Hace unas semanas mi gestor me dijo algo como:
**Cada vez que estoy apunto de ponerme en forma me lesiono. **
**Todas las veces ocurre igual.**
Yo le dije: no sabes lo que te entiendo. Es como si el universo no te dejara ponerte fuerte ¿verdad? Como si tú no lo merecieras. Como si tuvieras un karma tan grande en ese aspecto que te lo pone imposible.
Vale, en 2018, de una forma bastante inexplicable decidí ir a la India a hacer un curso intensivo de Yoga.
(No digo que fui a hacer un «curso para profesores de Yoga» porque eso es una ofensa contra la inteligencia de la gente inteligente.
Para que te hagas una idea sería como decir que vas a hacer un curso online de Caminador del camino Santiago.
Piénsalo.
Cada mañana te pones frente al ordenador un par de horitas con tu café y tus donetes light, te ves unos vídeos a 2x para ahorrar tiempo y cuando terminas te dan un certificado en pdf muy certificado que dice en letras Comic Sans «ya eres oficialmente un Caminante de Santiago» y entonces,
alguien que ha hecho 300 caminos de Santiago a pie y que no tiene ningún título en la pared,
te mira con tristeza mientras te acaricia el lomito y te dice:
claro que sí, chiquitín, claro que sí).
La idea en mi cabeza era la siguiente: primero me alquilaba un ático en Estambul para conocer a una chica turca que vi 5 minutos en Cuba y luego desde ahí volaba a India.
Todo era perfecto hasta que tres días antes de que saliera mi vuelo fui a hacerme la visa de India y no había manera.
Resulta que mi pasaporte caducaba en menos de 6 meses y con eso no se podía viajar.
Recuerdo mi sensación de tristeza y abandono de pensar que me iba a quedar sin ir a la India pero sobre todo recuerdo mi sensación de pensar que era lógico que eso me ocurriera a mí.
Pensaba que
**Este viaje no está hecho para ti.**
****
**Esta clase de experiencias no están hechas para ti.**
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**Tú no las mereces.**
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**Tú no mereces ir a practicar Yoga, sea eso lo que sea.**
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**Tú no mereces tener un título en tu cajón de «profesor de Yoga».**
**Tú no mereces estar sano.**
**Tú no mereces la sabiduría.**
Y has de saber que esto no lo digo por decir, pues verdaderamente lo pensaba.
Verdaderamente creía que yo no lo merecía.
Pero entonces me acordé de un par de cosas que había aprendido sobre vivir y recordé que había que intentar las cosas hasta la última gota de sudor, y por eso fui al consulado y embajada tanto de India como de España para ver si se podía hacer algo.
Y no. Nada, no había tiempo, no podía hacer nada.
Entonces cogí los que casi seguramente serían los últimos 150 € que tenía en la cuenta, compré un billete a España y me fui a una comisaría de policía a renovar el pasaporte in situ.
Ya con el pasaporte volé de vuelta a Estambul pero haciendo escala en Grecia, ¿y sabes qué pasó en Grecia?
Que perdí el vuelo a Estambul.
Nunca había perdido un vuelo y mi primera vez tuvo que ser ahí.
Ahí estaba yo, con unos euros en la cuenta y cabreado con la mujer del mostrador pensando una vez más que era lógico que eso me pasara a mí.
Entonces supongo que pedí dinero a algún amigo o a mis padres, compré otro billete a Estambul, esta vez no lo perdí y finalmente fui a Estambul y luego a India.
No puedo contarte lo que se vive en unos de esos cursos porque primero no lo creerías y segundo aunque lo creyeras no serviría de nada.
Tampoco serviría de nada contarte que después de ese curso de Yoga vino un curso de meditación en silencio y luego otro curso de Yoga y luego otros 19 retiros de meditación y…
pero el caso es que la moraleja de esta historia es que hubo un punto de inflexión en mi vida donde el destino me estaba preguntando si realmente quería crecer.
Si realmente creía que merecía mejorar.
Y aunque mi respuesta al principio fue dudosa empezó a crecer la certeza.
Empezó a crecer hasta que se me metió entre ceja y ceja.
Hasta que se convirtió en una sana obsesión.
Manual https://www.ricosylibres.com/un-manual-hacia-la-grandeza/
100 €
PD: Este Manual es para el ser humano que busca algo más en esta vida.
Busca más foco.
Más verdad.
Más riqueza.
Más libertad.
Más éxito interno.
Busca menos estrés.
Menos arrepentimiento.
Menos frustración.
Menos quejas.