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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

El salto desde la cabeza del león

Antonio Herrero Estévez · Sep 12, 2026 ·

11:42

Llega Indiana Jones a lo que parece un barranco infranqueable y entonces saca de su bolsillo un antiguo libro que dice así:

**Only in a leap from the lion’s head will he prove his worth.**

Indiana mira hacia el otro lado, ve que está demasiado lejos y piensa que es imposible.

Pero entonces se dice a sí mismo: es un salto de fe.

Y con los ojos bien abiertos da un gran paso hacia delante y el camino aparece bajo sus pies.

Sólo cuando él da una muestra de valor el camino se muestra.

¿Vale?

Tengo un amigo. Hace un tiempo, cuando le contaba que no sabía de dónde iba a sacar los 150 mil euros para pagar la finca y los cientos de miles de euros para construir la finca que tengo en mi cabeza, me dijo:

Si te sirve de consuelo yo dentro de 2 semanas necesito 500 mil euros —pues si no tendré un serio problema— y no tengo ni la más remota idea de dónde los voy a sacar.

Hizo unas llamadas.

Tuvo unas reuniones.

Lo consiguió.

Sólo en el salto desde la cabeza del león probará su valía.

El año pasado fui a un curso con Diego Dreyfus en las dolomitas italianas. Tenía unos pocos miles de euros en la cuenta y el curso y los transportes y lo que allí compré me iban a dejar a cero.

Justo al volver fue el mes de mi vida que más facturé.

Di un paso al frente con los ojos bien abiertos y según caía el camino fue apareciendo bajo mis pies.

Sólo en el salto desde la cabeza del león probará su valía.

Hace años estaba paseando por mi querida Chile.

Venía cansado tras horas caminando desde el Cerro San Cristobal y tras ver un atardecer tan rojo y tan morado y tan amarillo y tan bonito que me hizo tener más fe en la vida.

Entonces paso frente a un restaurante y por la ventana veo a una mujer escandalosamente guapa.

De esas que piensas joder se parece a Pocahontas pero no se lo voy a decir no vaya a ser que me tome por un fetichista asqueroso y luego en cuanto tienes ocasión se lo dices porque no puedes contenerte.

En mi primera época de Orangután (mis primeros 27-30 años de vida), siempre que veía a una mujer así simplemente la observaba unas décimas de segundo y luego seguía mi camino pensando que ni de coña querría algo conmigo y que el mero acto de intentarlo era absurdo.

Siempre veía a las mujeres que me atraían mucho como un barranco infranqueable.

Pero entonces empecé a disfrutar del salto desde la cabeza del león.

No tenía ni la más remota idea de qué iba a ocurrir a continuación (saber lo que va a ocurrir a continuación conlleva mucha consciencia y mucha práctica y mucha atención) pero eso era exactamente lo que quería descubrir.

Quería saltar, pues sabía, que en ese salto, estaba la vida.

Y sí, cuando te acercabas a ella a veces tartamudeabas.

A veces decías una gilipollez tan grande que sólo querías salir corriendo.

A veces el novio justo vuelve del baño cuando casi vas a establecer contacto y entonces te marcas un moonwalk a lo Michael Jacson.

A veces aparece el novio cuando ya estás hablando y os acabáis haciendo amigos.

A veces atisbas desde lejos un pin morado y dices amigo amigo corre por tu vida que aquí nos hemos equivocado.

Todo lo grande que he hecho en mi vida ha sido gracias a un salto de fe.

Este mismo texto que tú estás leyendo y yo estoy escribiendo, al empezarlo no sabía muy bien cómo iba a ser. Sólo tenía el título rondando por la cabeza desde hace un tiempo y entonces he dejado que los dedos se muevan.

Al moverse la historia sucede, el camino aparece, y yo cruzo al otro lado.

12:24

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