genital, dice: mejor sigo donde estoy.
Y todo eso, todo, no tendrá nada que ver con la preferencia personal de la persona sino con la sensación que experimenta y de la que no es ni remotamente consciente.
¿Vale?
Vale, voy a contarte un secreto.
Un secreto que por ahora sólo saben unas pocas cientos de miles de personas en todo el mundo.
Un secreto que viene de lejos.
De lo antiguo.
De lo profundo.
La vida de una persona depende enteramente de las sensaciones corporales que experimenta en el cuerpo y de su capacidad de observarlas sin juicio.
Ya está.
No pero es que la TV y la ciencia dicen que —dirás—.
We should never wait for science to give us permission to do the uncommon; if we do, then we are turning science into another religion. Joe Dispenza —Te responderé—.
Bien, una vez echas las presentaciones, vamos al grano.
Cuando estás incómodo (es decir, cuando sientes una sensación desagradable en tu cuerpo, es decir, cuando sientes una vibración baja en esa estructura aparentemente física que hemos acordado entre los humanos llamar «cuerpo») y no continúas, no te acercas a la persona que te gusta.
Cuando estás incómodo y no continúas, no inviertes ese dinero.
Cuando estás incómodo y no paras, compras eso que no necesitas.
Cuando estás incómodo y no paras, gritas a tu pareja.
Espérate que ahora viene una verdad interesada y posiblemente sesgada:
Cuando estás incómodo y no continúas, no compras esa formación que sabes es extraordinariamente beneficiosa para ti porque el mero hecho de pensar en el precio produce en tu interior una extraña sensación desagradable y, como no estás acostumbrado a experimentar sensaciones en el cuerpo y a observarlas con ecuanimidad, no la compras no la lees no experimentas los beneficios y, entonces, sin saberlo eliges permanecer en el mismo estado año tras año esperando que alguien como el gobierno tu jefe tu cuñado un golpe de fortuna o vete tú a saber quién, venga a rescatarte y, mientras tanto, tú le llamarás a todo esto…
DESTINO.
Y recuerda:
¿Estás incómodo?
Si la respuesta es sí… entonces continúa. Vas por buen camino.
PD:
Nuestra búsqueda nunca es por una cosa, sino por el sentimiento que creemos que esa cosa nos dará.
Del libro Piensa como un monje.