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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

Cuando vengas a Madrid

Antonio Herrero Estévez · Oct 3, 2026 ·

Nunca te he contado esta historia y es de las buenas.

El otro día estoy hablando con mi amigo Alberto sobre sus talleres fotográficos.

Me dice que todos los que organiza en Roma / Venecia se llenan con meses de antelación pero ahora que está probando a hacer talleres en Madrid la gente se lo piensa mucho.

Es algo curioso.

Los talleres en Italia son sobre los 1000 € y los talleres en Madrid son unos pocos cientos y sin embargo es mucho más difícil llenar plazas.

¿Será que Madrid es feo?

¿Será que Italia es demasiado bonito en comparación?

Entonces le conté a Alberto una historia. Una historia que nunca te he contado y es de las buenas.

Hace unos 15 años estaba paseando por Madrid.

Recuerdo perfectamente ese día porque fue uno de esos (muchos) días que me tiraba nosecuantas horas dentro de mi oficina frente al ordenador y cuando se acercaba la noche y yo seguía ahí, mirando una pantalla en la calle Sagasta, odiaba mi vida.

Odiaba mi vida porque pensaba que me lo estaba montando muy mal aún a pesar de que a veces pensaba que me lo montaba muy bien.

Entonces, como tantas veces hice por entonces, cuando tomaba consciencia de lo que estaba haciendo y me sabía joven y enérgico y lleno de vida y de posibilidades, cerraba el ordenador de un portazo, apagaba el móvil y me iba a caminar por las calles de Madrid.

Respirando. Oliendo el aire. Viendo caras. Sentándome en bancos de madera o en aceras o en jardines y, sobre todo, caminando extraordinariamente lento.

Caminando caminando llegué a la zona de Cibeles y luego hasta el Café de Bellas Artes y entonces vi a Pocahontas haciéndose un selfie.

—¿Quieres que te haga una foto?

Sí por favor.

Clic. ¿De dónde eres? De Venezuela. Clic. ¿Y qué haces por aquí? Visitando Europa, mi viaje termina hoy en Madrid tras varias semanas.

—¿Te ha gustado Madrid?

No. He estado cuatro días y es lo que menos me ha gustado de Europa. Me lo podría haber ahorrado. Esta ciudad es para verla una vez en tu vida y no volver.

—¿Qué has visitado?

Cibeles, El Bernabeu, Sol, Plaza Mayor, El retiro, esas cosas.

—¿Puedo recomendarte algo? He enseñado Madrid a cientos de personas de decenas de países y hay dos tipos de Madrid. El Madrid de mierda para los turistas y para la gente que no tiene ni puta idea de vivir, y el otro.

Ya no me da tiempo, mi vuelo sale a las 4 de la madrugada.

—Son las 9 y te quedan varias horas, te digo sólo un sitio y luego me dices. ¿Ves ese hotel de ahí? Sube hasta arriba y tómate un té mirando el atardecer.

¿Me acompañas?

—Claro.

Entonces Eli y yo subimos a aquel hotel y del hotel nos fuimos al ático del Corte Inglés de Callao y de ahí a las Cuevas del sésamo a escuchar el piano con una sangría y de ahí a escuchar la Guitarra en las cuevas de la calle Mayor con una tortilla y de ahí la llevé a un lugar tan secreto y tan especial por Antón Martín que no tenía ni rótulo ni nombre y prácticamente nadie sabía cómo entrar y, de ahí, ella me llevó conocer su cama.

Eli me dijo que Madrid ahora era su ciudad favorita del mundo y que no se lo podía ni imaginar y que era una pena que el 99 % de la gente nunca lo fuera a apreciar.

Al cabo de unos meses volvió a Madrid a estudiar y se tiró los siguientes años de su vida.

4 ó 5 horas de conocimiento correcto bastaron para mostrarle la belleza oculta a los ojos de la mayoría. A veces basta con un lugar. A veces basta con un «mira ahí».

A veces con un «prueba esto» es suficiente.

P.d.: Alberto flipó con la historia y dice que la usará para vender su siguiente taller en Madrid.

¿Qué taller?

elartedelostechos.com https://www.elartedelostechos.com

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