Ayer estaba en la cena de noche buena con mi familia y mi padre me pidió unas cuantas veces (quizás 6 ó 7 veces durante la cena) que le rellenara el vaso de agua.
Tenía la botella justo en enfrente, pero en lugar de cogerla y echarse agua él mismo como hace —casi— todo ser humano, me lo pedía a mí. Supongo que en su cabeza era mejor, más cómodo, más normal.
Cuando salimos del restaurante alguien me dijo
**—¿Cuántas veces te ha pedido le eches agua? Es acojonante, es que le era más fácil cogerla a él.**
**—Puede ser**—le respondí—
**, pero hace unos meses me leí una biografía de Nicola Tesla, ¿y sabes cuáles dice el libro que fueron sus últimas palabras antes de morir?**
****Mamá, ojalá pudiera acercarte el vaso de agua.****