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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

Cómo escapar de tu jaula

Antonio Herrero Estévez · Ago 4, 2026 ·

A este retiro vino una chica.

Tras casi 24 horas juntos casi no sabíamos su nombre.

No conocíamos su voz.

Es de esas personas que pasan como desapercibidas.

De esos diamantes que actúan como si tuvieran miedo a ser descubiertos.

Y si no fuera porque su sonrisa perenne nos atrajo a todos desde el segundo uno ni la habríamos visto ni sentido.

Y cuando estamos todos sentados frente a la comida del sábado digo:

**Necesito una voluntaria para bendecir los alimentos.**

**Preferentemente la persona más vergonzosa de todas.**

**Aquella que no quiere hacerlo.**

**Aquella que está esperando que le toque a cualquiera menos a ella.**

**¿ALGUNA VOLUNTARIA?**

Entonces la chica de la sonrisa habla.

Bendice los alimentos como sospecho haría el maestro.

Se presenta.

Nos enamora su historia.

¿Vale?

Vale, al día siguiente estamos en el coche yendo a bañarnos al río.

LES CUENTO

QUE DURANTE TODA MI VIDA

VIVÍ EN UNA JAULA MENTAL.

Que de los 0 a los 22 no me atreví a besar a una mujer.

Les cuento que de los 1000 días que salí, de las seguramente 1000 y pico mujeres que conocí y que me hicieron tilín,

no le dije nada a ninguna.

Nada.

Niente.

Cero.

O era ella la que me ponía la boca a medio centímetro de mi boca para que yo no tuviera que ser ni remotamente un hombre (y a veces ni así), cosa que ocurrió más o menos un 0,1 % de las veces, o nada.

No besos.

No relaciones.

No sensación de vivir.

No amar.

No ser amado.

Les cuento a los del coche que tenía miedo a casi todo.

Miedo a llamar por teléfono a mis amigos para quedar.

Miedo a hablar con mis hermanos.

Miedo a hablar con mis padres.

Les cuento que tenía una vergüenza patológica, la cuál se medio equilibraba y se enmascaraba con mi absurda capacidad de querer conocer personas y tratar de agradarlas.

Les cuento que apenas era capaz de pensar.

Les cuento que ni remotamente era capaz de crear.

Les cuento que vivía en mi propia jaula mental.

Y entonces… justo entonces, la chica de la sonrisa alza la voz y me pregunta;

**¿Cómo escapaste?**

**¿Cómo saliste de tu jaula mental?**

—

**Oh, qué gran pregunta la tuya, PUES MIRA TE LO VOY A CONTAR.**

Lo primero que tienes que hacer para escapar de tu jaula mental es querer escapar de tu jaula mental.

Pero has de saber que ese «querer» no es ninguna tontería.

Ese «querer» es el punto de inflexión que define la vida.

Ese «querer» es lo que Jesucristo decía cuando decía:

**Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. **

**Porque todo aquel que pide, recibe; **

**y el que busca, halla; **

**y al que llama, se le abrirá.**

Pero por ese «querer» tú no te preocupes porque si has preguntado y si has venido a un retiro y tú que me leyendo mientras lo estoy escribiendo, es porque ya lo quieres,

así que lo único que necesitas saber una vez que quieres querer…

es CÓMO cojones lo tienes que hacer.

Mira, entre los 0 y los 22 años, cada vez que salía y veía a otras personas querer, yo trataba de descifrar qué hacían ellos que yo no hacía.

Trataba de comprender cuál era el momento exacto donde ellos se atrevían y yo me paralizaba.

Donde ellos actuaban y yo no hacía nada.

Entonces (seguramente allá por los 20 ó 21 años) descifré lo siguiente:

Existen 4 estados en eso de querer y atreverse, explicados aquí por orden de lo más difícil a lo más fácil.

Estado 1) Cuando en el local hay mujeres pero no existe ninguna conexión entre nosotros.

Eso significa que si yo quiero hacer algo tengo que dar un salto muy grande.

Significa que tengo que ser yo quien cree la oportunidad de la nada.

** **

**Que tengo que  ser yo quien CREE Y MOLDEE LA REALIDAD a mi antojo. **

Si hago eso significa que soy un creador de realidades y oportunidades.

Estado 2) Cuando en el local hay mujeres pero se crea de forma casual una conexión.

Pero en esas conexiones, la mujer que a mí me gusta no da ningún género de señal de que le intereso.

Eso significa que, aún teniendo una aparente oportunidad cerca, tengo que dar un salto de fe pues no tengo ninguna razón para creer que puedo acertar.

En este estado no tengo que crear la realidad de la nada, la realidad ya se está manifestando, ya está ahí, pero tengo que tomar una decisión y tengo que actuar con valor para hacerla parte de mí y para yo ser parte de ella.

Estado 3) Cuando habiendo conexión con la mujer que a mí me gusta, ella me muestra cierto interés.

No señales, pero sí cierto interés en comunicarse conmigo.

La energía fluye entre nosotros.

Digamos que la agrado lo suficiente como para hablar.

Digamos que la información se transmite, digamos que se ha creado un canal.

Eso significa que el salto que tengo que dar, aún siendo temeroso y atrevido, tiene pocos grados de dificultad.

En ese estado lo

**único** que necesito es amor propio.

Es pensar que las cosas pueden suceder.

Es saber que tengo valor y que algunas personas lo pueden querer.

Estado 4) Cuando la mujer da señales bastante obvias de que le gusto. (Señales que obviamente podría malinterpretar, pero eso es otra historia).

Eso significa que es el mínimo salto posible.

El grado de dificultad más fácil.

El juego de niños.

El paso más corto.

El puente más diminuto entre tu realidad actual y la realidad que quieres.

Entonces, pensando y pensando durante meses, me di cuenta de que lo ÚNICO que tenía que hacer cuando salía de fiesta era estar lo suficientemente consciente para darme cuenta de CUÁNDO estaba en el estado 4.

Cuándo le gustaba a una mujer que me a mí me gustaba y que me daba señales obvias.

**Cuándo yo tenía que dar un paso.**

Y así pasaron los meses y pasaron los meses, pues aunque ahora sabía cómo se hacía, en el momento preciso de actuar el mismo dolor en el pecho me paralizaba antes de avanzar.

Por eso llegué a familiarizarme con ese dolor en el pecho.

Llegué a conocer ese miedo.

Durante semanas salía de fiesta, llegaba el momento, le gustaba a una mujer y ella me gustaba a mí, ella hablaba y yo ni remotamente la escuchaba pues sólo sentía mi pecho y, entonces, un día, en una fiesta en una casa con unas norteamericanas, Ana, mi querida Ana, mitad mexicana mitad norteamericana, pasó junto a mí, me rozó con su mano el pecho y yo dije para mis adentros:

**HOY ES EL MALDITO PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA.**

Hoy es el día en el que te atreves a vivir.

Y un rato después,

cuando hablábamos ella y yo en un sillón,

aunque nos separaba una distancia insalvable,

me levanté,

la salvé,

y la besé.

¿ Y sabes qué, querida chica tímida de preciosa sonrisa que me has preguntado?

Que ahí había puesto mi primer pie fuera de mi Jaula Mental.

Después, gradualmente,

**sabiendo identificar los momentos**, teniendo miedo muchas veces y teniendo valor algunas también, seguí salvando distancias.

Seguí actuando.

Seguí creyendo que era posible.

Seguí sintiendo el dolor en el pecho pero aún así seguí avanzando.

Y así, del estadio cuatro, del estado más fácil de todos, pasé al estadio tres, y del tres al dos y del dos al uno.

Y como un día entendí que salir de Jaulas es un juego, empecé a salir de otras Jaulas.

Entonces me fui a Inglaterra.

Entonces creé un negocio.

Entonces aprendí a decirle NO a los clientes.

Entonces cerré el negocio y me fui de viaje por el mundo.

Entonces me fui a la India.

Entonces creé otros negocios.

Entonces mandé emails a cientos de personas para invitarlas a un café.

¿Y sabes qué es lo que pasó después?

Entonces mandé emails a miles y miles de personas.

Me dediqué a contar a otros todo lo que aprendí sobre hacer que las cosas sucedan.

Pero escucha porque aún no sé mucho sobre ello, no te voy a engañar.

Pero lo que sí sé,

es que lo que sé,

FUNCIONA.

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Pd: y recuerda, lo único que tienes que hacer para escapar es identificar el momento exacto en el que tienes que actuar.

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