Hace unos días me rompí un hueso, y aunque no venía a contarte esto te lo voy a contar.
Estaba en el aeropuerto, agarré mi mochila muy rápido, mis huesos no son los más fuertes y un metacarpiano de la mano izquierda se partió.
Sonó clac. Miré mi mano y supe que se había roto. No es la primera vez.
Mierda, tengo que coger el avión. Así que seguí caminando.
De repente todo mi cuerpo es invadido por sensaciones.
Como llevo unos años practicando el observar las sensaciones durante la meditación Vipassana, las observo.
Y espera porque no venía a contarte esto pero te lo voy a contar: esta película llamada vida trata sobre las sensaciones corporales. Todo depende de ellas. Un día hablaremos de ello.
Seguimos con la historia.
Empiezo a sentir lo que debe de sentir una persona cuando está a punto de morir aunque por lo general no sepa que lo está sintiendo pues no ha sido entrenada para ello: que las sensaciones que siente, le arrollan. Que no puede hacer nada salvo observar y estar presente o estar ido e inconsciente. Salvo tener confianza, o tener miedo.
¿Vale? Vale, entonces, como veo que no puedo hacer nada, hago lo que tengo que hacer: me siento en una silla y observo la respiración y observo las sensaciones. Cómo me invaden. Cómo llegan a todas las partes del cuerpo.
Y de repente…
Me desmayo, me caigo de la silla y me pego un hostión considerable.
Sólo tenía que hacer una cosa (sentarme y observar) pero elegí mal: debí haberme tumbado en el suelo a desmayarme tranquilamente.
Abro los ojos y la gente a mi alrededor está muy preocupada, les digo que no se preocupen y me dedico a observar las sensaciones.
Veo a unos niños alemanes que me miran curiosos a un metro de distancia y les saludo con la mano, les pongo una cara extraña para que se rían y casualmente se ríen. Me recuerdo que aunque estés en una situación chunga siempre hay un momentillo para hacer sentir bien a los demás.
Me traen agua. Agua a 3 € la botella. Me recuerdo una vez más que la vida va de ayudarte todo lo que puedas para así poder ayudar a todos los seres humanos que puedas, y que cuanta más energía (la suficiente como para pagar una botella a 3 €) y sabiduría tengas, más podrás ayudar.
…
En fin, pero no venía a contarte esto, sino esto:
Siempre que pierdo algo que tenía, aunque la pérdida sea momentánea, pienso así:
Mi mayor miedo es morir sin haber usado lo que podía usar.
Sin haber dado lo que tenía para dar.
Sin haber agradecido lo que tenía para agradecer.
Mi mayor miedo es descubrir un día que un día tuve dos manos y que en lugar de usarlas para crear acariciar cultivar tocar y dar sin parar, las usé casi sólo para pasar a la siguiente storie de instagram.
Mi mayor miedo es morir sin haber usado mi mente.
Sin haberla comprendido.
Sin haberla descubierto.
Sin haberla expandido.
Habiendo permitido que cada situación me esclavice.
Mi mayor miedo es morir sin haber descubierto el potencial de mi cuerpo.
Mi mayor miedo es morir sin haber comprendido a ni una sola de mis parejas, a ni uno solo de mis familiares, y a ni uno solo de los seres humanos que pasaron por mi vida.
Sin haber sabido quien miraba tras su mirada.
Sin haberles visto, pero visto de verdad.