Una cosa que me sorprende de la gente que está suscrita a newsletters y no compra es su paciencia mal comprendida.
Su pobreza mental.
Su erróneo pensamiento de que el tiempo es ilimitado, de que van a vivir para siempre.
Y sé de lo que hablo.
Lo sé porque durante la mayor parte de mi vida fui esa persona.
Fui ese hombre de mente pobre y paciencia mal comprendida.
Aún recuerdo con auténtica angustia y vergüenza los 3 ó 4 años que me pasé leyendo a Ángel Alegre de Vivir al máximo https://viviralmaximo.net/ y no le compré nunca nada (miento, en 4 años me gasté 75 € en ir a un evento muy chulo que creó en Madrid, y me los gasté creyéndome que yo era Warren Buffet y creyendo que a partir de ese momento ya estaba en derecho de llamar a Ángel brother from another mother y creyendo, oh Dios, que un lazo especial nos unía a ambos, un lazo invisible que une a los seres humanos que somos valientes y decididos).
Recuerdo cómo esperaba ansioso sus post en el blog y siempre era de los primeros en leerlos y de los primeros en comentar.
¿Pero comprar lo que él ofrecía? ¿Lo que él creaba? No, eso no.
Todo lo que fuera gratis sí, todo lo que él creara no.
¿Por qué?
Porque no tenía ni puta idea de la vida.
Ángel me estaba tendiendo la mano para llevarme por caminos que no conocía y, por mi errónea forma de interpretar la realidad, no tomaba su mano. La rechazaba.
Me quedaba siempre a las puertas y yo pensaba que estaba entrando.
Cuando él publicaba algo gratis yo iba corriendo a su puerta, le saludaba y, creyendo que entraba, no lo hacía.
Él entonces cerraba las puertas, yo me quedaba ahí y esperaba a que él volviera a salir.
Podía entrar pero no lo hacía.
Él me animaba pero yo no lo entendía.
Bien, si eres como era yo en el pasado, te digo algo.
Estar en la vida de una persona de internet y no comprar lo que crea, es como entrar a las tiendas físicas que ves por la calle, ver los productos expuestos y creer que ya lo tienes en casa.
Entras una y otra vez a una tienda física pero no compras nada. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez.
Cuando abre la tienda eres el primero en entrar. Hasta acampas la noche anterior para estar en la puerta el primero pero, cuando entras, nada, no compras nada, sólo miras.
¿No te parece raro? ¿Es ese un inteligente uso de tu tiempo? ¿Entrar a tiendas?
¿Te imaginas a un rico entrando cada día a una tienda y no comprando? No, no te lo puedes imaginar porque es imposible. El rico entra a la tienda con visión en modo láser buscando algo, lo compra y después sigue viviendo.
Deja de sufrir, hombre. No vayas más a esa tienda. Deja de entrar en ella. ¿Ya has entrado un par o tres veces y no haces nada? No vuelvas a entrar.
Focaliza. Usa más sabiamente tu tiempo. Elige dónde poner tu energía y ponla.
Entrar a una newsletter y no comprar es creer que cuando ves el Ferrari por la calle ya es tuyo.
Es creer que cuando ves el restaurante de comida buena ya la has probado.
Es creer que cuando ves a la mujer atractiva ya os habéis acostado.
Es ser un pajillero que cada día ve porno pensando que es exitoso.
Es leerse todos los libros de desarrollo personal mientras te comes un tazón de chococrispis para desayunar porque los médicos dicen que el azúcar es bueno para el cerebro.
Es creer que porque ves en televisión un documental de monos ya has acariciado a uno y ya has viajado.
No hagas eso. Deja de sufrir. Deja de hacerte eso a ti mismo.
¿Sabes? Tengo algo mejor para ti:
**coge lo que es tuyo.**
Si hay algo que quieres, si percibes valor en algo cerca de ti, no pongas distancias: cógelo.
Que el dinero no sea una barrera insalvable para ti, haz que sea un puente.
Un conector de dos mundos.
Un catalizador.
Hay una vida que nos está esperando al otro lado de nuestra pobreza mental.
Salte de todas las newsletters a las que no compras.
Elige una o dos.
Compra lo que venden.
Entra en ese mundo: si ese mundo es para ti, continúa, si no, sigue tu camino, más rico, más sabio, más fuerte.
Experimenta en tus carnes si es humo lo que venden o es ir montado en un Ferrari.
No te quedes a las puertas pensando que has entrado.
No entres a la tienda y mires los productos creyendo que has comprado.
Focaliza tu energía: coge lo que es tuyo.