Ayer tuve una experiencia bastante traumática.
Estaba leyendo mis emails del día y cuando quise ver los de la página siguiente pinché por error en «ir a la última página de todas».
Entonces vi algo que hacía años no veía: los emails que enviaba y recibía en 2019 cuando empecé Ricos y Libres.
Me encontré con decenas de emails de no clientes que me escribían larguísimas cartas para decirme lo muy increíblemente emocionados que estaban de conocerme y de leer mi blog y todo eso y me encontré también con las larguísimas cartas que yo les escribía de vuelta.
Piénsalo. Vamos a gastar nuestro tiempo en contestar personas que no tienen ningún género de interés en esforzarse en estar contigo, ¿qué podría salir mal?
Y es que eso de estar con personas a las que no les importamos en realidad es algo que hacemos todos en algún punto de nuestra vida cuando aún no hemos aprendido a vender.
**I used to spend weekends of my life with people I didn’t care about, but not anymore**, que diría el gran Jim Rohn.
Te podría contar mil historias al respecto.
Cuando tenía 25 años y acaba de abrir mi negocio de diseño gráfico tenía un cliente iraní (muy majo y todo eso, pero un poquito cabrón) que me llamaba por teléfono para decirme que fuera a verle a su restaurante para hacer algunos cambios en las cartas que había diseñado.
Y yo, que tenía miedo de perderle, le decía:
**¡Sí claro! Voy para allá.**
Cada vez que me iba me sentía como Kunta Kinte diciéndole con una sonrisa y por favor a su dueño que gracias por los latigazos.
Un día desperté en modo vendedor y le dije al tío que si quería que fuera a verle lo hacía por un módico precio y ahí, justo ahí,
se acabó la tontería.
Esa fue literalmente la primera en mi vida que tomé consciencia de la importancia de vender.
De eso hace muchos años y últimamente he aprendido un par de cosas más y, entre tú y yo, te recomiendo que lo aprendas también.
No más Kunta Kinte. https://sis.redsys.es/tiendaWeb/item/MzIxOzk=
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