Ya te he contado 300 millones de veces (eso sin exagerar) que cuando leí Early Retirement Extreme de Jacob Lund Fisker, algo en mí, una vez más, cambió.
Lo que no te he contado tantas veces es que desde el mismo día que empecé a leerlo, empecé a poner en práctica su filosofía de vida.
Ya sabes:
No expliques tu filosofía, vívela. Epicteto.
Por sus frutos los conoceréis. Mateo.
Jacob viene a decir que en lugar de trabajar para ganar dinero para así poder pagar a un albañil que venga a tu casa a poner un suelo porque tú no puedes ponerlo porque no sabes y porque estás muy liado trabajando…
…aprendas tú a poner un suelo, venzas miedos y perezas y frustraciones, desarrolles una nueva habilidad… y seas feliz por el camino.
Bien, pues desde hace un par de años estoy tratando de reformar mi propia casa, lo que en realidad significa que cada vez que tenía que hacer algo tan complejo como enfoscar una pared me quedaba mirando la pared, me iba a una esquina en el suelo de otra habitación, me hacía un ovillo, me agarraba las rodillas con los brazos y, balanceándome de un lado a otro, se me pasaban las horas las semanas y los meses y la pared, por alguna razón que desconozco, no se enfoscaba sola.
Eso fue hasta hace unas semanas.
Hace unas semanas hice una cosa muy loca, una cosa que según las estadísticas el 92,6 % de Linkedin te dirá que sería explotación.
Oh, ¿y qué hiciste?
Buena pregunta.
Fui como voluntario a casa de unos amigos a ayudarles a reformar su casa y a aprender albañilería y, por el camino, aprendí un par de cosas.
Aprendí a poner Pladur.
Aprendí a arreglar paredes destrozadas.
Aprendí los principios de electricidad.
Aprendí el uso de algunos materiales de construcción y aprendí que muchos de los que se usan para construir hoy en día no tienen sentido y que lo bueno duradero ecológico barato y eficiente se lleva usando miles de años.
Aprendí que si una pared y una casa no respiran, mueren.
Aprendí muchas cosas pero la más importante es que aprendí que con dos manos voluntad y foco puedes hacer magia.
Aprendí que cada ser humano tiene el súper poder de transformar cosas y casas y amigos y vidas propias y ajenas y que lo único que necesita es aprender el cómo.
Aprendí que la fuerza que tiene un/a joven en su juventud sirve para algo muy concreto, y que ese algo es ayudar a los demás.
Aprendí que ayudando a los demás algo potente en ti se activa, se activa en ti la idea de que además de hacerlo para otros puedes hacerlo para ti también.
Eso es lo que de toda la vida se ha llamado aprendiz.
¿Sabes?
En 2014 estuve como voluntario en una finca de Eslovaquia recogiendo flores, y supongo que ahí planté la primera semilla de voluntariado.
En 2016 estuve como voluntario cuidando monos en el Amazonas, Perú, y ahí la semilla empezó a florecer.
En los últimos años voy a menudo como voluntario al centro de meditación Vipassana, y entre otras cosas he cocinado para 150 personas, he pintado paredes, barnizado puertas, limpiado baños y ventanas y cacerolas y neveras industriales, plantado árboles y arbustos y flores.
Tras cada voluntariado aprendo y me transformo y comprendo un poquito más.
Comprendo la poderosa frase que estoy convirtiendo en mantra que dice así:
Que pueda servir para perfeccionarme.
Que pueda perfeccionarme para servir.
Comprendo para qué estamos aquí.
Comprendo, entre tú y yo, que ver algo y transformarlo y ver a alguien haciendo algo y ayudarlo, es una de las sensaciones más placenteras posibles.
En fin, como te dije también hace no mucho: mi mayor miedo es descubrir, cuando sea viejo, que tuve unas manos y nunca las usé. Que tuve un millón de cosas para dar y en cambio me las guardé.
Así que, en caso de curiosidad o incluso inusitado interés acerca de mi proceso de crecimiento y autodescubrimiento, mira aquí:
Capítulo 4.4.: Aprender a aprender.
Capítulo 5.5.: Voluntad y disciplina.
Capítulo 5.7.: Todo esfuerzo trae su recompensa. Esfuérzate.
Capítulo 5.8.: Vencer miedos. Gradualidad. Dolor.
Capítulo 5.9.: Cómo afrontar las goteras de una casa (y de la vida).
Capítulo 5.10.: Cómo tomar decisiones.
PD: Opiniones del manual no solicitadas, posiblemente inventadas:
No quiero entretenerte, sólo decirte (otra vez) que eres (a través del manual) ahora mismo uno de mis pocos referentes y que tengo mucho que agradecerte.
Una de las cosas que he podido sin duda instaurar del manual es pensar el propósito de cada movimiento.
Obviamente no de todo, aún hay hábitos que me pesan, pero de los grandes, sí.
Y me siento feliz de ello.
(…)
Qué puedo decirte, Antonio, que eres de las pocas personas cuya newsletter merece la pena ser leída. Punto.
Que si alguien no puede/quiere comprarse el manual, sólo con esto ya tiene mucho material.
Esas son las personas que me inspiran y por eso no me da ningún miedo ni pereza invertir en comprar lo que venden, porque son reales, honestas y coherentes.
Porque la inspiración es la mejor de las maneras de aprender.
Lo dice alguien que no ha parado de estudiar, que podría empapelar un estudio con diplomas y que ahora los usa para encender el fuego en invierno.
He dejado de estudiar para aprender escuchando a personas hablando con pasión y coherencia de temas que me cuadran.
Claro que para saber lo que me cuadra, primero tuve que pelearme con todo lo que no me cuadraba, ¡y es mucho joder!
Cómo me emociona, de verdad.
Nolaska Urzay.
Buenos días Antonio, hace tiempo que recibí tu manual y le he dado la primera lectura exhaustiva.
Te felicito.
Es un texto magnífico en muchos aspectos y que comparto en todo.
Decirte que ya comencé a poner en práctica determinadas cuestiones, porque hay que empezar por algún sitio, y sin esperar más tiempo.
Te comenté anteriormente que mi sueño siempre fue…
Bruno.
PD2: Soy uno de los tíos menos coherentes que conozco, Nolaska, pero la idea es serlo cada vez más.