Las primeros días del retiro de meditación llevaba mi reloj de muñeca a todas partes.
Quedan 23 minutos para la hora de comer.
Quedan 7 minutos de descanso.
En 62 minutos suena la alarma para despertarnos.
Llevo 23 minutos comiendo.
Quería mejorar y el reloj y su disciplina me ayudaba a ello.
Entonces un día, mientras estaba comiendo con el reloj al lado marcando los segundos, observé a un monje budista.
(En países como Tailandia es bastante común encontrarte a monjes en los cursos).
Él no usaba reloj para nada y sin embargo parecía que todo lo que hacía era casi perfecto, usando el tiempo necesario para cada tarea pero sin necesidad de medirlo: simplemente hacía lo que tenía que hacer de una forma extraordinariamente eficiente.
Tan eficiente que incluso el buscar la eficiencia le restaba eficiencia.
Pensando pensando me di cuenta de que sólo un corredor novato (pero que se creé experto) mirará el reloj pues cree que así va a ir más rápido o que va a llegar antes a la meta, y del mismo modo sólo un corredor novato mirará a su «oponente» para saber si tiene que acelerar su paso o no.
Un corredor experimentado, en cambio, se basa sólo en su percepción interna.
Intenta hacer lo que cree que puede ser hecho y tanto el resultado, como el tiempo que emplea en ello, como lo que observa en el exterior, como el resto de corredores, no es asunto suyo.
Para él todo es un juego mental. Un juego de sensaciones corporales.
Y eso es lo que llamé la velocidad de Dios.
PD: el martes 3 de marzo a las 9:30 en Madrid he organizado una quedada para tomar un café con la comunidad Ricos y Libres. https://www.skool.com/ricosylibres/about
Otra cosa respecto a la comunidad a partir de ahora.
Cada miércoles hay una clase de Yoga.
Cada último domingo de mes hay una clase de ventas.