Antes de desuscribirte, recuerda esto: seas quien seas y seas como seas eres acojonante. Eres maravillos@. Eres grande. Estás en el camino.
Antes de odiarme, recuerda esto: lo primero que tienes que saber de mí es que yo también soy la mujer de los labios gorditos.
Lo segundo que tienes que saber de mí, es que cada día lo soy un poco menos y que, cuanto menos lo soy, más feliz es cada uno de los aspectos de mi vida.
Vale, hace unas semanas estaba en Polonia, y resulta que en Polonia un montón de mujeres tienen la costumbre de inyectarse algo en los labios para que estos se vean más.
Cada vez que veo a una empiezo a cantar interiormente: big lips big lips, eeeeevery body here have big lips.
Y en una de esas me fijo en una mujer que tiene un montón de sobrepeso, está fumando, está bebiendo cocacola y está hipnotizada mirando su móvil.
Y además tiene los labios gorditos, muy gorditos, y un piersing en un lugar indeterminado de la cara.
Bien, al verla pensé algo.
Pensé si ella tendría ese piersing y esos labios tan gorditos, es decir, pensé si ella había hecho esas pequeñas modificaciones en su cuerpo, modificaciones que no requieren absolutamente nada de esfuerzo, para gustarse más a sí misma y de paso gustar más los demás.
Pensé si esa mujer estaría enfocando sus esfuerzos de manera correcta en mejorar su vida.
Pensé si se estaría dando cuenta del elefante de 200 toneladas de peso que estaba haciendo break dance el salón.
Ella no tiene la culpa de no verlo, por supuesto, pues desde pequeña le han enseñado a no ver nada.
Desde pequeña le han dicho que lo importante es algo diferente a lo importante.
En lugar de enseñarle finanzas en el instituto para vivir en un mundo regido por el dinero, le enseñaron los reyes polacos.
En lugar de decirle su médico que ayune, que tome el sol de forma gradual, que medite, que haga entrenamiento de fuerza, que coma productos cultivados alrededor que tienen los microbios que ella necesita en su interior, que se exponga a la incomodidad, que libere los bloqueos energéticos de su cuerpo, que sea asertiva y no reprima su voluntad si es que su voluntad es beneficiosa tanto para ella como para la sociedad, que vaya a la naturaleza todo lo que pueda y un poco más, le dijo que ni se le ocurriera cuidarse a sí misma porque era peligroso y, en su lugar, le dio una píldora mágica que una empresa le había recomendado que recomendara.
La televisión, en lugar de decirle que apagara la televisión, en lugar de decirle que creara un huerto, que comprara todos los productos posibles fabricados en su país, que creara un negocio para vender sus mejores habilidades, que mejorara su concentración, que sirviera al prójimo constantemente, que hiciera voluntariados semanales, que ayudara a todas las personas con las que se cruzara en su camino, que buscara la verdad incesantemente, le decía que unos niños, en un lugar remoto, estaban pasando hambre.
Sus amigas, que también ven la televisión, en lugar de decirle que buscara su felicidad, en lugar de decirle que se encargara de amar profundamente a su pareja para tener un apoyo cercano y para tener alguien a quien cuidar y que para conseguirlo debía primero empezar por amarse a ella misma y que sólo lo lograría haciendo la práctica correcta durante meses y años, en lugar de decirle que cuidara su salud, que cuidara su mente, que cuidara su casa, su entorno, sus amistades, su familia, sus finanzas, su vida, le decían que lo importante es si las palabras deben terminar en A, o en O. Si debían ir de ese color a las manifestaciones, o no.
Tiene cojonas el asunto, si lo piensas un poco. Sólo un poco. Un poco sólo.
En fin, el caso es que mientras veía a aquella mujer de los labios gorditos me acordé una vez más de una de mis frases favoritas que ya te he compartido alguna vez:
Cuando veas un error en el otro, corrígelo en ti.
Y al recordar la frase, empecé a pensar dónde tenía yo los labios gorditos.
Dónde me había puesto un piersing en un lugar indeterminado de la cara.
Dónde estaba tratando de escurrir el bulto para no esforzarme.
Dónde estaba esforzándome en lo no importante, omitiendo lo acuciante, imperativo, vital, inteligente, sensato, evidente, importante.
Dónde estaba postponiendo.
Dónde estaba siendo negligente. Y perezoso. E ignorante.
Dónde estaba no queriendo ver la realidad.
Dónde estaba dejándome hipnotizar. Matar. Someter. Manipular. Esclavizar. Engañar. Domesticar. Esterilizar. Estupidizar.
¿Y sabes?
Tras mucho pensar, pensé: es hora… amigos… de reflexionar.
Es hora de meditar.
Es hora de leer.
Es hora de parar un segundo para observar la realidad.
Es hora de mirarnos al espejo, relajar la cara, respirar y, sin dilación, empezar a accionar.
Muy bien, en caso de interés de empezar a ocuparte de lo importarte, mira esto: