Ayer Kasia y yo fuimos a Dolina Charlotty, una especie de sueño
construido por un hombre con muchas ideas y mucho dinero.
Entre otras cosas ese bonito lugar tenía un zoo.
Y entre otros animalillos enjaulados y esclavizados, ese zoo tenía unos
micromonitos.
Monitos de 10-15 cm y 100-150 gramos de peso.
Cuando llegamos a su casita acristalada vimos a dos monetes limpiándose
entre ellos con atenta atención.
**Ey, ey, espera, que me he dejado un piojo ahí. Ey, miremos de nuevo
en esta zona, no vaya a ser. Voy a lamer y morder por aquí, que quede
limpio el asunto.**
Al verlo Kasia dijo:
**¿Cómo puede caber tanta empatía dentro de ese cuerpecillo?**
Nosotros mirábamos a los monetes pero ellos no nos miraban a nosotros
en absoluto. Sólo éramos otros dos humanos que pasábamos por ahí.
Pero de repente…
Sacamos un objeto que llevábamos con nosotros y entonces los monetes se
quedaron atontados mirando.
Se acercaron.
Se acercaron más.
De sólo dos monetes iniciales, como de la nada salieron cuatro más que
estaban escondidos por ahí.
En un rato teníamos a 6 peludillos llenos de curiosidad pegados al
cristal con los ojos como lémures.
Vale, espera, vuelve aquí que voy a contarte algo. Algo interesado.
La mayor parte de los humanos nos pasamos la vida sin llamar mucho la
atención. Sin atraer ninguna mirada especial. Como siendo parte del
decorado. Como estando al otro lado de un cristal sin ser vistos.
Vamos a trabajos donde hacemos lo que nos dicen que hagan, lo hacemos y
volvemos a nuestros hogares. Hogares que cuanto más pasa el tiempo más
se parecen a esos capítulos de las series donde no pasa nada y donde al
final te preguntas:
**¿qué coño acabo de ver?**
Y en esa apatía pasan los días.
Pasan los meses.
Pasan los años.
Días donde sólo esperas que llegue el fin de semana.
Meses donde sólo espere que lleguen las vacaciones.
Años dónde sólo esperas que llegue una posible jubilación.
En esa apatía a veces estás bien. A veces para ti funciona.
Pero otras veces….
Otras veces sientes como sentía yo hasta los 23 años que la vida se te
está escapando entre los dedos.
Sientes como sentía yo hasta los 23 años que vas subido en una barca
sin remos que navega río abajo.
Y esa vida a veces te ves obligado a mirarte al espejo para saber si
estás vivo o muerto.
Y a veces…
Con suerte…
De repente…
Aparece frente a ti algo que te llama la atención.
Como Neo siguiendo al conejo blanco en Matrix.
Como la madriguera en Alicia en el País de las Maravillas.
Como un hilo de vida que está esperando de tu parte un tirón.
**Y cuando lo ves, lo miras. **
****
**Y cuando lo miras, te acercas. **
****
**Y cuando te acercas…**
Cuando te acercas como me acerqué yo primero a los 23 años a los
libros de desarrollo personal y a los 24 a crear mi propio negocio y a
los 30 a viajar por el mundo y a los 34 a viajar a la India y a los 35 a
hacer un primer retiro de meditación…
Despiertas.
Sales de tu letargo y de tu comodidad y de quitar piojos ajenos y
empiezas a vivir como no sabías que era posible, con una curiosidad que
no sabías que tenías y con una juventud que habías dejado atrás.
Vale, ahora en serio.
En caso de humano o peludillo interés, mira aquí:
Un manual hacia la grandeza.
PD:
**Hola, Antonio. En otra época de mi vida no te hubiera comprado el
manual para la grandeza ni loco, tampoco te hubiese escrito ni de coña.
Te he conocido hace poco tiempo en podcast y todo lo que dices me
resuena dentro de mi alma o algo así. Ya te contaré. Saludos.**
PD2: Manuel, sigue dejando atrás las otras épocas de tu vida, sigue
buscando aquello que suena dentro de tu alma o algo así, atrévete a
seguir mirando al presente con ojos de presente y te garantizo que
ocurrirán cosas en tu vida.
**COSAS BUENAS.**
www.ricosylibres.com