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Ricos y Libres

El blog de Antonio Herrero Estévez

  • Manual
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Charuca del podcast Jefa de tu vida, entrevista a Antonio Herrero Ricos y Libres

Antonio Herrero Estévez · Dic 1, 2025 ·

Hoy voy a hablarte de uno de los seres más extraordinarios que he tenido el honor de conocer.

Charo Vargas, o como la conocen en internet, Charuca.

 

Charo: Entonces, si tuvieras que resumir el camino hacia una vida rica y libre… ¿cómo lo explicarías? ¿Qué es lo esencial?

 

Antonio: Lo esencial cabe en tres frases:

1. Claridad interior.
2. Movimiento decidido.
3. Persistencia inquebrantable.

 

 

Podcast 230 de Jefa de tu vida. Cómo ser rica y libre, con Antonio Herrero de Ricos y Libres

 

Escucha el episodio en spotifi.

Escúchalo en Ivoox.

Escúchalo en youtube:

 

Transcripción entrevista:

 

Te voy a contar cómo nos unió el brócoli, Antonio, porque es que a ti y a mí nos ha unido el brócoli y es una cosa loquísima. Un día, eh, no hace mucho, recibí un mensaje directo en Instagram, Instagram, ese canal mágico, ¿vale?, que hace que sucedan cosas, ¿no? Que abre las puertas del destino.

Y me dijeron: “¿Esto del brócoli lo has sacado de Antonio?”. Porque yo siempre digo que estoy al servicio… bueno, siempre no, últimamente digo que yo estoy al servicio de la vida, que es… o al servicio del brócoli. Digo: yo imagino todo lo que vive como un gran brócoli que está programado para evolucionar y en el que todas las piececitas, que somos esos puntitos verdes del brócoli, nos ponemos al servicio de la vida y así la vida como que nos favorece, ¿no? Como que el propósito es que cada uno mejore ese brócoli de la manera que pueda.

Unos haciendo pan, otros compartiendo información, otros haciendo música, otros cuidando niños, otros educando. ¿Vale?

Total, que yo siempre digo que estoy al servicio del brócoli, y un día me escribe una persona, que ahora mismo no recuerdo (si estás oyendo este podcast, muchas gracias, muchísimas gracias), y me dice: “Esto lo has sacado de Antonio, de Antonio de Ricos y Libres”.

Y digo: “No, pero me encanta”.

Entonces me puse a mirar tu contenido y dije: “Wow, cómo conecto con este ser humano”. Y entonces te escribí y te dije: vente a mi podcast. Es así como el brócoli nos unió.

Antonio, ¿cómo te quedas?

Me ha flipado lo de los puntitos verdes. Tú has ido un paso más allá porque yo me quedaba mirando el… sabes que el brócoli si lo divides en brocolitos quedan como en arbolitos brocolitos, en arbolitos brocolitos. Pero es que dentro del arbolito brocolito hay puntitos verdes. Ha sido súper gráfica y me he imaginado que cada persona es un puntito verde, no un arbolito. Es decir: los puntitos verdes funcionan, crean un arbolito, y muchos arbolitos crean otro más grande. Sí, un brocolazo.

O sea, que estamos aquí, tú y yo, al servicio de la vida, al servicio del brócoli. Y el brócoli nos ha unido.

Hola, muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches y bienvenidas a Jefa de tu vida, el podcast de Charuca.

Te habla Charo Vargas y ya sabes que en este podcast, además de pasarlo bien, te damos recursos e inspiración para que te conviertas en la jefa de tu vida.

Hoy visita mi cocina Antonio Herrero. Antonio se ha propuesto ayudar a las personas a optimizar sus vidas para que sean más ricas y más libres. Y a esto se dedica en cuerpo, y sobre todo en alma, con su Manual hacia la grandeza, sus formaciones, sus retiros y más cosas que van a ir saliendo de esta persona, eso está más claro que el agua.

Ha venido a esta cocina para enseñar a las jefas a ser ricas y libres.

Antonio, bienvenido, ¿cómo estás?

—Muy feliz, muchas gracias. Estoy muy feliz.

Tengo que decir una cosa. Antonio ha entrado en este podcast por la puerta grande. Hace un mes yo no sabía de tu existencia, y supongo que tú tampoco de la mía. Te invito al podcast, te digo “¿te vienes aquí?” y tú: “Claro que sí, me cojo un tren, un avión, un coche, lo que sea”.

