Me escriben varias personas esta semana por la misma razón, a unas las contesto, a otras no.
¿La razón?
Unos empiezan pidiendo, otros dando.
Fíjate un ejemplo.
Una chica me dice:
**Hola, te acabo de conocer en el podcast de Charuca y me ha flipado, he ido a comprar tu Manual y está agotado, ¿dónde puedo comprarlo?**
Entonces la contesto inmediatamente, claro, diciendo que puede comprarlo en la librería Picasso porque aún queda una unidad, ella me contesta 5 minutos después diciendo que ya lo ha comprado y ambos seguimos viviendo.
¿Te das cuenta?
Ella me conoce y quiere empezar dando, no pidiendo. Percibe que lo que hago es bueno e inmediatamente me quiere dar su dinero para que yo le de el Manual.
Del mismo modo yo la he conocido a ella dando, no pidiendo. La he dado mi entrevista, la he dado mis vídeos en Instagram, las he dado mis emails por si le da por entrar.
Ambos empezamos dando, no pidiendo, y por eso nuestra relación puede funcionar.
¿Vale? Vale.
Por otro lado me escribió 5 veces un tío y no le contesté, claro.
Ese tío llevaba muchos meses leyendo mis emails pacientemente, sin actuar.
Le invité decenas de veces a que comprara mi Manual, no quiso comprar.
Le invito a que entre a la comunidad, no quiere entrar.
Le invito a que compre la agenda, el retiro, Polonia, no quiere accionar.
Le invité con información extraordinariamente valiosa (según yo) en más de 160 emails a mejorar su vida, y todo apunta a que no la quiso mejorar.
Yo quise entrar en su vida dando y él quiso entrar en mi vida demandando contestación y por eso nuestra relación no puede funcionar.
Frida Kahlo dijo algo curioso:
**Quiero que me regales flores, pero si te tengo que decir que las quiero ya no las quiero.**
Yo quiero que me compres, pero si me exiges que te conteste para que me compres ya no te quiero como cliente, ¿lo entiendes?
Cada email mío o cada entrevista o cada vídeo es como esa mujer guapa que te ofrece pedacitos de turrón en la calle Mayor.
Ella quiere entrar a tu vida dando, no pidiendo.
No te pide nada, sólo te da pedacitos de turrón.
Pedacitos de valor.
Lo único que espera de ti es que los disfrutes, y que si por un casual te gustan, que entres a la tienda y compres.
¿Pero qué pasa si tras ese pedacito de turrón entras a la tienda y empiezas a exigir?
¿Qué pasa si tienes la realidad en tu cabeza tan distorsionada que esperas que todos los trabajadores ahí dentro te hagan la ola al entrar?
Pues que las cosas se enrarecen. Pues que lo mismo llaman a seguridad. Pues que lo mismo te invitan a salir de la tienda y cerrar.
¿Quieres el mejor consejo que has escuchado en tu vida?
Empieza dando, no pidiendo.
La vida te lo pone extraordinariamente fácil para que actúes.
¿No quieres actuar?
Yo no puedo hacer nada, sólo esperar.