Voy a contar una historia que parece estúpida pero que no lo es.
Ayer estaba instalando una lámpara en casa.
Una de esas lámparas de Ikea que son muy bonitas por fuera pero que están fabricadas en China por 12 céntimos las mil unidades y que buenas lo que se dice buenas no son.
El caso es que me pongo tratar de conectar los cables de casa con los cables de la lámpara cuando me doy cuenta de que aquello es complicado.
Veo que han diseñado un sistema un tanto raro, su clema es una cajita que la tienes que abrir presionando unas diminutas pestañas, tienes que meter ahí los cables sólo Dios (y los chinos que lo fabricaron y los suecos que lo diseñaron) sabe cómo, tienes que cerrar la cajita otra vez y tienes que guardarla en un compartimento especial haciendo malabares para que entre.
Llevaba 5 minutos intentando hacer lo que ellos querían que hiciera cuando digo:
¿PERO QUÉ ESTOY HACIENDO CON MI VIDA?
Entonces corto los cables casi a ras, tiro por la ventana la cajita, voy en búsqueda de la cajita, la pisoteo, la prendo fuego, cojo una clema normal y corriente de la caja de herramientas, conecto los cables en 4 segundos y medio y bualá, se hizo la luz.
Al hacerlo me di cuenta, una vez más, que cada día de nuestra vida hacemos cosas porque otros tienen la intención de que las hagamos así y porque a nosotros no se nos ha ocurrido pensar que las podemos hacer de manera diferente.
Cada día de mi vida trato de preguntarme al despertar qué es lo mejor que puedo hacer hoy por mi vida, cómo puedo hacerlo de manera no necesariamente igual al día anterior, y cómo puedo hacerlo de la forma más inteligente posible.
A veces esa forma inteligente puede ser la que he aprendido de otros.
A menudo (si me quiero considerar un hombre libre, y es lo que quiero) esa forma inteligente debe ser la que creo (de crear) yo según mis necesidades.
Y cuanto más lo hago, cuanto más creo la forma que se adapta a mí, más libre me siento.
A veces es poner mi propia clema.
A veces es entrenar mi cuerpo de una forma que no he visto a nadie.
A veces es pensar cuál es la mejor figura fiscal que me conviene.
A veces es vender algo de una forma diferente.
A veces es sorprender a tu pareja con un «vámonos ahora mismo a dormir a este hotel».
Piénsalo.
Vas a un bar español normal y o pides Cocacola o pides Fanta (marca Cocacola) o pides cerveza o pides zumo o pides agua (a menudo de marca Cocacola), y yo digo:
¿ES QUE NO HAY MÁS BEBIDAS EN EL MUNDO?
Es que de las millones de millones de millones de posibilidades que existen para beber, ¿sólo puedo optar a 3 ó 4?
Cada vez que veo eso (y es casi siempre) me siento como atrapado en una vida diminuta que no es la mía.
Cuando te veas a ti mismo elegir entre dos o tres opciones en cualquier ámbito de tu vida ten por seguro que existe una intención detrás de alguien que quiera que elijas eso,
y ahí, justo ahí, es cuando tu entrenamiento de hombre libre comienza.