Y te has venido a Barcelona. Pero no solo eso: anoche entras por la puerta y me dices: “Charo, si nos conocemos te tengo que invitar a un desayuno”. Como no nos daba tiempo a desayunar, montaste una cena. Me invitaste a mí y a dos personas maravillosas más. Éramos cuatro. Un sitio bellísimo donde nos sentimos muy ricos y muy libres.

Llegaste con regalos, invitaste a una cena maravillosa, con una conversación alucinante, y además vi cómo, mientras cenábamos, todavía estabas pendiente de darme más: “¿Qué te puedo dar? ¿Qué más te puedo dar?”. A ver… ¿tú eres extraterrestre? ¿Eres real? ¿De dónde te viene todo esto?

Creo que es un regalo estar pendiente de las necesidades de los demás. Medito para eso. Trato de elevar mi consciencia para estar pendiente de mis propias necesidades y, cuanto más consciente soy de las mías, más consciente soy de las de otros.

A veces no es una necesidad “real”, como ayer: tú no necesitabas ese trocito extra de chocolate…

—Bueno, no te creas.

Pero yo veía, por ejemplo, las verduras del entrante… Estaba tan bueno que cada vez que te daba un trocito, era uno que me quitaba. Y aun así te lo daba.

Y así es como conocí también a mi novia: paseando por el metro, llevándole la maleta. Hace un mes y pico estaba en el tren. Siempre que estoy en el tren pienso: “A ver, ¿quién necesita sentarse?”. Para mucha gente esto es obvio, pero para otras no. Lo obvio es ir en tu mundo.

Yo siempre digo: ve bastante en tu mundo, pero ten un ojo atento para ver qué puede necesitar otro ser humano.

Si ves una persona mayor, alguien con una maleta, alguien con carrito de bebé… Casi en cada trayecto hay alguien a quien ayudar, alguien que genuinamente necesita ayuda.

Hace un mes, en el tren, yo iba a bajar y justo subía una monja con una maleta gigante. Había gente a su lado, pero nadie hacía el gesto de ayudar. Le dije: “Por favor, ¿puedo ayudarte?”. Y ella: “Ay, muchísimas gracias, hijo”.

Le cojo la maleta y le digo: “La pena es que no me acuerdo de qué pasaje de la Biblia es, pero hay un pasaje que dice algo así como: ‘Acércate a Dios, y Dios se acercará a ti’”.

Yo lo veo así: cuanto más medito, más capaz soy de contribuir al brócoli.

A mí esto me lo ha dado también la respiración. Me parece precioso esto de ir por la vida atenta a ver quién necesita algo. Te da tanto…

Yo he encontrado riqueza en eso: en estar al servicio en pequeños gestos que creemos que nos quitan, pero no te quitan nada; al contrario, cada cosa que das sientes que también estás recibiendo. Da mucha plenitud ayudar.

—Sí, pero voy a parecer que tengo la Biblia bajo la almohada.

Hay una frase que me encanta: “Somos más felices dando que recibiendo”. Es literal.

Y sin irnos tan lejos, en la película Klaus, una de dibujos, dicen:
“Every single act of kindness always sparks another”.
(Todo acto de amabilidad despierta otro acto de amabilidad).

—Es verdad. Y muchas veces estamos en la queja: “No me dan, no me dan…”.

Pero si quieres recibir, ponte a dar. Eso que quieres, conviértete en eso que tanto deseas.
Si quieres cuidado, ponte a cuidar.
Si quieres que te llamen, ponte a llamar.
Si quieres ir a eventos, créalos tú.

Preséntate, para quien no te conozca.

—Hola, soy Antonio. Soy un puntito verde al servicio del brócoli… no, miento: a mi propio servicio también.

Estoy en el camino de encontrar quién soy. En el camino del crecimiento, del amor propio, de aprender a amarme.

Ese camino empezó en 2018, en la India. Ahí descubrí: “Puedo amarme, puedo sentirme bien conmigo mismo, puedo tener emociones positivas”.

Me gusta presentarme así: cuando me preguntan “¿A qué te dedicas?”, digo:

“Mi profesión es que soy un tío que crece, de verdad”.

Soy un tío que intenta profesionalmente crecer: leo mucho, practico, voy a retiros de meditación, viajo a la India…

Y ese conocimiento que voy adquiriendo me permite luego contárselo a otros. Me encanta contar cosas, explicar; me hace muy feliz transmitir conocimiento.

He convertido eso en mi modo de vida.

—Has dicho: “No estoy al servicio del brócoli al 100%, también estoy a mi servicio”.

Yo creo que no hay separación. No puedes estar genuinamente al servicio de la vida si no estás a tu servicio, porque tú también eres vida.

