Me escribe Alicia y me propone un café virtual para darme un consejo de marketing.
Aunque Alicia no me ha comprado nada, algo en ella me llama la atención y le digo que sí, que tomemos ese café virtual.
PARÉNTESIS.
Para poder dar un consejo a alguien, primero tienes que haberle dado algo.
Comprado algo. Entregado tu energía. Mejorado su vida.
Antes no, después.
Algún día hablaremos de ello.
CIERRO PARÉNTESIS.
Al final de la charla de 15 minutos que se convirtió en 2 horas, me pregunta si hago mentorías.
Le digo que sí.
Me pregunta por qué no lo tengo visible.
Le digo que una mentoría, por definición, no se puede ofrecer.
Que una mentoría se pide. Se busca. Se necesita. Se atrae.
Pero no se ofrece.
Ofrecer una mentoría es como esa persona que estudia coaching en una fábrica de coaches, se cree coach porque un papel firmado por un tío que se cree coach dice que es coach, sale al mundo real, no encuentra clientes para coachear y se pregunta extrañado: ¿Qué pasa? ¿Por qué no me dejan que les ayude? ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Será que tendré que estudiar más coach en otra fábrica aún más especializada de coaches? ¿Será que tendrá que mejorar mi marketing?
¿Soy yo?
¿Son ellos?
¿Es el mercado que no está preparado para mi talento?
Es como esa persona que, alterada, te dice que te tranquilices.
Es como aquel que no sabe nadar y está ahogándose en el mar, ve a otra persona ahogándose tranquilamente y nada torpemente hacia ella con la intención de salvarla.
¡¡No cabronazo sálvate tú primero!!
En ocasiones veo coach, dijo el niño de El sexto sentido.
Mentor de mentores, dicen 300 chavales por metro cuadrado a sus 22 años.
Te ayudo a transformar tu vida, citan 400 millones de perfiles de personas que necesitan transformar su propia vida.
En fin.
El caso es que me pregunta Alicia si la puedo mentorizar.
Y entonces…
Entonces le digo algo a Alicia.
Algo que he dicho a muchas mujeres en los últimos años.
Le digo que no.
Que no soy la persona más adecuada.
Que mi forma de ver el mundo es predominantemente masculina.
Que ella es predominantemente femenina.
Que yo estoy descubriendo quién o qué soy y lo estoy potenciando.
Que su misión en mi sesgada opinión es buscar quién o qué es ella y potenciarlo.
Que para crecer pero crecer de verdad primero debes comprender tu esencia y después expandirla.
Que antes de cambiar lo que tienes… primero comprende lo que eres.
Que antes de vender tu Ferrari… condúcelo un tiempo para saber cómo es.
Que si eres mujer femenina no pretendas crecer como un hombre masculino.
Que busques modelos femeninos que te sirvan de guía.
Que lo masculino es positivo, eléctrico.
Que lo femenino es negativo, magnético.
Que es un principio de la naturaleza.
Que si te despolarizas, te pierdes.
Que lo masculino busca.
Que lo femenino atrae.
Que no me preguntes a mí salvo para pedirme que te recuerde que no me preguntes a mí.
Busca tu esencia.
No te creas el cuento de que somos todos iguales.
Apaga la tele.
Apaga el ruido.
Aléjate de esa masa que cuanto más cerca estás de ella más lejos estás de ti.
Conócete a ti misma.
Haz aquello que te haga sentir paz.
Sal del modo supervivencia y entra en el modo creatividad.
Crea aquello que necesites crear.
Da al mundo lo que al mundo has venido a dar.
Desprográmate, entiéndete, libérate.
Busca círculos de mujeres.
Busca espirales de mujeres.
Si eres mujer femenina busca a mujeres femeninas conscientes para que la mujer femenina consciente que hay en ti siga despertando. A su modo. A su ritmo. En su esencia.
¿Sabes?
Escribo para hombres.
Pero el 60 % de las compradoras, son mujeres.
100 €.