Me escribe una mujer y me pregunta extrañada por qué no puede ver mi Instagram.
Le respondo que es porque la he bloqueado, y le explico que lo hice porque en el pasado me escribía muchos mensajes pero no compraba y que eso no podía ser y que no era bueno ni para ella ni para nadie.
**Hola querida X,**
**estabas bloqueada en Instagram, sí. Era la época en la que me escribías mucho pero no comprabas nada, y eso no puede ser, no es bueno para ti, ni para nadie.**
**Ahora que vas abriendo el flujo de tu energía a los demás (o al menos a mí), mi energía puede fluir más libremente hacia ti.**
**Un abrazo**
Me responde que sí que me había comprado y que si no lo había hecho antes es porque tenía otras prioridades, lo siento.
**Si, he estado tiempo leyendo tus correos, encantada de la vida, y no te he comprado nada porque tenía otras prioridades, lo siento.**
**¡Hombre!**, me alegro que saques el tema de las prioridades y el lo siento, hablemos de ello.
Fíjate, mi hermano Luis tuvo una tienda física a pie de calle, y un día me contó que era acojonante lo que sufría cualquier vendedor de cualquier tienda porque el mundo está lleno de gente desocupada.
Me contaba que no pasa un día sin que entren varias personas a tu tienda para tratar de hablar contigo durante un buen rato porque no tienen otra cosa mejor que hacer.
Que entran y tocan todo.
Se pasean por ahí.
Te hacen preguntas sin sentido.
Me contaba que algunas personas lo hacen todos los días por costumbre. Salían a pasear, entraban en su tienda y pretendían que mi hermano dejara todo lo que tenía que hacer y se pusiera a hablar con ellos.
Decía que a veces tenía que ponerse violento y acompañar a las personas a la puerta (y que a veces ni así) porque las personas no entendían cuando el les explicaba cortésmente que estaba ocupado.
Recuerdo que cuando yo era pequeño era el típico niño odiable y tocapelotas (y tengo que confesar que aún me queda bastante de eso) que entraba a una tienda y preguntaba: ¿Cuánto cuestan 2 tronquitos? ¿Y si me llevo 3? ¿Y cuánto cuesta ese chicle? ¿Y el relleno? Joder 15 pesetas el relleno, ¿qué tiene, sangre de unicornio? ¿Y ese chupachups a qué sale? ¿Y a cómo anda la bolsa de risquetos buenhombre? ¿Oiga qué precio tienen los lacasitos? ¿Qué puedo comprar por 25 pesetas? No espera, tengo 30, ¿qué puedo comprar con 30? Un segundo, creo que he cambiado de idea, no quiero nada, mañana vuelvo. O sí, dame eso. No espera, y eso. ¿Cuánto has dicho que costaba un tronquito?
Tardé tantos años en salir de esa pesadilla —que me mantenía anclado a la pobreza como si de un imán se tratara— porque nadie me supo explicar, de forma que hasta yo lo entendiera, que actuar así está entre las cosas más estúpidas que puede hacer un niño, un joven o un hombre.
El rico, el hombre consciente, el hombre sabio, está constantemente calibrando la cantidad de energía que «roba» de otras personas.
Mide cada una de sus palabras porque sabe que cada segundo que alguien te está escuchando / leyendo es un segundo que estás tomando prestado de otro ser humano.
Por eso el rico lleva una cuenta mental constante entre lo que recibe y lo que da, entre lo que hace y lo que no, entre lo que pide y lo que ofrece.
El pobre no.
Al pobre se la sopla todo.
El pobre es capaz de entrar a tu tienda 10 veces en una semana para ver qué se cuece.
El pobre es capaz de enviarte 22 emails porque le apetece enviarte 22 emails, y no piensa ni por una décima de segundo si eso está bien o está mal, simplemente lo hace porque entre sus prioridades no están contempladas las prioridades de otros seres humanos —lo siento—.
El pobre vive constantemente en su mundo, sin saber que cada palabra suya, cada acción suya, cada movimiento suyo, cada pensamiento suyo, repercute en el resto del universo.
El rico sabe que el universo es como un banco energético donde no puedes sacar más energía de la que metes.
Si el rico entrega 0 unidades energéticas sabe que su vida peligra y que cualquier acción que realice la realizará desde la deuda energética y sabe que le mirarán con recelo.
Si el rico entrega 10 unidades energéticas se asegura de no pedir 11 pues sabe que estaría en deuda.
Para el rico cada segundo de su vida es un test, una prueba, una competición contra sí mismo, un baile con los demás. Se pregunta constantemente: ¿son mis palabras bien recibidas? ¿Tengo una audiencia preparada para escucharme? ¿Estoy obrando correctamente? ¿Mis palabras y mis acciones son verdad? ¿Son beneficiosas? ¿Son amables? ¿Son oportunas?
¿Tiene sentido decir esto?
¿Tiene sentido enviar este email?
¿Tiene sentido iniciar esta conversación?
¿Qué voy a lograr? ¿Qué puedo esperar?
El rico, el buen vendedor, el hombre consciente, sabe a ciencia cierta que cada ser humano tiene también —al igual que él— prioridades en su vida y sabe que, posiblemente, él no está entre ellas.
No por nada, sino porque es lógico.
No porque le odien, sino por qué habría de ser diferente.
El rico sabe que cada ser humano tiene un objetivo que cumplir ya sea consciente o inconscientemente, entonces, cuando él quiere algo de otra persona, antes de realizar ninguna acción, antes de soltar una palabra, se pregunta;
¿Qué tengo que hacer para que las prioridades de esta persona se alineen con las mías?
¿Qué tengo que hacer para que él valore lo que yo valoro?
—Escucha, escucha como si la vida te fuera en ello—:
**¿Cómo puedo priorizar a esta persona para que esta persona me priorice? **
Y es que así, exactamente así, priorizan los ricos.
Comunidad Ricos y Libres https://www.skool.com/ricosylibres/about?ref=cb80fa4b7a06420dbbd15f4392ecc7e5
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PD: Esta reflexión de hoy me ha llevado a pensar algo curioso según yo.
Si alguna vez queremos ir a un psicólogo debemos elegir al que más clientes tenga de nuestra ciudad.
¿Sabes por qué?
No, no es porque si tiene muchos clientes es el mejor.
Es porque al tener muchos clientes, al relacionarse con miles de personas, es decir,
**al ser un buen vendedor,** entiende la psicología humana de una forma que ni en diez carreras podría aprender.
Y recuerda:
**Ahora que vas abriendo el flujo de tu energía a los demás (o al menos a mí), mi energía puede fluir más libremente hacia ti.**