En los retiros de meditación nos cuentan algo curioso.
Dice algo así:
Hay un monje que va paseando por un parque lleno de gente.
Ese monje es un hombre que se pasa el día meditando, comiendo lo justo y lo correcto y nunca después de las 12 del medio día, midiendo sus palabras para no herir a otros ni hablar de más ni hablar de menos ni hablar con soberbia ni hablar creyéndose muy sabio, siempre cuidadoso de hacer las cosas según unas estrictas reglas de conducta entrenadas durante años.
En el parque se sienta a hacer people-watching y ve a unos bebiendo alcohol y tirando las botellas al suelo, a otros comiendo bolsas de patatas ultraprocesadas y tirando los restos al lado de una papelera vacía, ve a otros fumando junto a niños y tirando las colillas entre los arbustos, ve a hombres que se creen muy graciosos gritando barbaridades a mujeres medio asustadas, ve a mujeres vistiendo de formas digamos dudosas, ve a otros escuchando reguetón con altavoces de 500 braulios, ve a padres hipnotizados mirando el móvil mientras sus hijos patean palomas, ve a parejas discutiendo a gritos delante de todos, ve a jóvenes sentados en los bancos que los mayores necesitan ocupar.
Entonces el monje ve una preciosa y diminuta flor en un apartado rincón, y justo cuando se acerca a ella a observarla aparece el guarda del parque y le dice:
¿PERO QUÉ HACE USTED HOMBRE?
¿ES QUE NO VE QUE NO SE PUEDE PISAR EL CÉSPED?
El monje sorprendido le responde al guarda: tiene usted toda la razón, disculpe, no me había dado cuenta de ese cartel.
Perdone, pero tengo una duda.
¿Cómo es posible que no le diga nada a todas estas personas que hacen tantas cosas que son evidentes que están mal, y a mí me ha llamado duramente la atención por pisar un poco el césped para ver de cerca una flor?
Muy sencillo, —responde el guarda—.
Cuando uno está lleno de suciedad, un poco más de suciedad no se nota.
Pero cuando uno está completamente limpio, una mota de polvo, por pequeña que sea, llama la atención.
Bien, hoy voy a hablarte la paradoja de la mejora.
El año pasado fue el año de mi vida que más facturé, pero fue también el año que más tuve la sensación de no estar haciendo las cosas bien a nivel económico.
A veces pensaba (muy acertadamente) que no tenía ni la más remota idea de tener un negocio. De medir. De delegar. De planificar. De cuidar lo que tengo. De expandirlo.
En los últimos años han pasado casi 400 personas por los retiros Ricos y Libres, donde decenas de ellos han repetido, tripitido y cuatripitido, y donde los precios han ido subiendo sistemáticamente. Sin embargo, cuantos más retiros organizo más tengo la sensación de no saber organizar retiros. Veo miles de fallos. Miles de posibles mejoras. A menudo pienso que debería dedicarme a otra cosa.
Entre el año pasado y este he salido por primera vez en podcast relativamente grandes (Charuca) y otros bastante grandes (Zoom Out y No sólo éxito) además de algunos pequeños, pero tengo la sensación continua de que no salgo en ningún lado.
En los últimos años mi lista de correo ha crecido a niveles que antes no podía soñar, y sin embargo tengo la sensación de que me leen cuatro gatos.
El año pasado 500 y pico personas entraron (pagando entre 10 y 20 dólares) en la comunidad Ricos y Libres, y cuando cientos se fueron tuve la sensación de ser un absoluto patán en eso de crear comunidad.
Este año he ido ya a dos retiros de meditación, uno de ellos aún más raro de lo normal, y tengo la sensación continua de meditar poco, de estar con falta de foco y perdiendo el tiempo. Cada vez que paso 2 minutos en el móvil me pregunto cómo es posible que sea tan increíblemente desconsiderado con mi propia vida.
En los últimos meses y años es cuando más duro y más veces he entrenado en toda mi vida, y cuando observo mi cuerpo me pregunto cómo es posible que no entrene más estos grupos musculares, que no me quite de una vez por todas las escoliosis ahora que sí sé los pasos exactos para quitarla, que cómo es posible que no tenga el cuerpo de hércules sabiendo cómo tenerlo.
Por primera vez en mi vida tengo una casa propia, bonita, cálida, increíblemente luminosa y frente a la Sierra de Gredos, con cientos de preciosas plantas que cuido con esmero, con una mujer de la limpieza que me ayuda a tenerlo todo en orden, sin embargo tengo la sensación de vivir en una pocilga a la que habría que prender fuego y empezar todo de nuevo.
Durante toda mi vida he sido terriblemente desconsiderado con mis parejas y estaba más centrado en mí mismo que en construir algo juntos (sin saberlo, claro), y ahora que realmente me sale natural el pensar en los demás, me asusto de lo jodidamente egoísta que soy. Cada noche me acuesto pensando, ¿cómo fuiste tan gañan de hacer esto, de no hacer esto, de decir esto, de no decir esto?
Esa es la paradoja de la mejora.
Ese es el sólo sé que no se nada.
P.d.: «sólo sé que no se nada» no significa lo que la mayoría de la gente cree que significa.
No significa «oh, miradme qué humilde soy, cuanto más cosas sé más me doy cuenta de que sé poco».
No.
Más bien significa algo como… todo lo que creía saber de la vida a nivel conceptual, es erróneo.
Todo lo que pienso es un constructo mental alejado de la realidad.
La realidad, la verdad, está más allá del pensamiento y de la forma.
Retiro Ricos y Libres 22º edición.
27, 28, 29, 30 agosto 2026 en Cáceres.
25 plazas. Quedan 10.
Reservas. https://www.ricosylibres.com/retiros/
Ricos y Libres S.L.