—Absolutamente. Lo que quería decir es que intento no hablar desde la falsa humildad.

Todavía no estoy al servicio del brócoli al 100%. Una persona que está completamente al servicio del brócoli es alguien que ya “se ha pasado el juego”.

Un Buda está 100% al servicio. Es el profesional del brócoli. Ese ya es el brócoli. Nosotros lo cuidamos humildemente con lo que podemos.

Estoy aprendiendo a cuidarme a mí mismo y, en consecuencia, a cuidar el brócoli.

—Haces muchas referencias a la Biblia. ¿La lees regularmente? ¿La recomiendas?

Hasta hace no mucho yo era la persona más atea que conocía.

Llevo muchos años leyendo. Desde los 16 empecé a leer bastante, pero hasta los 32 o 33 me consideraba muy ateo.
La palabra “Dios” o “Biblia” me molestaba.

Leía El poder del ahora de Tolle, por ejemplo, y cuando salía la palabra Dios pensaba: “Ya estamos otra vez”.

Lo cuento porque recomendar la Biblia puede sonar raro si no sabes de qué va realmente.

Hoy sí la recomiendo. No la he leído entera, pero la tengo en mi librería y la consulto a menudo, como libro de referencia.

Estamos rodeados de referencias bíblicas: en películas, en redes, en frases tipo “Marcos 17:24”…

En lugar de buscarlo en Google, lo busco en la Biblia. Está llena de información extraordinariamente pura y poderosa.

Hay frases que te pueden animar semanas enteras, ayudarte a centrarte.

—¿Compartes alguna con nosotras?

Una que me encanta:
“Cuando oréis, creed que ya lo tenéis y lo tendréis”.

Habla de manifestación. Tiene muchos niveles de comprensión.

Como yo la entiendo: si elevas tu consciencia hasta que tu vibración sea tan pura que aquello en lo que piensas no tiene interferencias, si eres capaz de pensar en una sola cosa de forma pura, podrías hacer los milagros de Jesús.

En la India llaman a esos “poderes” siddhis. Está muy documentado en tradiciones antiguas: capacidades del ser humano para hacer cosas raras.

Otra frase:
“Todo hombre se dirige hacia la casa de mi Padre”.

Para mí significa que todo ser humano está en un proceso de elevación de consciencia, y que en última instancia llegará a una consciencia crística, y sabrá que es brócoli.
Todos acabaremos dándonos cuenta de que somos brócoli.

—He visto en tu manual que la meditación es un pilar importante para ti.

Para que uno sea rico y libre, ¿la meditación es un pilar?

Cuéntanos primero cómo empezó tu amor con la meditación y segundo si para ti es realmente un pilar para ser rico y libre.

Empiezo por el final: sí, para mí es un pilar fundamental para experimentar la verdadera libertad de la que habla Jesús.

Otra frase de la Biblia: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Hay que meditar. Más tarde o más temprano, todo ser humano acabará descubriendo la meditación; puede ser en esta vida o en otra.

La vida tiene una escala de vibración enorme. Para llegar a niveles altos de consciencia y entender realmente lo que es el brócoli, hay que meditar.

Pero ojo: no hay obligación. Nadie “tiene que” meditar; todo está perfecto.
Si no meditas en esta vida, maravilloso. Te lo encontrarás en otra.

Buda decía que es el único camino para la iluminación.

Yo hablo sobre todo de la meditación Vipassana, la que enseñó Buda.

—Pues fíjate, en mi casa hay libros de yoga desde que tengo uso de razón. Yo empecé a meditar hace muchos años, pero muy suave, muy poquito. Y siempre me preguntaba por qué había gente que hablaba de la meditación como de algo tan transformador, si yo no sentía eso.

Me daba paz, pero no entendía esa magnitud de la que hablaba la gente. Hasta que un día, muchos años después, con constancia… de repente un día entré y dije: “Ah. Vale. Ahora lo entiendo”.

Y desde ahí, para mí también es un antes y un después.

Total.

Lo que pasa con la meditación es que es un camino gradual. Es como desarrollar un músculo. Imagina que quieres correr un maratón: no puedes correrlo el primer día. Necesitas meses de práctica.

En Vipassana hablamos de sensaciones corporales. De observarlas sin reaccionar. Eso requiere entrenamiento.

Pero una vez que entras… una vez que cruzas esa puerta…
entiendes que es una herramienta que transforma literalmente todas las áreas de tu vida.

Te cambia cómo ves tu cuerpo.
Tu mente.
Tus emociones.
Tus relaciones.
Tu forma de trabajar.
Tu forma de hablar.
Tu forma de amar.
Tu forma de decidir.

