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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

Así deciden los ricos

Antonio Herrero Estévez · Ago 27, 2026 ·

En todos y cada uno de los retiros Ricos y Libres que he organizado hay bajas de última hora.

La persona me escribe contándome su razón de por qué no puede venir.

Es que me pilla lejos.

Es que ahora mismo no tengo ese dinero.

Es que mi perro se ha comido los apuntes.

Es que tengo un examen de no sé qué.

Es que justo voy a ir a no se dónde.

Es que.

Entonces cuando les leo me acuerdo de cuando en 2016 estaba yo viajando por Perú y me apunté a mi primer curso de meditación Vipassana.

Me apunté, me dijeron que no había plazas, yo hice otros planes, y cuando quedaba una semana para el retiro me volvieron a escribir para decirme que había quedado una plaza libre, a lo que yo, pobre de mí, les dije que no, que ya tenía otros planes y que justo ahora no podía.

Tuve que esperar hasta 2019 para hacerme el que finalmente sería mi primer retiro, pues las ganas de hacerlo, la emoción, la esperanza de mejorar salvajemente mi vida, quedó dormida durante tres años.

Tres valiosos años.

Por otro lado en septiembre de 2024 me apunté a mi primer curso de 20 días de meditación en febrero de 2025, en Inglaterra.

Desde el primer momento me pusieron algunos problemas para poder hacer el curso y tuve que esperar algunos meses para que finalmente me aceptaran, pero en mi mente, desde el mismo momento en que decidí hacer el curso, lo iba a hacer.

Lo iba a hacer sin ningún género de duda.

Iba a hacer absolutamente cualquier cosa que estuviera en mi mano para hacerlo pues así lo había decidido y durante el tiempo de ese retiro no iba a hacer absolutamente nada que no fuera el retiro pues así lo había decidido.

En los meses previos al curso, en mi mente, durante esos 20 días yo estaba en Inglaterra, no estaba en otro lado.

Aparté de mi mente esos días.

Ahí no había entrevistas para podcast.

No había quedadas.

No había desayunos Ricos y Libres.

No había visitas a amigos.

No había otros viajes.

No había obras en casa.

No había deadlines. No había terminar este o aquel proyecto.

No había absolutamente nada que no fuera estar en el curso y por eso cuando finalmente fui aceptado, fui.

Sin más.

Así lo había decidido y así lo hice.

No existía otra posibilidad en mi mente.

Como explica Jim Rohn en su libro

**Unshakeable** las personas sin carácter son incapaces de lograr algo importante en la vida, pues son como niños en cuerpos de adultos que deciden una cosa y acto seguido deciden otra.

En cambio los bebés (así como los adultos formados), cuando deciden que van a caminar lo deciden y punto.

Van a hacer absolutamente cualquier cosa que sea necesaria para aprender a caminar.

Se imaginan caminando.

Se imaginan atravesando el salón de su casa de pie y no importa cuántos obstáculos se encuentren por el camino que ellos tienen la idea fija en su mente y lo van a conseguir.

Y es que como dice mi amigo Juan hay una gran diferencia entre querer algo y quererlo de verdad.

Los pobres quieren cosas, los ricos las quieren de verdad.

Los pobres deciden cosas, los ricos las deciden de verdad.

El pobre decide en modo linterna difuminada, el rico decide en modo láser que te quema el brazo si te pones por delante.

Decidir significa elegir. Elegir una sola cosa frente a todas las demás.

Decidir significa rechazar el 99 y quedarte con el 1.

Decidir es prescindir de todo salvo lo que tú has decidido.

Decidir es actuar en la dirección de tu decisión, donde pensamiento palabra y obra vibran en coherencia y acorde a la decisión.

El mero acto de vivir es aprender a decidir, y mientras el diablo siempre te va a tentar con la idea de que puedes tenerlo todo, que no hay nada malo en acostarte con decenas de mujeres si así lo deseas, que no hay nada malo en dejarse llevar por todos y cada uno de los placeres sensoriales, que no hay nada malo en actuar según tu deseo más mundano, Dios te va a animar a que elijas algo que consideres elevado y lo hagas crecer pues, sólo haciéndolo crecer, sólo teniendo la paciencia y perseverancia y la habilidad y la visión de hacerlo crecer, crecerás tú.

Cuando yo decidí ser Rico y Libre empecé a actuar como Rico y Libre, y todo lo que para mí no sea ser Rico y Libre, como diría mi querida Verónica, es una ordinariez.

Es una ordinariez vivir de forma que no consideras adecuada.

Es una ordinariez hacer aquello que sabes va contra tus principios.

Es una ordinariez no convertirte en aquello que sabes que eres.

Es una ordinariez para un bebé que tiene el potencial de caminar, no hacerlo.

Es una ordinariez para un gusano, que sabe que lleva dentro de sí mismo una mariposa, no convertirse en ella.

Decidir es decidir como si la vida te fuera en ello porque te hecho te va, y por eso, exactamente por eso, así deciden los ricos.

¿Cuánto tiempo más vas a posponer el sentirte digno de lo más elevado, y en ningún caso transgredir tu propia razón y tu propio discernimiento? ¿Ya has aceptado la filosofía y la práctica correcta que sabes debes seguir, y las has seguido? ¿A qué maestro estás todavía esperando al que responsabilizar de tu propio crecimiento? Ya no eres joven, sino adulto. Y si eres negligente y perezoso, si continuamente procrastinas, postpones y eludes el día en que te atenderás a ti mismo, se te pasará la vida sin darte cuenta y continuarás ignorante y sin instrucción, todos los días de tu vida hasta el día en que mueras. Acepta pues, en este mismo instante, que eres digno de vivir como un adulto que se perfecciona, y que todo lo que para ti sea lo mejor y lo correcto sea también una ley que no debe ser transgredida. Y si se te presenta un momento de duro esfuerzo por delante, o algo glorioso o una desgracia, recuerda que la competición es ahora, que los juegos olímpicos han llegado, que no pueden ser aplazados durante más tiempo y que depende de una sola victoria o derrota el abandonarlos o el permanecer en ellos. Así es como Sócrates se volvió perfecto, aprovechándolo todo para ser mejor y no escuchando otro consejo que el de la razón, y tú, aunque todavía no seas un Sócrates… debes vivir como si desearas serlo.

Epicteto.

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