El problema y la virtud del ser humano es que siempre quiere tratar de comprenderlo todo.
Siempre traduce lo que ve a lo que ya conoce.
Siempre quiere sentirse importante, especial, sabio.
Si le hablo a una persona de ayunos, el 99 % de las veces me dice:
**Sí, sí, yo ya hago ayunos.**
Si le hablo a una persona de meditación, el 99 % de las veces me dice:
**Sí, sí, yo ya medito a mi manera.**
Y yo le digo: No, mira, te estoy hablando de una cosa muy concreta. Te estoy hablando de ESTO y no de esto.
**Sí sí, entiendo lo que quieres decir, porque yo una vez…**
Y no. No lo entiendes. No lo conoces.
Estás tan lleno de ruido que eres incapaz de escuchar.
Estás tan seguro de saber que eres incapaz de saber.
Vacía tu cántaro, decían los sabios.
Olvídate de lo que crees.
Cuando mires el manzano no pienses que es un manzano pues si lo haces no verás el manzano sino lo que tú crees que es un manzano, decía Krisnamurti.
Sólo obsérvalo.
Sin juicio.
Sin memoria. Sin pasado. Sin tú.
Cuando alguien te hable escucha.
No están hablando de ti, están hablando de ellos.
Sumérgete en la experiencia.
Intenta con todas las fuerzas que tengas el sentirte ignorante.
Esto es un juego muy sencillo: el primero en saber algo ha perdido.
El primero en ir a su pasado se ha perdido el presente.
Desde pequeño te han hecho creer que para ser sabio tienes que encontrar similitudes.
Es al contrario.
Para ser sabio tienes que encontrar las diferencias.
Si ya conoces el 99 % no te centres en él.
Busca el 1 % que desconoces y descubrirás que desconocías el 99 %.
En cada conversación pregúntate: ¿qué desconozco?
¿Qué trata de decirme?
¿Qué hay dentro de ese 1 % que no sé?
¿Qué hay en su experiencia que no hay en la mía?