Meditas y te vuelves un ser humano más libre, porque tienes más espacio entre el estímulo y la respuesta.

Y ahí está la verdadera libertad.

—Te cambia todo. Te cambia quién eres. Y también te cambia cómo tratas a los demás. Yo noto que cuando medito, soy una mejor persona. Más presente, más amorosa, más centrada. Cuando no medito… se me nota muchísimo.

Totalmente.

Meditas y tu vibración sube. Y cuando tu vibración sube:

• Atraes mejores situaciones.
• Tomas mejores decisiones.
• Tienes mejores conversaciones.
• Gestionas mejor tus emociones.
• Ves la vida con más claridad.
• Eres más capaz de amar.
• Y sobre todo: eres más libre internamente.

Yo siempre digo que la verdadera riqueza y la verdadera libertad empiezan dentro.

Porque… ¿de qué sirve tener dinero si tu mente te esclaviza?
¿De qué sirve tener un buen trabajo si estás lleno de ansiedad?
¿De qué sirve tener una pareja maravillosa si no sabes ser feliz con ella?
¿De qué sirve tener mil oportunidades si no sabes verlas?

La meditación es el entrenamiento que te permite usar tu mente en tu beneficio y no en tu contra.

—¿Y cómo llegaste tú a la meditación Vipassana?

En 2018 estaba en la India, por segunda vez, y alguien me habló de Vipassana. Me dijeron: “Si quieres conocerte de verdad, ve”.

Y yo pensé: “Bueno, vamos”.

Fueron diez días en silencio absoluto.

Diez días meditando diez horas al día.
Sin móvil.
Sin escribir.
Sin hablar.
Sin mirar a los ojos a nadie.
Sin leer.
Sin música.
Sin nada.

Solo tú, tus sensaciones corporales y tu respiración.

Y ahí descubrí que mi mente era un caos. Un auténtico caos. Pero también descubrí que podía entrenarla. Que podía calmarla. Que podía observarla. Que podía comprenderla.

Esos diez días fueron el inicio de un camino que todavía sigo recorriendo cada día.

Vipassana te enseña algo que cambia tu vida para siempre:

todo cambia.
todo es impermanente.
y cuando aprendes a observar sin reaccionar, eres libre.

—Es muy fuerte eso. Lo de observar sin reaccionar. Esa es la clave. Ahí es donde está la libertad de la que hablas. Porque si no, vamos como hojas al viento: lo que pasa fuera determina cómo estamos dentro.

Exacto.

La mayoría de personas vive así:
Pasa algo → reaccionan.
Pasa otra cosa → reaccionan.
Pasa otra → reaccionan.

Y creen que “son así”.

No.
No eres así.
Estás reaccionando sin consciencia.

Vipassana te enseña a poner un pequeño espacio entre lo que ocurre y tu reacción.

Un espacio infinitesimal.

Pero ese espacio lo cambia TODO.

Es la diferencia entre:
• responder o gritar,
• escuchar o atacar,
• ver claro o confundirlo todo,
• decidir con amor o decidir con miedo,
• avanzar o sabotearte.

Ese pequeño espacio es tu libertad interior.

Y una vez lo experimentas…
una vez sientes esa libertad en tu cuerpo…

no quieres volver atrás nunca más.

—Totalmente. Yo siempre digo que meditar no es para volverte zen y ya. Meditar es para volverte libre. Libre de ti misma, de tus patrones, de tus reacciones, de tu ruido mental.

Exacto.

Y libre para hacer algo muy importante que casi nadie hace:

elegir.

Elegir cómo quieres pensar.
Elegir cómo quieres actuar.
Elegir cómo quieres amar.
Elegir cómo quieres vivir.

Si no meditas, normalmente eliges muy poco.
Crees que eliges, pero en realidad… reaccionas.

Meditas, y entonces eliges de verdad.

Por eso digo que la meditación es un pilar para ser rico y libre. Porque ser rico y ser libre no empieza en tu cuenta bancaria; empieza en tu consciencia.

—Me encanta esto que dices porque aclara muchísimas cosas. Muchas personas creen que para ser rica y libre tienes que trabajar como una mula, o tener contactos, o haber nacido con estrellas, o vender humo. Pero tú lo estás planteando desde otro lugar completamente distinto: desde la consciencia.

Sí.
Porque la consciencia es la raíz.

Mira, si tú plantas un manzano en tierra fértil, con sol suficiente y agua suficiente, ese árbol crece. Es inevitable.

