17:07
Me escribe una mujer.
Me encanta Antonio por tu filosofía de vida y te escucho y leo, pero el manual no me lo puedo permitir.
Tres días después vuelve a la carga.
Me lo pasó genial con tus palabras, pero el manual no me lo puedo permitir que pena!!
Vale, imagínate a un tío desnudo barbudo y con pelo de loco subido a una barquita navegando un río caudaloso.
Te hablo de un río de agua cristalina y pura y no de uno a las afueras de no sé pongamos un Madrid o un Fucushima.
Me refiero a un río decente, normal, natural, de los de siempre, de esos que circulan entre las montañas alejados de la gente, uno de esos lleno de vida y de movimientos sinoidales y de cangrejitos y de peces, ¿sabes de lo que te estoy hablando?
Vale, el tío lleva dos días sin beber y como ha escuchado tantas veces en las noticias que la gente muere a los tres pues cree que mañana con absoluta seguridad morirá de sed.
Me quedan 25 horas.
Te quedan 24.
Me quedan 23.
—Dice su mente—.
Lo que sí es cierto es que por momentos aprieta la sed y entonces piensa: necesito beber. Necesito beber. Necesito beber. ¿Dónde está el agua que me calme de una vez?
En una de esas y entre tanta agonía le entra un terrible sopor y se echa a dormir, y entonces, en lo profundo de sus pensamientos, allá dentro de sus sueños, se ve a sí mismo rodeado por montañas de oro, y con cara de pena y meciéndose de un lado a otro, con su camisa de fuerza y unas paredes y un suelo blanco alcolchado,…
se escucha susurrando algo así como:
no me lo puedo permitir, no me lo puedo permitir, no me lo puedo permitir.
Al rato suena un gran crack, la barquita se estrella contra una roca y plaf, el tío barbudo y con pelo de loco se cae al río.
Apenas es profundo y hace pie sin dificultad, pero con el susto y el mal despertar tiene miedo y empieza a chapotear.
Y mírale, ahí está él gritando como sólo grita quien sabe que va a morir, y en lugar de buscar el suelo o incluso dejarse fluir, lucha contra una corriente en un intento de llegar a una orilla y así poder respirar y quizás, sólo quizás,
sobrevivir.
Entre tanto chapoteo le entra agua en la boca, agua que de otra calmaría su sed, pero piensa que si no sale de un grifo en su casa o de una botella de plástico eso no se puede beber.
La escupe pero le entra más y entonces se atraganta y…
bueno, basta ya.
Vale, voy a contarte un secreto.
Todos, hasta que no desarrollamos una inquebrantable fe, somos ese hombre que, rodeados de agua, tenemos sed.
Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
Lucas 12:27
17:32
P.d.:
**One dad had a habit of saying I can’t afford it. The other dad forbade those words to be used. He insisted I ask, How can I afford it?**
**One is a statement, and the other is a question. One lets you off the hook, and the other forces you to think.**