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Ricos y Libres

Por Antonio Herrero Estévez

El hombre autoconvencido

Antonio Herrero Estévez · Ago 25, 2026 ·

Todos los hombres se autoconvencen a sí mismos, pero unos se convencen de algo que les beneficia, que les eleva, que les sube de nivel, y otros lo hacen es su propia miseria, frustración y agonía.

Con 16 años o algo así me besé con una mujer y resulta que esa mujer fumaba.

Durante años, antes de ese beso, el mero hecho de pensar en besar a una mujer que fumaba me daba arcadas, me ponía enfermo, me daba un puto asco que no te lo crees, en cristiano.

Yo veía a otra gente fumando y besándose y pensaba que cómo podían hacerlo, que cómo era posible, que cómo les podía gustar, que qué clase de guarrería era esa, que cómo no se daban cuentan de que aquello estaba entre las cosas más desagradables que puede experimentar un ser humano.

Entonces me llegó mi turno de experimentar.

Ella me gustaba mucho y había sido durante dos años la hacedora de mis fantasías.

Una tarde fuimos a dar un paseo, nos sentamos en un banco y cuando nos íbamos a besar, justo justo tras ella fumar, mi cabeza empezó a pensar:

¿Pero no decías que te daba asco hombre de Dios?

¿Pero no decías que así no?

¿Pero no decías que esto no es para ti?

Pero entonces, como tiran más dos t

Pero entonces, como me gustaba mucho, la besé.

La besé apartando mis propios pensamientos de

**no hagas eso.**

La besé autoconvenciéndome que bueno, que no estaría tan mal, que si lo hacía tanta gente a mí también me podría gustar, que no tenía que ir por la vida siendo tan especialito, que uno se tenía que amoldar, que aunque raro al principio si insistía me podría acostumbrar, que el fin justificaba los medios, que un par de t que con sólo mirar tan de cerca los ojos que con tanto había soñado podría hacer una excepción, que lo importante era hacerlo, experimentar, participar en el juego de la vida.

Y entonces, tanto cuando nos besábamos como tras besarnos, dije:

¿pero qué esto?

¿pero qué clase de juego infernal se trae entre manos esta gente?

Una y no más, —me dije— y hasta hoy, 26 años más tarde.

Durante toda mi vida he visto cosas raras en la sociedad.

He visto cosas que conmigo no van.

Creo que ya te he contado que sobre los 20 años me fui a un lugar a trabajar y no sé qué le pasó a mi cerebro que no podía parar de bostezar.

Uno, tras otro, tras otro, tras otro, tras otro, bostezaba como el pez sacado del agua que pega bocanadas al aire porque se está apunto de ahogar.

Cada día que iba en el metro a ese lugar pensaba sin pensarlo que todo eso era una especie de broma de mal gusto, que eso de recorrerme medio Madrid para ir a un sitio que no quería ir era raro.

Pero curiosamente parecía que para el resto del mundo era como lo cotidiano, como lo normal.

Veía que la gente trataba incluso de encajar.

A algunos se les veía hasta disfrutar.

Y sí, ahora con los años lo entiendo. Comprendo que a su modo intentaban ser felices, que hacían lo que se supone que tenían que hacer para prosperar y que como todos hacían lo que podían,

**pero yo me pregunto:**

¿Estaban acallando una voz? ¿En sus pensamientos más íntimos sentían que eso no era vida? ¿Que eso era ridículo? ¿Estaban autoconvenciéndose de que era para ellos?

¿En su niñez soñaban con eso?

¿Soñaban con ir con los cascos en el metro escuchando música y mirando el móvil camino de un lugar al que no irían si pudieran elegir?

¿Soñaban con estar 8 horas en el mismo lugar, día tras día, tras día, tras día?

Ahora me pregunto: ¿Estaban escuchando el lenguaje de su cuerpo? ¿Estaban oyendo pero no escuchando las sensaciones corporales que a gritos les decían

**POR AQUÍ NO ES?**

Todo esto y mucho más, todo lo que no quería para mí, todo lo que no aceptaba como mi normalidad, fue mi razón para elegir lo que sí era para mí.

Fue mi razón para leer libros de desarrollo personal, mi razón para emprender, mi razón para viajar por el mundo sin fecha de regreso, mi razón para irme a la India, mi razón para preguntar incansablemente a personas más evolucionadas que yo, mi razón para ayunar, mi razón para meditar, mi razón para entrenar mi cuerpo, mi razón para irme a vivir a un pueblo, mi razón para buscar una finca apartada de todo, mi razón para aprender a vender, mi razón para aprender a crear, mi razón para aprender a vivir.

Me autoconvencí, como Epicteto, que es posible y justo vivir como un hombre que se perfecciona a sí mismo,

Y QUE TODO LO QUE PARA MÍ ERA LO MEJOR Y LO CORRECTO,

**DEBÍA SER UNA LEY QUE NO DEBE SER TRANSGREDIDA.**

Retiro Ricos y Libres.  https://www.ricosylibres.com/retiros/

12, 13, 14 diciembre

25 plazas. Quedan 3.

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