Si tú plantas ese mismo manzano en tierra seca, dura, llena de piedras, ese árbol sufre y quizá ni crece.

Lo que la mayoría de personas hace es intentar ser ricas y libres plantando sus semillas en tierra dura.

¿Y qué es la tierra dura?
La mente en caos.
El cuerpo desconectado.
La atención dispersa.
La emoción inestable.
El ruido mental constante.
La dopamina destrozada.
La falta de raíz.

Tú no puedes construir un imperio con una mente desordenada.
No puedes crear abundancia desde la escasez emocional.
No puedes tomar buenas decisiones desde el miedo.

La meditación —la práctica interna— convierte esa tierra dura en tierra fértil.
Ahí es cuando cualquier cosa que plantes… crece.

Pero la gente quiere saltarse ese paso.
Quieren plantar el bosque sin preparar la tierra.

—Es que queremos resultados YA. Vivimos en un mundo donde si un vídeo tarda 5 segundos en cargar, ya estamos gruñendo. Y claro, cuando hablamos de desarrollo personal, de riqueza, de libertad… queremos que sea inmediato.

Y es normal.
El ser humano moderno está educado para la inmediatez.

Pero fíjate en esto:

Nada valioso crece rápido.
Nada valioso es inmediato.
Nada valioso aparece de la noche a la mañana.

El bambú tarda 7 años en crecer visible.
7 años donde no se ve NADA.
Parece que no pasa nada.
Pero por debajo… está construyendo un sistema radicular brutal.

Y de repente, un día…
crece dos metros en una semana.

La gente solo ve la semana.
Nadie ve los 7 años.

Ser rico y libre es igual.
Cuando tú ves a alguien que ha creado algo grande, estás viendo su semana de bambú.
No estás viendo sus 7 años.

La meditación, el yoga, el breathwork, la observación interior…
esos son tus 7 años.
Ese es tu sistema radicular.

—Me encanta esta metáfora.

Y es real.
Porque nadie se salta sus raíces.
Si tú no haces el trabajo interno, la vida te obliga a hacerlo por las malas.

Pero si lo haces por las buenas…
todo se vuelve más ligero, más claro, más coherente, más alineado.

—Y dime una cosa, Antonio: cuando tú hablas de que la meditación te llevó a crear Ricos y Libres… ¿cómo ocurrió exactamente? ¿Fue una idea? ¿Una visión? ¿Una claridad que llegó de repente?

Fue claridad.
Pero no claridad intelectual.
Claridad de conciencia.

Cuando estás 10 días meditando, sin hablar, sin mirar el móvil, sin distraerte, sin huir…
solo quedas tú.
Tu verdad.
Tu esencia.

No puedes mentirte.
No puedes huir de lo que eres.
No puedes esconderte detrás de una excusa.

Y ahí aparece una pregunta fundamental:

¿Qué he venido a hacer aquí?

Y cuando esa pregunta se formula desde el silencio —no desde la mente, sino desde el interior—, la respuesta llega.
No llega como texto.
No llega como “la misión es esta”.
Llega como dirección.
Como certeza.
Como un “por aquí”.

Y eso fue Ricos y Libres.

Yo salí de mi primer retiro de meditación con la certeza absoluta de que ese era mi camino.
Certeza sin ruido.
Sin duda.
Sin comparación.
Sin miedo.
Sin necesitar aprobación.

Es como cuando enciendo una linterna en una habitación oscura.
La habitación sigue sin estar completamente iluminada…
pero sé hacia dónde dar el siguiente paso.

—O sea, que meditar no te dio una idea. Te dio dirección.

Exacto.
Porque la mente da ideas.
La conciencia da dirección.

La mente dice:
“Haz un podcast.”
“Haz un curso.”
“Haz un libro.”

La conciencia dice:
“Es por aquí.”

Y cuando tú sigues ese “por aquí”, todo lo demás se ordena solo.

Los recursos llegan.
Las personas llegan.
Las oportunidades llegan.
Las ideas correctas aparecen.
La energía se multiplica.

Porque la vida apoya lo que es verdadero en ti.

—Es como si fueras alineando el GPS interior.

Exacto.
La gente quiere el mapa entero.
Pero la vida te lo da coordenada a coordenada.

Primero alineación.
Luego acción.
Luego resultados.
Ese es el orden.
Siempre.
Sin excepción.

—Y entonces, ¿cuál fue el primer paso real que diste cuando volviste de ese retiro? Porque una cosa es la claridad… y otra muy distinta es convertirla en acción.

