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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

¿Qué harías tú?

Antonio Herrero Estévez · Ago 4, 2026 ·

Si comprendes y aplicas lo que aquí leerás, ocurirrán cosas en tu vida.

**Cosas buenas.**

Vale, ayer en el retiro me pregunta un asistente:

**Antonio, tengo que tomar una decisión.**

**No sé si volver en tren, que tardaría menos pero cuesta mucho más caro, o volver en autobús. ¿Tú qué harías?**

—

**¿Cuánto dinero tienes el la cuenta?**

**No sé, no mucho.**

—

**¿Cuánto exactamente?**

**X.**

**Vale, en ese caso no puedo decirte lo que yo haría, pero te voy a decir lo que yo hice.**

Y entonces le conté una historia.

Hace unos meses voy a un evento en Italia por el que pago 5.000 €.

Algo para mí impensable hasta antes de ayer.

Ya en Italia me encuentro con que no puedo alquilar un coche para ir hasta el Hotel, que está en mitad de la nada, como es mi idea.

Entonces le pregunto a la organizadora del evento:

**¿Cómo puedo ir al hotel?**

**PILLA UN TAXI,** me dice ella inmediatamente.

Pregunto precios de taxis hasta el Hotel. 250 €.

Entonces mi mente empieza a decir:

¿250 € más?

¿Tras haber pagado 5000 €?

¿Tras haber pagado cientos de euros en vuelos?

¿Quién se cree esa mujer que somos?

Que poca consideración.

Qué forma más egoísta de pensar.

Así que me digo: Soy un tío de recursos. Soy un viajero. Soy un player.

Entonces me cojo un autobús desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad.

Me cojo un tren de dos horas.

Me cojo un autobús eterno que va a través de las montañas.

Camino unos cientos de metros.

Acabo llegando a mi Hotel.

¿Total gastado? 20 €.

¿Tiempo gastado? 5-6 horas.

¿Decisiones tomadas? 500.

¿Vale?

Vale.

Entonces empieza el evento.

Noto las vibraciones de aquel lugar.

Veo las energía del ponente.

Escucho a mis compañeros.

Me doy un masaje a 4 manos.

Compro un reloj de los molones.

Doy propinas que hacen sonreír.

Y cuando es la hora de volver a casa, de volver al aeropuerto, de asentar lo aprendido,

pienso:

**¿Cómo vuelvo?**

Entonces abro el ordenador y, cuando me dispongo a buscar los horarios de autobús y tren y caminar, de repente, de forma instantánea, en menos de 4,63 segundos,

me digo:

**¿Qué mierdas estás haciendo con tu vida?**

Entonces cierro la tapa del ordenador como el adolescente que da un portazo al escapar de casa de sus padres,

me acerco al mostrador del hotel y le digo a aquella mujer:

Necesito un taxi a las 12:30 para ir al aeropuerto.

En esta ocasión no pregunto el precio. No quiero saberlo. No me interesa. No es asunto mío.

**Perfecto señor Antonio, ya lo tiene reservado.**

Llega el taxi.

Una furgoneta mercedes que parece diseñada por el tito Musk.

Un chaval italiano vestido a lo James Bond, extraordinariamente atento pero sin ser servil, me abre la puerta.

Me siento

**. Joder qué cómodo es este bicho.**

En 1,5 horas me deja en el aeropuerto.

280 €.

Le doy 300 €. (Esta propina no hace sonreír pero al menos te recuerda que es posible dar siempre más de lo que la vida te va a pedir).

Llego a casa.

Organizo un evento en Granada. Los mejores restaurantes. Mi hotel favorito. Las mejores experiencias.

¿Vale?

Vale.

Ayer el asistente del retiro supo cómo tenía que volver a casa.

Quizá no ayer, pero sí durante el resto de su vida.

Y recuerda:

El universo siempre nos tiende la mano para crecer.

Ahora bien…

¿Nos vamos a atrever?

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