Yo tenía 23 años, era tremendamente estúpido y estaba de prácticas.
Tras las prácticas me contrató la empresa y empecé a trabajar para ellos.
Mi jefe era un tío majo e inteligente, tan majo e inteligente que me dijo el primer día:
Si quieres que te firme las prácticas lo hago.
Es un papel que no le importa a nadie.
No hace falta ni que vengas estos meses.
Pero si vas a venir esfuérzate.
Hoy sé que que todas las personas que te cruzas en los diferentes estadios de tu vida son Dios explicándote qué tienes que hacer para subir en el juego de la vida y qué tienes que hacer para bajar y que lo único que tú tienes que hacer es elegir en qué dirección de la escalera quieres estar.
El caso es que uno de los primeros días ahí en la oficina mi jefe me pidió que hiciera una tarea, y cuando la iba a hacer me di cuenta que no sabía.
Pensé con frustración que los años de estudio no me habían preparado para justo eso.
Y no recuerdo qué me pidió pero sí recuerdo que era algo muy sencillo.
Algo que me podría llevar a lo sumo 5 minutos encontrar la solución.
Algo que, si yo tuviera un mínimo de inteligencia, de chispa vital, de paciencia, lo encontraría.
Entonces yo, en lugar de hacer lo que tenía que hacer, en lugar de probar o pensar o buscar en Google o en los libros o en los vídeos o algo así, le dije a mi jefe que no sabía hacerlo y le pedí que me ayudara.
Entonces él, en lugar de acompañarme a la puerta y pedirme que no volviera, en un acto de compasión y haciendo lo único que podía hacer, me dijo:
Si me vuelves a preguntar algo así no te molestes en volver.
Si me vas a preguntar algo que sea importante.
Tú estás aquí para aprender y yo estoy aquí para ayudarte, pero si no te ayudas a ti mismo no puedo hacer nada.
Búscate la vida.
Usa tu inteligencia.
Resuelve tus problemas.
Actúa.
Tras sus palabras me puse a buscar la solución y la encontré rápido, hice lo que tenía que hacer, le entregué la tarea y empecé a comprender.
Empecé a comprender el estado mental en el que me hallaba.
Empecé a descubrir que no sabía valerme por mí mismo.
Empecé a ver con claridad que a mis 23 años era como un niño en cuerpo de adulto que se pone a berrear porque está frustrado porque tiene cero control de su mente y porque tiene cero conocimiento de sus emociones y porque tiene cero conocimiento de cómo funciona la vida y,
entonces,
me acojoné.
Me acojoné porque vi con precisión que si no cambiaba me esperaba una vida muy de mierda, una vida de pobreza, de esclavitud, de estupidez, una vida donde casi cada contacto con otro ser humano crearía fricción y donde en lugar de despertar pasiones a menudo despertaría desprecio, con suerte compasión, y seguro pena.
Y es que mientras el rico siempre hace sus deberes porque sabe que los dioses le están poniendo a prueba, el pobre los olvida por sistema.
Mientras el rico se busca la vida el pobre busca culpables.
Mientras el rico se pregunta cómo hacer lo que tiene que hacer para avanzar por donde tiene que avanzar y para sortear los obstáculos que tiene que sortear, el pobre creé que el mundo es injusto y que está contra él.
Cuando el rico hace una pregunta sabe bien que cada palabra cuesta y las usa con moderación.
El rico sabe qué preguntar, cuándo preguntar y a quien preguntar.
Si el rico te hace una pregunta ten por seguro que antes de hacerla él ha sopesado tu capacidad de respuesta.
Si el pobre te hace una pregunta ten por seguro que es porque eres la primera persona que ha podido encontrar.
Mientras el rico te pregunta en función de tu autoridad, si al pobre le dieras la oportunidad llamaría a Amancio Ortega para preguntarle dónde puede encontrar un Zara en su ciudad o, peor aún, si la camisa que ha comprado la puede cambiar.
Amancio, buenas, soy Antonio, oye, que la camisa me queda un poco justa, ¿tienes una talla más?
El rico sabe que para ascender en la vida a menudo necesita preguntar y por eso cuando pregunta lo hace con responsabilidad.
El pobre sólo sabe girar en círculos y pregunta por preguntar.
Si el rico quiere hacer el camino de Santiago se pone a caminar y quizás en el kilómetro 472 y sólo si tiene verdadera necesidad te dice Buen camino hombre, ¿es por ahí la ciudad?
El pobre antes de hacer nada te pregunta qué zapatillas se tiene que comprar.
Amancio, perdona que te moleste otra vez, ¿tienes zapatillas de andar?
BLV dice José Elías.
Búscate la vida me recuerdo a mí mismo todos los días.
¿Quieres avanzar? Despierta, haz tus deberes, soluciona, piensa, observa, medita, actúa, pon en marcha tus recursos,
antes de preguntar a nadie pregúntate a ti mismo,
y después,
sólo después,
pregunta a los demás.
PD: El otro día alguien dejó un comentario curioso en la comunidad Ricos y Libres.
Hace poco leí una frase de un copywriter que me hizo pensar. Decía algo así como: “Este curso es para gente que ya tiene un negocio. Si eres tan inútil que no sabes ganarte la vida por ti mismo, este curso no es para ti.”
Si yo fuera copywriter y vendiera cosas también diría algo así, pero a ese copywriter sobre todo le diría: todo el mundo tiene un negocio, lo que pasa es que aún no lo sabe.