El primer paso fue escribir.
Sin filtros.
Sin estructura.
Sin plan de negocio.
Sin pensar en si alguien lo iba a leer.
Solo escribir.

Yo creo que todo proyecto verdadero empieza igual:
con una necesidad interior que se desborda.

No escribí para gustar.
No escribí para vender.
No escribí para construir una marca.

Escribí porque no podía no hacerlo.

Y cuando escribes desde ahí —desde la autenticidad profunda—, lo que escribes tiene vida.
Lo que escribes respira.
Lo que escribes vibra.

—Y eso se nota cuando uno lee tu manual. No suena a “contenido”, suena a experiencia vivida.

Porque lo es.
Yo no estoy enseñando teorías.
Estoy enseñando mi camino.

Cuando tú enseñas desde el camino propio, la gente lo siente.
Cuando enseñas desde cosas leídas, la gente lo detecta igual de rápido.

La autenticidad no se puede fingir.

—¿Y no te dio miedo? Porque cuando uno enseña su camino, también enseña sus dudas, sus heridas, su vulnerabilidad…

Claro que da miedo.
Pero da más miedo no hacerlo.

La mayoría de personas no fracasa por intentarlo y fallar.
Fracasa por no intentarlo nunca.

Yo tenía dos opciones:

  1. Seguir viviendo como antes
    o

  2. Compartir todo lo que me había transformado

Elegí la segunda.

Y gracias a eso, apareció la comunidad.
Aparecieron los lectores.
Aparecieron los correos.
Aparecieron las historias de gente cambiando su vida.
Aparecieron oportunidades que jamás habría imaginado.

Cuando tú empiezas a caminar en tu verdad, la vida empieza a caminar contigo.

—Total. La vida se mueve cuando tú te mueves.

Exacto.
La vida no reacciona a tus deseos.
Reacciona a tu movimiento.

No basta con querer ser rico y libre.
Hay que convertirse en el tipo de persona que vive así.

Ese es el verdadero trabajo.

—Entonces, si tuvieras que resumir el camino hacia una vida rica y libre… ¿cómo lo explicarías? ¿Qué es lo esencial?

Lo esencial cabe en tres frases:

1. Claridad interior.
2. Movimiento decidido.
3. Persistencia inquebrantable.

Ya está.
Eso es todo.

Claridad interior significa saber qué quieres de verdad, no lo que te han dicho que deberías querer.
Claridad real. Cruda. Brutalmente honesta.

Y esa claridad no se obtiene pensando:
se obtiene meditando, respirando, caminando, observando, quitando capas.

Luego viene el movimiento.
Aquí falla el 90% de la población.

La gente espera tener confianza antes de actuar.
Pero la confianza llega después de actuar.

Primero haces.
Después crees.

Y por último, la persistencia.
La disciplina bien entendida.
La práctica diaria.
El “aunque hoy no me apetezca, lo hago igual”.

El éxito premia a los constantes, no a los intensos.

—Me encanta eso. Porque muchas veces creemos que necesitamos un plan perfecto… y no. Necesitamos empezar.

Exacto.

El perfeccionismo es procrastinación disfrazada de virtud.
El lobo actúa. El caniche espera el momento ideal.
Y el momento ideal nunca llega.

—Entonces, ¿qué crees que debería hacer una persona que ahora mismo está escuchando esto y siente esa chispa… pero no sabe por dónde empezar?

Lo más sencillo del mundo:

Un acto.
Una acción mínima.
Un movimiento microscópico hoy.

Cualquier cosa que te acerque al tipo de persona que quieres ser.

Si quieres escribir, escribe dos líneas.
Si quieres meditar, medita un minuto.
Si quieres emprender, crea una página en blanco con el nombre del proyecto.
Si quieres mejorar tu cuerpo, haz cinco sentadillas.

No importa lo pequeño que parezca.
Lo pequeño repetido cada día es imparable.

La grandeza no llega de decisiones enormes.
Llega de decisiones pequeñas sostenidas en el tiempo.

—Totalmente. Como una semilla.

Exacto:
una semilla no parece nada…
hasta que se convierte en un bosque.

—Vale, quiero que hablemos de algo que dijiste antes porque creo que puede cambiarle la cabeza a mucha gente:
lo de “haz tu práctica, y todo llegará”.

Sí.
Esa frase es sagrada.

La aprendí en India y me atravesó como un rayo:

“Do your practice and all is coming.”

Haz tu práctica.
Hazla hoy.
Hazla mañana.
Hazla pasado.

Aunque sea mínima.
Aunque sea torpe.
Aunque no estés inspirado.

