El ser humano tiene dos miedos y sólo uno de ellos gana en cada momento.
Eso es todo.
El ser humano tiene miedo a actuar y miedo a no actuar.
Miedo al esfuerzo de actuar y miedo al estado en el que está.
Miedo a pagar el precio del cambio y miedo a pagar el precio del no cambio.
Hace unos meses le contaba a Jordi en la entrevista https://youtu.be/xrS-WkLag_A?si=3YjbdUKq8xMvU9yb que una de mis pocas virtudes como ser humano es que yo siempre he tenido miedo a mi miedo. Y con eso me refería a que tenía más miedo al estado en el que estaba que el miedo que me suponía cambiar. Y eso que, créeme aquí, el miedo que me suponía cambiar era colosal.
Cuando tenía 20 años y me daba terror —terror del bueno, terror de no poder articular palabra, terror de casi hacerme cacota encima, terror de no la voy a mirar desde lejos a ver si va a mirar mirarla— acercarme a una mujer, me daba aún más terror ser el hombre miedoso de la esquina que mira con melaconlía a la fiesta que tiene frente a sí y sentirse incapaz de pertenecer a ella.
Y como me daba más miedo no actuar que actuar, un día, actué.
Cuando con 20 años iba a trabajar al workcenter para atender a clientes que me pagaban por una impresión en color casi lo mismo que mi jefe me pagaba de sueldo cada mes y día sí día también estaba en un atasco dentro de mi coche para ir y para volver, tenía miedo a estar ahí.
Miedo pero de verdad.
Miedo de decir esto NO es lo que quiero para mi vida.
Miedo de aún siendo el tío más ateo que conocía por entonces pedir a diosito por Dios y por la virgen sácame de esto.
De toda mi vida he sido la persona más desconcentrada que conozco, y si a mí no me diagnosticaban TDA era porque mis métricas se salían del rango.
Y a mi eso me daba miedo.
Mucho.
Me daba miedo pensar que si yo me subía a un coche iba a causar un accidente antes de arrancarlo. Me daba miedo pensar que si algún día tenía un bebé se me iba a olvidar dentro del carrito en la frutería y me iba a tener que llamar la policía cada día para decirme que mi bebé estaba hasta las mismísimas de mis olvidos.
Me daba terror no dominar mi mente.
Y por eso, aunque me daban terror los retiros de meditación, aunque me daba pereza y aunque era el último lugar al que quería ir, fui. Una y otra vez.
De siempre me ha dado terror ser más pobre que las ratas. Provengo de una familia con bastante panoja (abuelos y bisabuelos médicos / empresarios / farmarceuticos / terratenientes, etc) y yo veía que no tenía ni la más remota idea de hacer dinero.
Mi primer trabajo fue descargando cajas. Mi segundo trabajo fue como basurero (fue unas horas por en una ETT pero lo recuerdo muy bien). Mi tercer trabajo fue atendiendo clientes en Workcenter. Mi cuarto trabajo me iba a dormir al baño de lo que me aburría aquello. Mi quinto trabajo me despidieron casi antes de entrar por la puerta. Mi sexto trabajo bueno, basta ya.
No sabía hacer dinero y me daba terror ser pobre.
Terror del bueno.
Terror del que te hace mirar los pisos colmena que atestan las ciudades desde que alguien sin alma se le ocurrió construirlos y decir: no por Dios. Yo no quiero estar ahí. Me falta el aire. No puede ser que una planta en un balcón sea toda mi naturaleza.
Y por eso, aunque me daba terror emprender, aunque me daba una pereza que no te lo crees el leer un libro, aunque me daba miedo patológico comprar una formación de más de 7 euros, actué. Una y otra vez.
Era tal mi miedo a ser pobre que el miedo que me suponía actuar para ser rico se quedaba pequeño.
Ayer como respuesta a mi email me escribió un tío.
**Hola, Antonio:**
**Me llamo XXX, hemos intercambiado algunas palabras hace tiempo (sobre el ayuno seco, que me llamó mucho la atención), compré tu libro, lo leí, lo subrayé, y ahora se lo está leyendo mi mujer. **
**Ella es fisioterapeuta y ha montado un centro en XXX, donde vivimos, pero le está costando crecer. Me pregunto si habría alguna manera de que ella pudiera asistir a esa charla que comentas del osteópata el próximo jueves en tu comunidad. Si no es posible, sin problema.**
**Muchas gracias por tu atención.**
**Un abrazo.**
**XXX**
Los emails de los no clientes no los toco ni con un palo, pero a los que ya han comprado el Manual el cuerpo me pide contestarles. Por deformación profesional (AKA «por mi ego del tamaño de un Zepelín») tengo que enseñarles algo valioso. Ellos me lo han pedido aunque no lo sepan.
Entonces nos escribimos algunos emails donde le digo que su pregunta me desconcierta sobremanera y el tío me acaba diciendo que quiere venir a la charla porque es importante para su mujer pero que no quiere pagar por todo el mes por sólo una charla y entonces le digo que no hay problema y que le cobro 100 € por esa valiosa charla de ventas y el tío sin venir a cuento me regala un libro en PDF que ha escrito y yo le digo que jamás regale un libro y el tío me dice que regalar libros es bueno y yo le digo que NO y que lo que pasa en realidad es que NO tiene el valor de venderlo y NO tiene el valor de preguntar (pagar) a los que sabemos venderlo y bueno, basta ya.
Y entonces, cuando el tío tío me dice
**De nuevo gracias por tus palabras, Antonio.** lo único que me queda por responderle es:
**Pero la GRAN pregunta del ser humano es: **
** **
**¿Cómo siento más más dolor, esforzándome o No haciéndolo?**
Y eso, sólo eso, es todo lo que un ser humano tiene que saber.
P.d.:
Mañana jueves 12 de marzo a las 18 h.
Charla de ventas.
Comunidad Ricos y Libres https://www.skool.com/ricosylibres/about