El viernes desayuné en el hotel Santo Mauro de Madrid.
A mi derecha estaba Juan Carlos Simó, discípulo favorito (dicho por él) de Charles Poliquín, quizás el entrenador más famoso (y bueno) de la historia reciente.
A mi izquierda estaba Antonio, ex capitán del ejército, actual discípulo de Juan Carlos y un tío que comprende la naturaleza humana como pocas veces he visto.
A su izquierda estaba Álvaro, un tío que pasaba por allí al cargo de nosecuántas empresas de todo tipo y que cuando le escuchas hablar no tienes más remedio que sentirte pequeño.
Eran mis invitados de honor esta vez.
Bueno pues cuando terminamos de desayunar y vamos a marcharnos, viene Andrea (una clienta del evento) y me dice:
**¿YA ESTÁ PAGADO EL DESAYUNO? **
****
**¡No sabía que estaba incluido en el precio!**
Me alegré de escuchar eso, me reí y le dije a Andrea:
**Bien, veo que has comprendido de qué van estos eventos. **
****
**Veo que empiezas a comprender de qué va eso de aportar valor salvaje a cambio de un poco de valor.**
**Veo que no estabas comprando al peso.**
¿Vale?
Vale, ayer escribí un email solicitando voluntarios para pasar un fin de semana juntos esforzándonos con un objetivo común, y entonces va una chica y, justo antes de desuscribirse, justo antes,
me escribe un email que dice:
**Vaya morro.**
Piénsalo.
Esta chica aún no entiende el valor del valor.
Esta chica ve mal el entregar valor salvaje a otros seres humanos y a cambio recibir valor de ellos.
Lo que es más peligroso para ella: esta chica ve mal el pedir ayuda a otros seres humanos.
Por eso mi sugerencia del día es: aprende a entregar valor con el mismo tesón que aprendes a pedirlo.
PD: ya somos 10 voluntarios (11 conmigo) para el finde que viene.
Quedan dos plazas.
PD2:
**996. **
Quedan 4.
Ricos y Libres S.L.