Hace unos días descubrí que un lector me estaba plagiando.
Plagiando salvajemente.
No era la primera vez que pasaba algo así, claro, pero esta vez era especialmente curioso el asunto.
En lugar de copiar un artículo completo y tratar de ganar dinero con ello, como hacen las personas que no tienen alma, esta persona, creyendo que sí tenía, lo que hacía era copiar todo y cambiar algunas palabras.
Cuando lo descubrí le escribí, le dije que dejara de hacer esas mierdas pues él era más valioso que todo eso, él me pidió «sus más sinceras disculpas», yo supe y él también que de sinceridad y de disculpas no había nada pues si las hubiera habido no habría esperado a que me diera cuenta y, entonces…
pensé algo.
No se lo dije, lo pensé.
Pensé que ese hombre aún no se había hecho a sí mismo la segunda pregunta más importante que puede hacerse un ser humano.
¿Pero qué estoy haciendo con mi vida?
Y es que ha de llegar un momento en nuestra vida en que nos preguntemos a qué estamos dedicando nuestros esfuerzos.
Si a construir y a amar, o a copiar y ser temerosos.
Si a descubrir y dar nuestro don, o a dejar que muera en nosotros.
Si a dejar que la sociedad nos arrastre al abismo con ella y en el camino nos despoje de toda dignidad, o a crear nuestra propia realidad.
Vale, te contaré una historia.
Hace unos días estaba en un pequeño negocio en Alicante.
Ese negocio es uno de esos extraños lugares que tiene alma.
Ya sabes, alma tienen aquellos sitios donde las personas hacen las cosas con amor.
Ocupados en hacer lo mejor que pueden hacer.
Sin expectativas.
Sin mirar tu cartera.
Ya lo decían los Yoguis hace miles de años:
Abhyasa: Práctica repetida y perseverante.
Vairagya: Estado mental sin apego a los resultados.
Si venden un vestido, saben de dónde viene el vestido.
Saben de qué está compuesto.
Saben si está cosido con hilos que duran o si está hecho con hilos que no.
Si venden joyas, las joyas las ha hecho la dueña, y si no las ha hecho ella, sabe el nombre de quién las ha hecho y sabe si los materiales que ha usado son puros o no.
Sabe si el diseño es creado, o es copiado.
En los negocios con alma, la persona tras el mostrador no ha recibido entrenamiento sobre lo que te tiene que decir para que compres más, pues está demasiado ocupada en sus cosas.
En su creación.
En su alma.
No hay trucos, no hay juegos, sólo hay alma.
No hay «cuando termine esta llamada le haremos una encuesta de satisfacción», sólo hay alma.
Su foco no está en que tú compres más, sino en que ella cree un producto mejor.
Su foco no está en ti, está en ella.
Su foco no está en controlarte a ti, sino en controlarse a ella.
Cuando estás frente a un lugar con alma, lo sabes.
Cuando estás frente a una persona con alma, lo sientes.
En fin, el caso es que estaba en aquella tiendecita hablando con Violeta sobre joyas y sobre vestidos y sobre alma y, entonces, Violeta me contó su historia.
Me dijo que tras estudiar la carrera había trabajado para otras empresas haciendo lo que estas le pedían hasta que, un día, se hizo una pregunta.
Se hizo la segunda pregunta más importante que puede hacerse un ser humano.
¿Pero qué estoy haciendo?
Se dio cuenta de que, para lo que le quedaba de vida, no podía dedicarse a complacer a los demás.
Tenía que empezar a complacerse a sí misma.
A su creación.
A su alma.
Tenía que saber quién era ella. Qué pensaba ella. Qué había de bueno y valioso y verdadero y único en ella.
¿Sabes?
Pero qué estoy haciendo es lo que juraría me pregunté a los 30 años cuando cerré el estudio de diseño gráfico y me fui a viajar por América.
Pero qué estoy haciendo es lo que te garantizo me pregunté cuando dejé el negocio de las páginas de afiliación.
Pero qué estoy haciendo es lo que me pregunto cada día que voy a hacer algo que no ha salido de una profunda convicción.
Y es que mi segundo sueño más profundo es ser el tío que ni se dé cuenta de que has entrado a mi tienda, pues estoy tan absolutamente enfocado en mi creación que, tú, no representas nada para mí.
Y eso, amigo virtual, por si no te lo han dicho ya… es lo mejor que puedo hacer por ti.
Es muy fácil recurrir a los otros. Es muy difícil depender de la obra de uno mismo.
Es interesante especular sobre las razones que hacen que los hombres tengan tantas ansias de degradarse a sí mismos.
Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por las mentes de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario.
El manantial, Ayn Rand.