El problema es que vivimos en una cultura obsesionada con el resultado,
pero completamente indiferente al proceso.

Todos quieren los frutos.
Casi nadie quiere plantar.
Casi nadie quiere regar.
Casi nadie quiere esperar.

Pero la vida funciona al revés:

Primero la semilla.
Luego el árbol.
Y después, mucho después, el fruto.

Ese orden no se puede saltar.

—Y entonces, ¿qué sería “la práctica” para una persona que quiere una vida más rica y más libre?

Tres cosas:

1. Cuidar tu mente.
Meditar, respirar, escribir, observar. Quitar ruido. Ganar presencia.

2. Cuidar tu cuerpo.
Moverte, entrenar, comer con consciencia, descansar bien.
Un cuerpo lobo sostiene una vida lobo.

3. Cuidar tu propósito.
Crear algo tuyo. Tener un proyecto. Tener una misión.
Algo que dependa de ti y que crezca contigo.

Esa es la práctica.

Si haces esas tres cosas, aunque sea poquito, todos los días…
tu vida cambia sola.
Literalmente empuja hacia arriba.

—¿Y qué le dirías a alguien que dice “no tengo tiempo”?

Que está mintiendo.

No por maldad, sino por falta de consciencia.

Todo el mundo tiene 10 minutos.
Todo el mundo tiene un hueco.
Todo el mundo puede sustituir un rato de Instagram por un rato de vida.

Si no tienes tiempo para ti,
no tienes vida.
Tienes supervivencia.

La gente no necesita más tiempo.
Necesita más prioridades.

—¿Y cuál sería la prioridad número uno?

Convertirte en alguien que se respeta a sí mismo.

Porque en el momento en el que te respetas,
ya no puedes seguir viviendo a medias.
Ya no puedes traicionarte.
Ya no puedes esconder tu luz.

El respeto propio te obliga a crecer.

Y cuando creces…

la abundancia llega,
las oportunidades llegan,
las personas correctas llegan.

Todo se ordena.

—¿Qué le dices a la gente que piensa que esto es demasiado “espiritual”?

Que lo pruebe.

La espiritualidad no es incienso ni túnicas.
La espiritualidad real es la capacidad de estar presente, fuerte, lúcido, enfocado.

El resto es estética.

La espiritualidad de verdad es brutalmente práctica:
te hace pensar mejor, elegir mejor, trabajar mejor, amar mejor.

Te convierte en un humano completo.
En un humano que siente, piensa, actúa y crea con coherencia.

Eso es ser espiritual.

Y eso, inevitablemente, te hace rico y libre.

—Entonces, ¿qué hace exactamente la meditación en el camino hacia la riqueza y la libertad?

Hace algo muy concreto:

Te saca del modo supervivencia y te mete en el modo creación.

En supervivencia no puedes crear.
No puedes pensar con claridad.
No puedes ver oportunidades.
No puedes arriesgar.
No puedes ser generoso.
No puedes ser valiente.

Solo reaccionas.
Solo corres.
Solo apagas fuegos.
Solo sobrevives.

Pero cuando meditas, respiras y limpias tu mente:

todo se ralentiza.
todo se ordena.
todo se aclara.

Y entonces, por primera vez, puedes crear.

Crear ideas.
Crear proyectos.
Crear dinero.
Crear relaciones.
Crear vida.

—Pero habrá quien diga: “yo no necesito meditar para ganar dinero”.

Correcto.
Hay gente que nace con una consciencia financiera muy alta.
Con mentalidad clara.
Con disciplina natural.
Con foco.
Con confianza.

Esas personas no necesitan meditar para ganar dinero.

Pero incluso ellas, si meditan,
multiplican su poder.

Porque lo que hace la meditación no es darte algo nuevo,
sino quitar lo que sobra:

Ruido.
Miedos.
Tensión.
Reactividad.
Ego.

Un ser humano sin ruido es un misil.

Un ser humano sin ruido manifiesta más, vende mejor, crea mejor, lidera mejor.

Un ser humano sin ruido es libre para actuar y libre para parar.

—Entonces, ¿qué es lo primero que harías si fueras alguien que quiere empezar hoy?

Esto:

  1. Medita 3 minutos.
    No 20. No 30. No 1 hora.
    Tres. Todos los días.

  2. Respira hondo 4 veces cuando te acuerdes.
    Eso baja la mente instantáneamente.

  3. Haz algo pequeño que se parezca a la vida que quieres.
    Un email.
    Un post.
    Un paseo.
    Un gesto amable.
    Un pequeño avance.
    Lo que sea.

