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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

Así venden los ricos

Antonio Herrero Estévez · Ago 26, 2026 ·

Me dice el otro día Carlos:

**Es verdad eso que dices que cuando escribes lo haces sólo para ti.**

Le digo que claro. Que todo lo que hace un ser humano lo hace sólo para sí mismo. Que la vida es un eterno monólogo contigo mismo.

Le digo que así, exactamente así, venden los ricos.

Que los ricos no venden nada a nadie, los ricos crean por el placer de crear.

Los ricos están concentrados en su historia y en sus cosas y en su creación y si tú pasas por ahí y quieres unirte y estás dispuesto a pagar el precio y ellos así lo consideran, te invitan a pasar a su vida para que disfrutes su creación junto a ellos.

Los ricos y su creación son como un hombre que ha subido a lo más alto de la montaña y está sentado observando el paisaje en silencio y entusiasmado, y si tú quieres sentarte junto a él para ver las vistas también, tienes que ascender, hacer el esfuerzo interior, crecer.

Cuando tú llamas a la puerta de un rico para comprarle algo él te abre no como se le abre la puerta a un cliente, sino como se le abre a un viejo amigo.

Te permite entrar a su vida no como un extraño al que pretende engañar, sino como a un espectador, como a un admirador, como a un amante al que amas y del que no esperas nada salvo, quizás, que disfrute en paz ese momento.

Si quieres aprender de ventas observa como venden los ricos.

Si sabes mirar verás cómo ellos venden como sin vender y tú compras como sin comprar.

Cuando el acto de la compra entre dos ricos sucede es como cuando dos hombres cierran un trato con la mirada, que no hacen falta palabras pues el valor es el que habla.

Cuando el rico artesano vende tras las puertas de su taller y tú le pides casi por favor entrar él, quizás, a veces, te deja pasar y ver y comprar.

Siempre que voy a desayunar al Santo Mauro lo veo con claridad.

Cada trabajador ahí dentro está tan ocupado y concentrado en su mundo y en tratar de ser perfecto que casi se olvida cuando un cliente quiere entrar.

**Ah, no te había visto, ¿te puedo ayudar?**

Los ricos crean lo que crean no para venderlo, sino porque no pueden no hacerlo.

Lo hacen porque no pueden evitarlo.

No pueden ni quieren reprimir la explosión de arte que llevan en su interior y tú, quizás, si pasas por ahí y te sientes atraído y si es que ellos te dejan entrar, si es que te lo permiten, y si es que puedes pagar el precio, lo comprarás.

Mientras el pobre gasta su energía en intentar convencerte de que lo hace es bueno y tiene valor, el rico está profundamente sumido en perfeccionar su creación.

Mientras el pobre crea un producto mediocre y emplea sus recursos en llamar la atención, el rico los destina a hacer su producto siempre un poquito mejor.

Fíjate, ayer hablaba con una clienta del viaje a Polonia.

Le contaba que yo lo organizaba porque no puedo no hacerlo.

Que desde que desperté a la vida y a la abundancia esas cosas las hago solo y que ahora resulta que a veces también las vendo y que cuando digo «las vendo» entre tú y yo lo que en realidad quiero decir es que «las ofrezco».

Que yo no hago esas cosas por otros sino por nosotros.

Que las hago por Kasia y por mí y por nuestros sueños.

Que cuando vi ese palacio y sus bosques supe precisamente que uno de mis sueños era pasear por ellos y dormir dentro de él y tras despertarme y meditar y después hacer yoga y después bañarme en agua helada y después la sauna y después desayunar frente a esa chimenea y junto a unas enormes ventanas, ahora tocaba charlar sobre la vida con aquellos que habían venido y que también estaban despertando al arte de soñar.

Que la vida va de crecer tanto que cuando mires hacia atrás sólo unos años te dé tanto vértigo el dónde estás que hasta tú te sientas pequeño.

Que la vida va de que cuando ofrezcas a algo a alguien lo hagas más como una ofrenda que como una venta y es que así,

exactamente así,

venden los ricos.

Polonia. https://www.ricosylibres.com/polonia/

Pd:

Escribo estas palabras desde el paraíso.

Estoy en un micro pueblo cerca de Burdeos en una casa de piedra de 300 años.

Sentado en un sillón orejero con unos colores que hacen juego con la ropa de cama.

Las cortinas a juego con las lámparas.

La alfombra hecha a mano a juego con las telas de los armarios.

Tecleo junto una ventana y los pájaros a fuera cantan, con el bosque y con sus árboles y con sus frutos que Juliette usa para preparar mermelada, los millones de metros cuadrados de viñas, la iglesia, la campiña, las campanas.

Los dueños de esta casa, él francés empresario, ella inglesa maestra, alquilan una habitación en Airbnb.

Este lugar es tan bonito, tan cuidado, tan especial, que cuando te preparan el desayuno se nota a kilómetros que esta gente tiene de todo menos necesidad.

Se nota que tienen decenas de fuentes de ingresos.

Una empresa gorda por aquí, unas cuantas propiedades alquiladas por allá, viñas, cuadros, todo lo que te puedas imaginar.

Esta pareja te ofrece su casa no como una venta, sino como una ofrenda.

Te dejan que les dejes tu dinero casi como un acto sagrado.

**¿Quieres entrar en mi vida? **

****

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**¿Quieres ver el amor que he depositado en cada esquina?**

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**¿Quieres ver y sentir desde dentro mi creación?**

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**Adelante, pasa si quieres, siéntate aquí junto a mí a observar las vistas desde la cima, estás invitado.**

—Parecen decir—.

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