9:59
Ayer me puse los pantalones de albañil.
Joder, hasta parecía un albañil.
Me creía de hecho un albañil.
Me creía tan albañil que iba sin camiseta porque no tengo camiseta de albañil, y como últimamente estoy entrenando bastante una señora pasó a mi lado mientras yo martilleaba la pared y se me quedó mirando como haciendo que no me miraba y yo pensaba señooooooora.
Hace 6 años que tengo mi casa y desde el día uno que entré había algo que me molestaba de ella. El contador de agua estaba dentro de casa y no fuera como Dios manda, así que cada par de meses o algo así venía un tío gigante a mi casa para leer el agua.
Y no es que me moleste que el tío gigante viniera a mi casa, lo que me molestaba es que viniera a mi casa porque yo no había hecho lo que tenía que hacer.
Me molestaba saber que si no sabes vivir la vida vive por ti.
Toma decisiones por ti.
A menudo te pone a un jefe cabrón y a una compañera loca para que reacciones.
Para que hagas algo con tu vida. Para que decidas. Para que te esfuerces, como decíamos ayer.
El miedo de todo ser humano es acabar en la cárcel y no poder elegir, y sin embargo casi todo ser humano está en una cárcel por elección o, mejor dicho, por falta de ella.
¿No quieres esforzarte? ¿No quieres superar tus miedos? ¿No quieres usar los talentos que has recibido para invertirlos y hacerlos crecer?
Pues toma jefe cabrón. Pues toma tío gigante que entra a tu casa cuando podría no hacerlo. Pues toma loca.
Yo ahora que sacas el tema afortunadamente he tenido unos cuantos jefes cabrones en mi vida.
Recuerdo que cuando tenía 22 años o así fui a trabajar a un lugar a tomar por culo de mi casa —cuanto más a tomar por culo de tu casa es un trabajo más te está avisando la vida de que no estás tomando las decisiones correctas—, y había una mujer que era aún más narcisista y psicópata que yo que hacía algo muy curioso.
Ella quería que absolutamente toda decisión pasara primero por ella, es decir, la mujer tenía unas ganas locas de que su empresa no ganara dinero de verdad.
Por entonces mi trabajo consistía en hacer unos diseños bastante horribles con textos de las páginas amarillas.
Cada nuevo trabajo venía en una carpetita amarilla y había una cesta con cientos de carpetitas amarillas.
En lugar de coger 5 ó 10 y llevármelas a mi mesa para ir haciéndolos a mi ritmo, la psicópata mujer en proceso de desarrollo quería que me levantara cada vez para coger una pero, eso sí, pidiéndole permiso primero a ella.
¿PUEDO COGER UNA CARPETITA?
Sí Antonio.
12 minutos 36 segundos después. ¿PUEDO COGER UNA CARPETITA?
Sí Antonio.
Yo lo hacía todo sin rechistar porque por entonces aún no tenía mucha alma, pero un día, no recuerdo por qué, la jefa me pidió que hiciera algo muy estúpido.
Algo que no tenía ningún sentido según yo.
Como si yo te dijera: limpia los cristales y luego llénalos de mierda y luego vuélvelos a limpiar, así hasta que se acabe tu turno.
No lo sé, creo que me lo dijo para demostrar quién mandaba ahí o algo así, por si no había quedado claro ya.
Entonces yo, que aunque no tenía mucha alma sí que había algo dentro de mí deseando tenerla, le dije que no iba a hacer eso.
Que eso lo podía hacer ella, si quería, pero que yo no hacía el gilipollas con mi vida.
Entonces ella me dijo, como sólo lo dicen aquellos que están en trabajos que odian rodeados de gente por las que se saben odiados, que no fuera insolente o algo así.
Que lo hiciera si quería seguir trabajando ahí o algo así.
Que yo no estaba ahí para decidir o algo así.
Que yo no estaba ahí para decir qué tiene sentido y qué no.
O algo así.
Entonces, como mi alma estaba pidiendo salir y como a veces el alma lo que pide es cabrearse, la mandé a tomar por culo.
Literalmente, quiero decir:
QUE TE DEN POR EL CULO, Susana.
Ahora me arrepiento de hablar así porque pocas cosas me molestan más que las palabrotas y afortunadamente ya no las digo, pero se lo dije, joder que si lo dije, ella se quedó completamente callada y roja tramando su venganza, todos los compañeros se quedaron en silencio flipando, y yo me fui a mi mesa a poner mis cosas en orden como cuando sabes que vas a morir y te da por ordenar tu habitación para que los bomberos o los forenses o quienes vengan a recoger tu cadáver piensen al menos que eras un tío medio decente.
Quedarían una o dos horas para que terminara mi horario, y como aún no tenía valor para simplemente irme a construir una vida de la que no quisiera huir, me quedé ahí sentado mirando el infinito sabiendo que eran los últimos minutos que pasaría ahí.