  4. Acuéstate hoy un poco mejor de lo que te despertaste.
    Ese es el camino.
    Ese es el método.
    Esa es la práctica real.

Nada de esto es místico.
Es disciplinado, concreto, replicable.

Y funciona.

Porque la vida —la buena vida—
siempre favorece al que practica.

—Has mencionado que uno de tus mayores cambios interiores llegó en tu primer retiro de meditación. ¿En qué sentido cambió tu vida?

Hasta límites que no puedo explicar con palabras.

Lo más parecido que puedo decir es esto:

Llegó una versión de mí que no conocía.
Una versión más fuerte.
Más tranquila.
Más honesta.
Más valiente.
Más yo.

Durante diez días sin móvil, sin hablar, sin distraerte, sin mirar a nadie y sin poder escapar de tu propia mente:

Te ves.
Te escuchas.
Te enfrentas.
Te rompes.
Te reconstruyes.

Y cuando vuelves al mundo,
el mundo ya no es el mismo
porque tú ya no eres el mismo.

Fue allí donde nació la idea de Ricos y Libres.
Fue allí donde entendí que crecer no es una opción: es una responsabilidad.

—¿Qué responsabilidad?

La de convertirte en lo que puedes llegar a ser.

No en lo que te dijeron que eras.
No en lo que crees que eres.
No en lo que el mundo espera de ti.

En lo que puedes llegar a ser.

Esa es la responsabilidad verdadera.
Esa es la deuda con la vida.

Y eso solo ocurre cuando empiezas a practicar.
No cuando piensas, ni lees, ni escuchas.
Cuando practicas.

Por eso, para ser rico y libre:

No basta con leer.
No basta con escuchar.
No basta con querer.

Hay que practicar.
Hay que hacerlo cada día.
Hay que hacerlo aunque no apetezca.
Hay que hacerlo cuando estás bien y cuando estás mal.

Allí, en ese retiro, entendí una frase que cambió mi vida:

“Do your practice and all is coming.”

Haz tu práctica.
Hazla aunque sea mínima.
Hazla imperfecta.
Hazla torpe.
Hazla tú.

Y lo demás —el dinero, la libertad, la claridad, la paz—
viene solo.

Ser rico y libre no va de acumular cosas; va de acumular claridad.
Cuando tu mente está despejada, cuando no estás atrapado en el ruido interno, empiezas a ver oportunidades donde antes solo había confusión.
La claridad es una especie de superpoder silencioso.
No hace ruido, no presume, pero ordena tu vida.

Y cuando tu vida está ordenada, aparece espacio.
Cuando aparece espacio, aparece energía.
Y cuando aparece energía, aparece abundancia.
En ese orden.

A veces creemos que la libertad se compra.
Que es una cuestión de ingresos, de inversiones, de “cuando llegue a X me relajo”.
Pero la libertad es una práctica.
Una forma de estar.
Una forma de relacionarte contigo mismo.

La libertad empieza el día que decides dejar de huir.
El día que te sientas, respiras, y miras hacia dentro sin moverte.
Eso que parece tan pequeño cambia toda una vida.

He visto a personas con mucho dinero ser profundamente esclavas.
He visto a personas con muy poco ser increíblemente libres.
La diferencia siempre es interna.
Siempre.

Porque el que está en paz puede construir.
Y el que construye puede prosperar.
El que está en guerra consigo mismo solo puede sobrevivir.

De esto va todo lo que hablábamos en el podcast:
De volver a la raíz.
De volver al lobo.
De volver a la responsabilidad radical.
De volver al silencio.
De volver al cuerpo.
De volver al “yo me cuido, yo me observo y yo mejoro”.

No porque sea bonito.
Sino porque funciona.

Cuando empiezas a vivir así, empiezan a ocurrir cosas:
Conoces a personas que resuenan contigo.
Tu energía cambia.
Tus hábitos cambian.
Tus decisiones cambian.
Y tu vida, inevitablemente, cambia.

El mundo externo solo es un espejo del interno.
Si tú cambias, todo cambia.

Esto es lo que intentaba explicar en el podcast:
No hay truco.
No hay secreto oculto.
No hay “hack”.
Hay práctica.
Hay presencia.
Hay intención.
Y hay una decisión irreversible:
Voy a crecer. Pase lo que pase.

Y cuando esa decisión está tomada de verdad…
somos imparables.

El dinero llega.
La libertad llega.
Las oportunidades llegan.
La paz llega.
Las personas adecuadas llegan.

Porque cuando tú cambias tu vibración, cambias tu mundo.

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