Esta mañana he salido de mi 14º retiro de meditación Vipassana de 10 días en silencio.
Hay algo que siempre le cuento a la gente sobre estos retiros: allí vas a conocer a las personas más variopintas que existen en el planeta. A las octavas más agudas. A la gente que te va a contar historias que en principio no creerás. Esas semillas que se ponen en tierra y explotan de vida.
Conocerás a un tío que ha venido en bici desde Madrid porque ha perdido el bus.
A otro que viene de hacerse el Kumano Kodo.
Conocerás a una chica que dejó la banca de inversión para hacerse profesora de Yoga.
Conocerás a un ucraniano de 65 años que vive en Bali y tiene una empresa de 400 empleados y su vida consiste en hacerse retiros y hacerse rico.
**The only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes “Awww! **
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**Jack Kerouac**
Ayer, cuando ya por fin se podía hablar, conocí a un francés de 31 años.
Me contaba cómo a los 15 años se iba a las tiendas de Nike a comprar ediciones limitadas y luego las revendía haciendo normalmente un x3 ó x4 y a veces un x10 y que ganaba a los 15 lo que yo ganaba a los 35.
Yo a los 15 años veía porno, bebía calimocho y jugaba al starcraft.
A los 20 años dejó derecho y se fue a viajar por el mundo mientras invertía en criptomonedas, luego volvió a París y se metió en la business school, luego se compró un pedazo de tierra en Zanzibar para construir bulgalows, luego tuvo una hija, luego
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**Were you scared about having your daughter?**
**No man, I´ve born for that.**
Con 31 años había vivido en Australia, India, Brazil, Tailandia, Portugal y unos cuantos países más, se había hecho millonario dos veces y lo había perdido casi todo, estaba montando un restaurante en Portugal, estaba
**Antonio, i am taking this meditation course because my mind is my business. I have to take care of my business.**
Lo cierto es que esta vez escuchaba al francés no con la envidia con la que solía escuchar antes a la gente que vivía muchas vidas en una porque ahora sólo me da envidia lo que sé que yo puedo hacer y no estoy haciendo. Sólo me da envidia lo feliz y en paz que yo podría ser y no estoy siendo. Parafraseando a Naval sólo me da envidia una mente en calma y una casa que me quiera.
Es decir, sólo tengo envidia de mí mismo en una versión mejorada.
Pero sí que, una vez más, su conversación me dio que pensar.
Me dio que pensar en otra conversación que tuve hace unas semanas con un amigo.
Una conversación que dolió tanto que por poco no nos pusimos a llorar los dos mientras caminábamos.
Hablábamos de que la sensación más angustiosa que puede experimentar un hombre es la SABER que no se está presentado a su propia vida.
Uno se presenta a la vida cuando sabe que tiene un examen dentro de un par de semanas y se lo estudia a consciencia intentando verdaderamente sacar una buena nota.
Si aprueba o no no es tan importante como si él se ha presentado o no. Si él lo ha intentado o no.
Le contaba a mi amigo cómo cuando yo era joven y abandoné los estudios lo hice sin presentarme si quiera a ellos. Sin haberlo intentado (aclaro aquí que hay un punto en la consciencia de un ser humano en la que NO se presenta a la vida no porque no quiere sino simplemente porque no puede. Porque la vida le supera. Porque su atención está en otro lado. Porque su mente está dormida y llena de tristeza ira depresión y agonía) y que no sentí apenas dolor cuando ocurrió todo eso porque, al no saber que tenía que presentarme, no me dolió. Al no estar siquiera en el juego, no sufrí al ser descalificado.
Ahora sé que eso ocurre porque afortunadamente el cerebro tiene un mecanismo de defensa que te protege de tu propia ignorancia, pero ese es otro tema.
Le decía sin embargo que ahora, a medida que iba haciéndome consciente de la vida y de que sabía que podía vivirla mejor de lo que hacía, de que podía presentarme a mi propia vida y que no siempre lo hacía, me dolía.
Me dolía mucho.
No te presentas a la vida cuando estás con tu mujer y sabes que deberías darle un abrazo o un masaje, pero no lo haces.
Cuando sabes que deberías llegar puntual a una cita, pero no lo haces.
Cuando sabes que deberías enfocarte más para ganar más dinero, pero no lo haces.
Cuando sabes que podrías crear 100 veces más de lo que creas, pero no lo haces.
Cuando sabes que podrías entrenar más, pero no lo haces.
Cuando sabes que podrías meditar más, pero no lo haces.
No te presentas a la vida cuando te gusta una persona, la tienes delante de ti, sabes que puedes decírselo, y no se lo dices.
No te presentas a la vida cuando queriéndote casar con tu mujer no se lo pides.
No te presentas a la vida cuando
Simplemente no te presentas a la vida cuando no experimentas aquello que está en tu camino experimentar y no lo haces por miedo, por pereza, por creer que mañana tendrás tiempo de hacerlo.
P.d.: en los próximos días esta newsletter empezará a ser de pago.
Si te unes nos vemos dentro.
Si no quiero decirte algo: ha sido un honor servirte hasta aquí.
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