Recuerdo por cierto que cuando estaba sentado tenía una extraña mezcla de pensamientos.
Pensamientos de felicidad de soy un héroe por decir lo que pienso —casi por primera vez en mi vida—, pensamientos de mi padre tiene razón no sirvo para los trabajos debería hacer algo con mi vida me despiden de todas partes no encajo soy un desgraciado.
Pensamientos al fin y al cabo.
Y fíjate, eso me pasa por pensar tanto. Si actuara más en lugar de pensar, otro gallo cantaría. En el hacer encontrarás la libertad, me digo a mí mismo todos los días desde hace 15 años.
En fin, el caso es que dio la hora, me marché con la cabeza baja y el corazón un poquito más alto que cuando entré, y al día siguiente volví.
No me preguntes cómo tuve el valor y la cobardía de volver, pero volví.
Y cuando entré por la puerta a las 9 el jefe jefazo de la empresa con llavero de Mercedes me estaba esperando y me dijo con absoluto desprecio que pasara a su oficina.
Yo pasé, me dijo que firmara, literalmente me tiró 200 € o algo así encima de la mesa, yo no firmé y me puse a hablar.
**¿Te puedo contar algo?** —Le dije—.
Y cuando hablé, él, que creía que yo era una especie de delincuente de pelos largos pero sin cabeza o algo así, me escuchó sorprendido.
**Coño, pensaba que eras gilipollas**, decía su mirada.
Le conté lo que había pasado realmente.
Le conté que yo había venido a trabajar ahí para hacer lo máximo posible y para aportar lo máximo posible (en realidad eso era una mentira como un portaviones ruso porque por entonces era bastante vago y casi seguro hacía sólo lo que me pedían y poco más, no el doble o el triple o el cuádruple sin mirar atrás, como Dios manda) y no para que me marearan.
Pero bueno, que te lías lo que ocurrió en esa oficina es otra historia.
El caso es que ayer me puse el gorro metafóricamente hablando de albañil y me puse a hacer algo que no tenía ni la más remota idea de hacer y además me daba bastante miedo cagarla no fuera a ser que me cargue el sistema de agua de la casa.
Pero me puse a hacerlo porque si algo sé hoy es que da más miedo no hacer que hacerlo con miedo.
Y cuando llevaba como 15 minutos ahí picando y con la radial y con todo, alguien llama a la puerta.
Levanto la mirada como quien está a punto de presenciar a Dios y aparece mi vecino.
Mi querido vecino que ha trabajado toda su vida como albañil.
**¿Qué haces vecino? Qué tío. ¿Al final parece que ibas en serio con eso de ser albañil eh?**
**¿Te echo una mano?**
Y entonces yo, que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo pero aún así lo estaba haciendo, recibo ayuda inesperada, me guía un par de cosas, y acabo haciéndolo.
Es increíble cómo es la vida de curiosa, ¿no?
A menudo le pedimos a la vida flores.
**¡DAME FLORES!** —Dices tú—.
Y la vida no dice nada. Mantiene silencio. Callada.
**¡QUE ME DES FLORES JODER! ¡MEREZCO FLORES!**
Nada.
Pero un día, cuando ya te has cansado de pedir flores a la vida y quizás en un acto de sabiduría o desesperación, te da por plantar semillas.
Y entonces, justo entonces, en ese preciso instante, el proceso comienza y viene la ayuda y pasados los días o las semanas los meses empiezan a aparecer tímidamente al principio y a lo bestia después, tus ansiadas flores.
Flores que, por cierto, ahora ya no esperas. Simplemente las ves y las admiras, pero ya no las esperas. Ahora sólo esperas sembrar semillas. Te enamoras de sembrar semillas. Te enamoras del proceso. Del esfuerzo. Del hacer. Del crear. Del superarte.
De vencerte un día más.
Y entonces sí. La ayuda llega. La claridad llega. Pero ya no la esperas.
11:14
Pd.: existe un camino, diferente al que sigue la mayoría.
Es el camino de los Ricos y Libres.
Un camino poco transitado.
Un camino que, aunque al principio acojona pues es largo y sinuoso, cuando empiezas a dar pasos en él te acabas dando cuenta de que en realidad es el único camino posible y que donde estabas antes no era camino sino lo que algunos llaman con tristeza y desesperanza «destino».
Como si ellos no formaran parte de ello. Como si no tuvieran nada que decir. Como si el universo fuera una loca que te tuviera que decir cuándo mear. Cuándo vivir. Cuándo coger tu carpetita amarilla.
Y no. Ya no. No yo.
Retiro Ricos y Libres. 22º edición.
Reservas. https://www.ricosylibres.com/retiros/
600 € si reservas antes del domingo 10 de mayo a las 10 a.m.
650 € si reservas después.