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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

Así vende un hombre libre

Antonio Herrero Estévez · Sep 7, 2026 ·

El otro día vinieron unos viejos amigos a comer a casa.

Hacía años que no les veía.

Ella me contó como si nada que había denunciado a la empresa para la que trabajaba para que la hicieran fija y yo le pregunté qué opinaba la empresa de eso. Le dije que yo como empresario lo último que querría es tener a una persona que me está obligando a contratarla. Ella me dijo que no se lo habían tomado muy bien pero que el revuelo había sido menor del esperado.

Le pregunté por qué lo hizo.

Me respondió que porque era su derecho.

Vale, voy a contarte algo que no le conté a ella.

Este sistema está organizado de tal forma que no te das cuenta cuando te estás haciendo daño a ti mismo (ya no digo que estás haciendo daño a los demás, porque se entiende que una persona que es capaz de denunciar a otra para obligarla a contratarle no es ni remotamente consciente del daño que está causando y se entiende que no está ni siquiera capacitada para entenderlo, así que por eso centro mi discurso sólo en el daño que tú te haces a ti mismo).

Está pensado así para que te conviertas en un esclavo orgulloso de serlo.

Está pensando así para que seas tú el que construyas tu propia jaula, te metas dentro voluntariamente y tires la llave.

Y es que la sociedad que este tipo de gente (los que se llaman de izquierdas, los que se llaman comunistas, los que quieren que haya muchos impuestos porque curiosamente son los que menos impuestos pagan, los que piensa en lo «público» como si de algo mágico se tratase, los que no paran de exigir igualdad —pocas cosas inquietan más a un hombre libre que escuchar a un esclavo pidiendo «igualdad» por la fuerza—),

la sociedad que este tipo de gente está construyendo, digo, se basa en la fuerza y no en el poder. Usan la fuerza / violencia del estado porque ellos mismos no tienen poder personal.

Y si no entiendes la diferencia entre fuerza y poder te lo explico.

1) Un hombre gigante tiene a una mujer encerrada en su casa valiéndose sólo de su fuerza física. Ella no quiere estar ahí y si pudiera no estaría. La relación entre ambos no es de libertad y amor sino de miedo y tensión.

2) Un hombre vive felizmente con una mujer en su casa valiéndose de sus encantos, de su capacidad de trabajo, de su foco, de su amor por sí mismo, de su amor genuino por ella, de su empatía, de su delicadeza, de la conexión entre ambos, de las aspiraciones vitales de ambos, de la atención a los pequeños detalles a diario, de su atractivo físico que cuida con esmero, etc.

Ella quiere estar ahí y cada día de su vida lo decide así.

Y si algún día cambia de opinión lo hará porque como mujer libre que se respeta a sí misma quiere encontrar un estado interno y externo superior y entonces él lo único que hará es decirla «gracias por el camino compartido te deseo de corazón lo mejor».

El primero tiene fuerza. El segundo tiene poder. El primero usa la energía negativa (la que sustrae). El segundo usa la energía positiva (la que da).

La diferencia entre el poder y la fuerza es la diferencia entre un pájaro enjaulado y el encantador de pájaros que los atrae con sus encantos. Uno tiene fuerza. El otro tiene poder.

El problema de esto, como digo, es no saber que a la primera persona que haces daño usando la fuerza es a ti mismo, pues es imposible vivir en un estado interno de miedo y desesperación para una cosa y que esta no se extienda a todas las áreas de tu vida.

En problema de esto es que cuando usas la fuerza (propia o externa) para conseguir tus pobres y tristes objetivos te estás perdiendo lo mejor que una vida humana puede darte: verdadero amor, verdadera abundancia, verdadera libertad, verdadera igualdad.

Cuando usas la fuerza como medio de vida te conformas con la pocilga y jamás entrarás en la mansión. Cuando usas la fuerza jamás tendrás poder ni los beneficios que este conlleva. Cuando usas la fuerza jamás te sentarás en la mesa (durante mucho tiempo) de los hombres libres.

Cuando usas la fuerza y no tu poder jamás sabrás cuál es tu verdadero potencial y de aquello que eres capaz.

Una cosa más y acabo.

Mientras media España usa la fuerza para conseguir su pequeño sustento, mi libro de ventas favorito dice así «Cómo ser tan bueno en ventas que la gente te diga «gracias» por permitirles comprar».

¿Te das cuenta?

Existen dos formas de comprar y vender.

O mediante la fuerza o mediante el poder.

Por eso lo que un ser humano que se aprecia a sí mismo tiene que aprender es a relacionarse con hombres libres que quieran intercambiar voluntariamente su energía con él, y que al hacerlo y al pagarte sólo les quede decirte: gracias. Gracias por permitirme comprarte. Gracias por dejarme darte mi energía. Gracias por dejarme estar en tu vida. Gracias por estar en la mía.

Eso es todo.

P.d.: el domingo pasado Jordi Tena nos dio una masterclass sobre el arte de vender.

Varias personas dijeron literalmente «gracias es increíble estoy alucinando».

Yo dije al final: no puedo darte más que las gracias. Ha sido una maravilla todo. Desde el inicio. Me quito el sombrero. Sencillamente impresionante.

¿Sabes?

Hasta esa charla yo he vendido como hombre libre unos cuantos cientos de miles de euros, pero había una cosa muy evidente que estaba haciendo mal.

Y esa cosa, una vez más, sospecho que lo cambiará todo.

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