Un jovenzuelo presuntamente inteligente me escribe un email.
**Muy buenas Antonio, **
**Soy Pau, de 21 años. Gracias a Dios hace unas semanas apareció tu contenido y libro en mi vida. **
**Llevo mucho tiempo intentando cambiar y creo que nunca he estado por la labor, un día me levanto pensando en qué quiero con cierta exactitud y al siguiente vuelvo a sentir lo de anteayer, como el sol en el ocaso. **
**Toda esa frustración e inacción me ha ido debilitando poco a poco y cada vez que intento avanzar me tira para atrás. **
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**Al conocerte pensé que lo que vendías no era verdadero, (te habrás encontrado con muchas personas así), y no te tuve en cuenta.**
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**Sin embargo me he tirado a la piscina de bomba, sin saber cómo está el agua, y por lo que he visto en la XXXXXX que regalas al comprar el Manual, el agua está bien fría, con todos sus beneficios.**
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** Por ende, sé que debo darte las gracias.
PD: Me gusta la forma en que tu escritura me persuadió para comprar el libro.**
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De nuevo, muchas gracias por aportar valor al mundo. **
**Un abrazo, Pau. **
¿Vale?
Vale.
Estoy leyendo un libro que dice así:
**Speak to their souls or remain silent.**
En un mundo lleno de ruido aportar valor es una responsabilidad.
Es un acto sagrado.
Y es que llega un momento en la vida en el que te das cuenta de que todas y cada una de tus acciones, de tus palabras, de tus miradas (¿estás escuchándome o te has distraído con la mujer de rojo?), de tus silencios, tienen una reacción alrededor.
Todo lo que haces puede guiar a otros o puede sumergirlos más aún.
Puede ser la frase que necesitaban para seguir o puede ser la confirmación que esperaban para abandonar.
PD:
Buenos días Pau,
Muchas gracias por tus palabras.
Supongo que ya lo sabes, pero el hecho de que tengas 21 años y estés exponiéndote a esta información es algo de un valor extraordinario.
Como me dijo una vez un monje: sigue haciendo lo que haces.
Antonio.